La ‘guerra de divisas’ está muerta

Los países emergentes temían que el estímulo de la Fed dañara sus monedas, lo que no ha sucedido; en cambio, algunas economías han llegado a depender del programa que está cerca de reducirse.
divisas  (Foto: Getty)
Nin-Hai Tseng

No hace mucho tiempo, los líderes de las economías emergentes pensaban que las políticas de dinero fácil de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) encaminadas a recuperar la salud económica estadounidense también podrían destruir al resto del mundo. Pero a medida que la economía de esa nación mejora gradualmente, algunos países ahora temen que el estímulo de la Fed pueda estar llegando a su fin.

Esto dice mucho acerca del experimento más grande en política monetaria de la Fed desde la Gran Depresión, pero también pone de manifiesto que no importa lo que haga la institución, algunos banqueros centrales no estarán contentos.

El presidente de la Fed, Ben Bernanke, sorprendió a los mercados en mayo cuando dijo que la institución podría desacelerar sus compras mensuales de activos por 85,000 millones de dólares si la economía sigue mejorando. Eso es una condición muy amplia, considerando que el desempleo, aunque ha mejorado, sigue siendo relativamente alto. Y si el mercado laboral repentinamente vuelve a dar problemas, la Reserva Federal podría aumentar sus compras mensuales de bonos, como Bernanke reiteró este miércoles.

Los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos han aumentado considerablemente en las últimas semanas a medida que los inversores huyen del mercado.

Sin embargo, no son los únicos que están reaccionando a lo grande: el martes pasado, el ministro de Finanzas de Corea del Sur advirtió que las economías emergentes podrían verse obligadas a reducir las importaciones de Estados Unidos si la Fed no tiene cuidado al concluir la flexibilización cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés). Esto tiene sentido si el valor del dólar estadounidense se eleva, como ha sucedido desde hace varios meses y es probable que continúe, lo que sea que Estados Unidos venda al resto del mundo se volverá más caro.

No obstante, lo sorprendente es lo rápido que ha cambiado el tono. Un año atrás, los exportadores de los mercados emergentes seguían luchando contra los crecientes tipos de cambio. En 2010, Brasil culpó a los responsables políticos de Occidente, en particular a Estados Unidos, de desatar una "guerra de divisas" inundando el mundo con dinero barato. Se pensaba que el valor del dólar estadounidense caería en una espiral descendente y provocaría que las monedas de los mercados emergentes subieran a niveles que harían más caras las exportaciones y menos competitivos a los países.

Tres años más tarde, las guerras de divisas que advirtieron el ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega, y otros no han surgido. La devaluación generalizada no provocó una catástrofe económica global. Y ahora, gran parte del dinero que los inversionistas vertieron en las economías emergentes después del inicio de la QE de la Fed está ahora abandonando a esos países a la espera del fin del programa. La semana pasada, Turquía endureció las políticas en un esfuerzo por sacar a la lira de sus mínimos históricos. No sería de extrañar que otras economías siguieran su ejemplo.

Y al contrario de lo que algunos habían pensado, la QE no ha destruido el dólar estadounidense. Después de más de una década de declive, el dólar ha subido 7% desde fines de 2011 y es probable que el aumento continúe si la economía mejora aún más.

Corea del Sur puede preocuparse por una caída de las importaciones de Estados Unidos, pero esas preocupaciones dicen mucho acerca de la forma en que las economías emergentes han llegado no solo a aceptar, sino también a depender de la QE.

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"Se suponía que la QE fortalecería la economía de Estados Unidos", dice James Wilcox, profesor de la Haas School of Business de la Universidad de Berkeley. "Con más ingresos personales en Estados Unidos, compraríamos más coches japoneses, carne hidratada de América Latina y así sucesivamente. Eso ayudaría a las exportaciones a lo largo de las economías emergentes".

Así que, pese a lo mucho que las economías emergentes han criticado a la QE, es más difícil para ellas imaginar cómo sus exportaciones podrían crecer sin ella.

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