La debilidad económica atrapa a EU

Tras la recesión, el PIB del país ha tenido una recuperación decepcionante, dice Shawn Tully; para impulsar su crecimiento, EU debe enfocarse en factores como la energía y una ley migratoria.
Shawn Tully

Una cosa maravillosa de Estados Unidos es que, después de cada crisis, la economía inevitablemente recupera su vieja y formidable trayectoria de crecimiento.

En los buenos tiempos el país expande su producción más rápidamente que cualquier otra nación desarrollada. Ese sólido desempeño en los largos periodos entre las recesiones es con lo que los estadounidenses cuentan para elevar constantemente su nivel de vida, y lo que ellos consideran normal.

Estados Unidos en este momento, sin embargo, se enfrenta a un futuro de expectativas disminuidas no visto desde la segunda Guerra Mundial. A menos que las empresas y el Gobierno tomen medidas extraordinarias y temerarias, la economía está destinada a generar un crecimiento lento que es más de un tercio menor que en el pasado.

Ese escenario sofocará los ingresos, presionará las ganancias corporativas y los precios de las acciones, debilitará los ingresos fiscales necesarios para apoyar a las crecientes filas de jubilados y reducirá los ahorros que los estadounidenses necesitan para comprar casas y enviar a sus hijos a la universidad.

El gran debate económico se enfoca en la política de la Fed: cómo encontrar el nivel adecuado de estímulo monetario para impulsar la débil recuperación, pero sin causar otros problemas.

El mayor debate, sin embargo, se ha centrado en cómo calibrar los programas de Gobierno con el fin de reducir la brecha de ingresos que cada vez es mayor.

Pese a todo este debate, los responsables políticos están ignorando el desafío histórico: asegurarse de que la economía en general crezca rápidamente para que los beneficios lleguen a todos los electores, desde los asalariados y los beneficiarios de Medicare hasta los inversores.

Necesitamos alentar un aumento en la inversión de capital privado y disparar ganancias en la productividad. Para hacer eso, primero tenemos que racionalizar y rediseñar las regulaciones y revisar nuestro obsoleto código de inmigración para dar la bienvenida a millones de inmigrantes calificados. ¡Estados Unidos, es momento de ser realistas!

A veces, por supuesto, necesitamos un buen susto para hacernos pensar de forma realista acerca de nuestras circunstancias: una severa advertencia acerca de nuestro nivel de colesterol o de presión arterial para hacernos cambiar nuestra dieta y comenzar a hacer ejercicio. Bueno, aquí está: un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés), titulado: What Accounts for the Slow Growth of the Economy After the Recession? (¿A que se debe el lento crecimiento de la economía después de la recesión?)

Ese informe fue publicado en noviembre y de alguna manera quedó fuera del radar público. Eso es lamentable, porque el estudio de la CBO muestra con gran detalle lo que todos sabemos -o deberíamos saber- ya: lo decepcionante que esta recuperación ha sido. En los tres años siguientes al fin de la recesión, desde mediados de 2009 hasta mediados de 2012, la economía creció menos de 7% en total, nueve notables puntos porcentuales por debajo del aumento promedio de 16% en recuperaciones anteriores. Según la CBO, ese decepcionante registro tiene dos explicaciones.

La primera es temporal: un descenso "cíclico" causado por varias cosas, desde un trauma constante por el colapso inmobiliario y un débil gasto de los consumidores hasta la austeridad fiscal.

La segunda es mucho más grave y representa un cambio radical desde el pasado: una reducción estructural y de largo plazo en nuestra capacidad de crecimiento. En pocas palabras, se trata de una falta de expansión en el número de personas en edad de trabajar y en inversión de capital, las dos fuerzas principales que impulsan a la economía. Eso está dañando a la economía ahora y la dañará aún más en el futuro al inhibir la capacidad de la economía para crecer cuando las cosas mejoren, que es la fuerza tradicional del país.

El pronóstico de la CBO: Estados Unidos ya no está destinado a crecer cuando el ciclo económico cambie.

