Inversores huyen de protestas en Brasil

El descontento social provoca la venta masiva de bonos en los mercados de deuda y de valores; el Gobierno lanzó incentivos para detener la fuga, sin embargo la economía parece deteriorarse.
Dilma Rousseff  (Foto: CNN)
Cirus Sanati
FORTUNE -

Puede que las protestas masivas en Brasil se hayan aquietado, pero el descontento está lejos de terminar, como quedó demostrado por el gas lacrimógeno lanzado fuera del juego de futbol Brasil-España en Río de Janeiro.

La agitación amenaza con agravar una situación de por sí tensa en los inestables mercados financieros del país. Las protestas que surgieron el mes pasado en respuesta a un alza en las tarifas de autobús, está minando los intentos del Gobierno brasileño por aliviar una huida potencialmente desastrosa de capital extranjero a medida que los inversores se alejan de los mercados emergentes.

Si el Gobierno no actúa rápidamente para hacer frente a las quejas de la inquieta y frustrada población ni demuestra a la comunidad inversora que está comprometido con el gasto público responsable, entonces el país podría estar sentando las bases para una grave desaceleración económica.

Los brasileños rara vez arman problemas. Han atravesado dictaduras, Gobiernos corruptos y rudos cambios económicos sin mucha disidencia popular. De hecho, éste fue, después de todo, el último país occidental en prohibir la esclavitud, y no se produjo debido a un levantamiento popular masivo, sino que simplemente sucedió porque ya que era hora.

Desarrollo

Sin embargo, Brasil ha cambiado dramáticamente en los últimos años. Los brasileños, que ahora suman casi 200 millones, son más ricos y educados que en cualquier momento en la corta historia de la nación. Un sorprendente 20% de la población, unos 40 millones de personas, han salido de la pobreza en la última década. Al mismo tiempo, la matrícula de educación superior se ha duplicado y la tasa de alfabetización de la nación entre los jóvenes ahora supera el 97%.

Todo esto es bueno para los oídos de los inversionistas. Una población más rica y educada por lo general conduce a un repunte en el gasto dentro del país en una gran variedad de servicios y activos. Esto crea una espiral de crecimiento económico en la que los inversores pueden obtener retornos saludables a través de una variedad de mercados.

Por lo tanto, con una abundancia de recursos naturales explotables y un sector de servicios en crecimiento, Brasil fue el mercado emergente favorito de muchos inversores, especialmente aquellos concentrados en la renta fija, que podían estacionar su efectivo con facilidad y obtener rendimientos que excedían por mucho lo que podían recibir en Europa o incluso en Estados Unidos.

Además, como una democracia legítima con un sistema legal más o menos competente, Brasil también ofreció seguridad a los inversores contra el riesgo político, una rareza entre las economías de mercados emergentes. Brasil fue tan popular que la inversión extranjera directa se mantuvo estable en alrededor de 65,000 millones de dólares desde 2011 hasta 2012 a pesar de que el crecimiento económico del país se ha estancado. La esperanza era que Brasil se recuperará.

Pero en vez de repuntar, la economía de Brasil simplemente parece estar empeorando. Las agencias de calificación crediticia Moody's y S&P degradaron a Brasil el mes pasado después de que la administración de Dilma Rousseff dijera que esperaba una desaceleración en el crecimiento económico. Los operadores de deuda pública brasileña dicen a Fortune que esto está causando una importante salida de capitales de los mercados de renta fija de Brasil. Así, los bonos brasileños denominados en dólares han caído cerca de 8% en el segundo trimestre de este año, el declive más grande en un solo trimestre desde 2002, según un análisis realizado por Bloomberg.

Hay un par de cosas sucediendo aquí. En primer lugar, en los últimos dos meses ha habido una masiva liquidación de deuda de los mercados emergentes realizada por inversores desde Wall Street a Londres. Lo que comenzó como un goteo de ventas se ha convertido desde entonces en una estampida hacia las salidas, con los mercados de deuda en todo el espectro de los mercados emergentes recibiendo una paliza, especialmente Brasil.

En segundo lugar, la desbandada fue exacerbada por la Reserva Federal de Estados Unidos, que señaló el mes pasado que podría estar dispuesta a subir las tasas de interés en un futuro no muy lejano. La promesa de tasas más altas y, por lo tanto, rendimientos potencialmente más altos en las inversiones estadounidenses, lograron atraer a los inversores desde los mercados emergentes, de vuelta a Estados Unidos

Alerta

El ministerio de Hacienda de Brasil ha entrado rápidamente en acción para prevenir la hemorragia de capital extranjero de los mercados de deuda y valores de la nación. En primer lugar, eliminó un impuesto de 6% que los extranjeros tenían que pagar para invertir en bonos locales brasileños. El impuesto, lanzado por el Gobierno en 2010 para supuestamente evitar cambios bruscos en la moneda brasileña, nivela ahora el campo de juego y debería atraer a nuevos inversores. Además, recientemente recortó un impuesto del 1% sobre los derivados de divisas en un intento por aumentar el valor del real brasileño.