La Oficina traza una distinción esencial entre el actual débil desempeño de la economía y, lo más importante, su potencial de expansión en el futuro. El crecimiento del PIB "potencial" se refiere al ritmo que Estados Unidos debe lograr cuando el ciclo inevitablemente mejore, cuando el empleo vuelva a los niveles normales y el gasto del consumidor se recupere.

El tamaño de este potencial depende de dos factores principales: el número de personas en la fuerza laboral y la productividad de la economía (la cantidad que esos trabajadores y máquinas despliegan, que son capaces de producir). La productividad, a su vez, depende de cuánto y cuán inteligentemente gastan las empresas en nuevas plantas y computadoras, y cuán competente y capacitado demuestre estar el personal para hacer más coches, piezas de aviones y software en cada hora en el trabajo.

Tanto la tibia perspectiva demográfica como el mediocre panorama productivo están imponiendo severos límites sobre el potencial de Estados Unidos. Considera a la posibilidad de población en edad laboral del país, que está creciendo a 2.3% al año, la mitad del ritmo de 5% en recuperaciones anteriores. ¿Y esos 71 millones de baby boomers que engrosaron las nóminas durante décadas? Sí, están retirándose en masa. Y el número de mujeres que ingresan a la fuerza laboral, otro importante catalizador, también se ha estancado.

Por el lado de la productividad, las empresas están mostrando más cautela que confianza en estos días. No están invirtiendo ni cercanamente la misma cantidad ni están consiguiendo los aumentos en producción por hora que lograban en recuperaciones anteriores.

Entonces, ¿cuán dañinas serán las nuevas tendencias demográficas y de productividad? Podríamos no tener una idea clara durante un tiempo. La CBO estima que desde 1950 hasta la década de 2000, EU tuvo una tasa de crecimiento potencial de más de 3%, y en la mayoría de los periodos, logró alcanzarlo. Y de hecho la Oficina prevé que, a partir de 2014, la nación se expandirá a más de un 3% a tasa anual durante algunos años más.

A partir de 2019, el PIB se expandirá poco más de 2%, según concluyó la CBO en un informe separado, publicado en febrero. Eso es alrededor de 1.5 puntos porcentuales por debajo del promedio en tiempos relativamente favorables.

Francamente, el mayor problema que enfrenta a los responsables políticos y a los estrategas de negocios, es cambiar ese destino. Tenemos que rechazar la "nueva normalidad" y acercarnos mucho más a la economía en la que los estadounidenses han confiado, una que crezca alrededor de 3.5%.

Las soluciones

Un excelente estudio del grupo de consultoría McKinsey, Game Changers: Five Opportunities for U.S. Growth and Renewal (Agentes de cambio: Cinco oportunidades para el crecimiento y la renovación estadounidense), proporciona un plan convincente de cómo el país puede restablecer una sólida trayectoria de crecimiento. Las soluciones están enfocadas en movilizar masivamente la inversión privada, en lugar de recibir pesadas dosis de subsidios.

Al centro del estudio se encuentran cinco "agentes de cambio", áreas en las que la nación puede generar un crecimiento extremadamente rápido, siempre y cuando los políticos frenen esas largas y costosas redes reguladoras que envuelven a muchas empresas.

La energía. Desde 2007, Estados Unidos ha aumentado la producción de petróleo de esquisto o shale oil en 50% al año, elevando la producción de 3 pies cúbicos por día a 24,000 millones de pies cúbicos. Al mismo tiempo, el precio ha caído de 12 dólares a 4 dólares por millón de BTU.

El gas natural es una materia prima para la producción de fertilizantes, petroquímicos, hierro, acero y papel. Está haciendo a Estados Unidos altamente competitivo en costos en todas esas industrias. Por ejemplo, Severstal North America, de propiedad rusa, es ahora el mayor productor de acero en EE.UU. principalmente debido a los costos de producción sumamente favorables. El estudio aboga por reducir la burocracia y los costos regulatorios que mantienen en espera nuevos proyectos prometedores.

El comercio. Para crecer a tasas históricas, Estados Unidos debe conseguir una participación sustancial en los mercados mundiales. En los últimos años, lo opuesto ha sido la norma. El déficit comercial de Estados Unidos de bienes manufacturados ha crecido de 6,000 millones de dólares en la década de 1990 hasta 270,000 millones de dólares el año pasado. Compramos muchos más automóviles, productos químicos, computadoras, equipos médicos y aparatos que vendemos a otras naciones, y el panorama es cada vez peor. No tiene por qué ser así: las exportaciones aeroespaciales de Estados Unidos se han duplicado desde 2009, y la revolución del gas de esquisto o shale gas está convirtiendo a Estados Unidos en un gran exportador de productos petroquímicos, un excelente ejemplo de cómo un agente de cambio puede impulsar a otro.

McKinsey alaba las iniciativas como SelectUSA que proporcionan una "ventanilla única" para las empresas extranjeras que buscan producir en el país. Otro gran catalizador del crecimiento, si somos capaces de unir las voluntades, serían las radicales reformas a los impuestos corporativos que bajarán las tasas a cambio de ampliar la base; un esfuerzo que puede ayudar a atraer de vuelta la producción desde los paraísos fiscales extranjeros.

Los big data ('grandes datos'). Para restaurar una tasa de crecimiento constante de más del 3% en la economía estadounidense tendremos que acelerar el crecimiento de la productividad en 30% en 2020. Los "grandes datos" tienen el potencial de mejorar las ventas por hora en el sector minorista, al pronosticar con precisión el tráfico por tienda en diferentes momentos para que el número adecuado de personal de ventas esté siempre presente.

Se puede impulsar la producción manufacturera con la ayuda de sensores en equipos que afinen el mantenimiento preventivo. En el sector del cuidado de la salud, los grupos médicos pueden aprovechar los registros médicos para hacer seguimientos de los pacientes con diabetes tipo 2 y para trabajar con ellos para gestionar activamente sus medicamentos y su dieta. Eso no solo ayudaría a los pacientes, sino también reduciría los costos de salud corporativos.

La infraestructura es la más controvertida. La consultoría aboga por elevar el gasto en infraestructura en un punto del PIB durante los próximos ocho años, un aumento previsto de hasta 180,000 millones de dólares. En efecto, una porción de esa cifra está destinada a aumentar debido a los oleoductos y las refinerías necesarias para dar soporte a la explosión del shale oil, siempre y cuando las onerosas regulaciones no se interpongan en el camino.

La zona más tensa es el gasto en carreteras, túneles, plantas de agua y similares. Es interesante que durante todo el debate sobre la "inversión" en infraestructura por parte de los políticos, la cantidad total que el Gobierno gasta en el capital social de la nación se redujo en 60,000 millones de dólares entre 2011 y mediados de 2013. Está claro que la nación está subinvirtiendo de manera crónica en su infraestructura, mientras que los estadounidenses pierden el tiempo en el tráfico y esperando anticuados trenes suburbanos.

La fuerza laboral. Tenemos que reinventar la política de inmigración. El estudio aboga correctamente por elevar en gran medida la cantidad de visas que se otorgan cada año a médicos, ingenieros, programadores y otras personas bien educadas que buscan trabajar en Estados Unidos.

Es un tema que el Congreso enfrenta hoy en día y es principalmente una cuestión económica: si queremos crecer rápidamente, necesitaremos mucho más inmigrantes. La consultora también señala el descenso en las filas de adultos bien educados. Hoy en día solo el 41% de los estadounidenses de entre 25 y 34 años de edad tiene un título universitario. La nación actualmente clasifica en el sitio 16 bajo esta categoría, por detrás de Japón (56%), Irlanda (48%) y Reino Unido (45%). Para este autor, la mejor solución es alentar las escuelas especializadas y las escuelas particulares subvencionadas con un historial probado de dar a los estudiantes de preparatoria las herramientas y el deseo de llegar a la universidad.

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Como el estudio indica, el principal empuje debe provenir del sector privado. El papel del Gobierno debería ser reformar los reglamentos y la política fiscal para crear el mejor entorno posible para la inversión y las iniciativas empresariales.

No, podría no puede suceder. Pero el país ya ha desafiado antes las probabilidades, al seguir los fundamentos, mientras que Japón y otros rivales han perdido su camino. La mejor opción es simple... Porque realmente no tenemos opción en absoluto.

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