Normalmente, estas acciones habrían sido suficientes para por lo menos estabilizar la venta masiva. Los inversores que habían dudado en entrar en los mercados brasileños, debido al "impuesto a los extranjeros" habrían saltado a ellos en el segundo en que escucharon la noticia de que el impuesto era historia. Pero, esta vez, los cambios fiscales no han sido suficientes para atraer de nuevo a los inversores. Eso es debido a lo que está pasando en las calles de las mayores ciudades de Brasil: protestas y disturbios.

A los gestores de fondos que habían permanecido con Brasil durante la reciente desbandada del mercado ahora les resultará aún más difícil hacerlo con millones de brasileños en la calle, cerrando puertos, creando embotellamientos de tráfico, y asustando al Gobierno.

Crisis social

Lo que comenzó como indignación contra el alza a las tarifas de transporte (las cuales desde entonces han sido revertidas) ahora se ha convertido en una protesta por todo realizada por todos sin un líder o agenda claros. Entre las decenas de causas por las que la gente está protestando se encuentran: los costos del transporte, los derechos de los indígenas nativos, el gasto público en la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de Verano 2016, la corrupción en los gobiernos estatales y locales, y un proyecto de ley en el Congreso brasileño que autorizaría a los psicólogos tratar de "curar" a los homosexuales.

Hasta ahora, el Gobierno de Rousseff ha fracasado miserablemente en contener las protestas, muchas de las cuales han llegado a ser violentas y caóticas. Por ejemplo, el fin de semana, manifestantes encapuchados armados con destornilladores y resorteras provocaron incendios y atacaron a la Policía afuera del partido de futbol de la Copa Confederaciones en Río de Janeiro. Fue una terrible vergüenza para el Gobierno.

Entonces, ¿Qué debe hacer? Con tantas causas diferentes y sin un verdadero liderazgo, parece imposible conseguir el control. Pero todas comparten una raíz común: la corrupción y la mala gestión en Brasilia. La nueva clase media está simplemente harta de la infraestructura de mala calidad, su terrible sistema de salud, impuestos superaltos y la mediocre educación.

El monedero del Gobierno sigue creciendo gracias a la bonanza económica, pero no ha logrado reinvertir ese dinero de una manera productiva. De hecho, los 40 millones de personas que consiguieron sacarse a ellos mismos de la pobreza lo hicieron debido a un aumento de los precios de las materias primas que ayudó a impulsar un auge en el sector servicios. La administración federal hizo muy poco o nada para favorecer el desarrollo el auge y mantuvo los impuestos sobre la renta en torno al 40%, que es, por mucho, la tasa impositiva más alta para una economía de mercado emergente.

Está claro que el Gobierno brasileño necesita una gran reforma. Para empezar, la presidenta podría enviar una muestra de buena voluntad a los manifestantes al reorganizar su gabinete y despedir a los ministros que no han logrado cumplir. También podría crear un plan de acción que aborde todas las causas y exponga ideas sobre la manera de abordar los problemas.

También debe explicar al pueblo brasileño que las protestas, aunque son comprensiblemente válidas hasta cierto punto, podrían estar sentando las bases para que el país sufra un gran golpe económico. Los operadores de bonos desde Lisboa hasta Sao Paulo dicen a Fortune que tienen miedo de saltar de nuevo hacia los mercados de deuda brasileños debido a la incertidumbre en torno a las protestas. La inversión extranjera directa el año pasado en Brasil fue de alrededor de 65,000 millones de dólares, pero parece destinada a hundirse seriamente en las semanas por venir.

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Las protestas en Brasil no van a desaparecer sin algunas medidas preventivas tomadas por el Gobierno para demostrar que "comprende". Hasta ahora, el plan de acción habitual del gobierno brasileño, de no hacer nada y esperar a que las cosas se resuelvan, no está funcionando.

El Gobierno tiene que ver las protestas como parte de una revolución social más amplia y debe llegar a las raíces del problema. Los inversionistas esperarán al margen hasta que vean que Brasilia está haciendo un esfuerzo verdadero y concertado para acabar con la corrupción y gobernar de una manera apropiada para la séptima economía más grande del mundo.

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