El hombre que luchó vs la crisis de EU

EU necesita reformas fiscales, sociales y de migración para evitar otra debacle: Hank Paulson; el exsecretario del Tesoro dice que Fannie Mae y Freddie Mac aún pueden detonar otra crisis.
paulson  (Foto: Getty)
Katie Benner
FORTUNE -

Para conmemorar el quinto aniversario de la crisis financiera en Estados Unidos, el exsecretario del Departamento del Tesoro, Hank Paulson ha escrito un nuevo prólogo a su libro de memorias On the Brink, que hace una crónica de los oscuros días de 2008.

Como jefe del Tesoro, Paulson, ahora de 67 años, tuvo la heroica tarea de salvar el sistema bancario mundial cuando los problemas en el mercado hipotecario de alto riesgo (subprime) enviaron olas de pérdidas hacia los confines más lejanos de los sectores financieros.

Para evitar el Armagedón financiero tuvo que conseguir el apoyo bipartidista para los radicales planes de rescate que incluían la toma de control de los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac y el Programa de Alivio para Activos en Problemas conocido (im)popularmente como TARP, por sus siglas en inglés.

Negociar las ofertas de rescate con Washington D.C. fue una verdadera hazaña, considerando lo amargas que se habían vuelto las relaciones entre los demócratas y los republicanos.

Apenas dos meses antes de que Lehman Brothers se acogiera al capítulo 11 de bancarrota, la presidenta demócrata de la Cámara, Nancy Pelosi, describió al entonces presidente George W. Bush como "un fracaso total" que utilizaba las críticas del Congreso para desviar la atención del hecho de que "no tenía ideas". Cuando Lehman se fue a la quiebra, el caos se convirtió en una gran espina para los dos candidatos presidenciales en ese entonces, Barack Obama y John McCain.

En medio de este cargado clima político, Paulson luchó para mantener a los políticos enfocados en el rescate del sistema bancario. El exdirector de Goldman Sachs dobló una rodilla y le suplicó a Pelosi que apoyara el TARP. En sus memorias, menciona haberse enfermado más de una vez a medida que la política frenaba su capacidad para actuar, incluso mientras la debacle de Wall Street ganaba fuerza.

Recordando aquellos días y meses después del 15 de septiembre de 2008, Paulson dijo a Fortune que estaba tremendamente frustrado con el Congreso porque "era tan obvio para mí que estábamos al borde de la catástrofe". Pero da crédito a los legisladores por dar amplias facultades al Tesoro, no una sino dos veces. "Ahora entiendo que requirió de un gran coraje político entre los miembros de ambos partidos para actuar en contra de sus propios intereses y para que el Congreso actuara tan rápido como lo hizo".

En una entrevista que abarca varios temas, el exfuncionario aborda el papel que la política jugó en el rescate financiero y la recuperación actual, los grandes riesgos planteados por Fannie y Freddie, y lo que todavía tiene que suceder para evitar otra catástrofe en el sistema financiero global.

¿Cuál era el estado de ánimo en Washington D.C. cuando llegaste al Tesoro en 2006?

El ambiente político era venenoso, especialmente entre el Gobierno y los demócratas. Estaba preocupado por esa fisura antes de aceptar el trabajo -el cual me ofrecieron tres veces antes de convencerme de aceptarlo- y entré en el entendimiento de que yo no sería partidista y podría contratar personal para el Tesoro independientemente de la afiliación política de la persona.

¿Crees que los políticos habrían tomado medidas para evitar una crisis sistémica si hubieran entendido los riesgos o habrían necesitado la amenaza de otra Gran Depresión para obligarlos a encontrar soluciones bipartidistas?

Se requirió de una catástrofe casi total para que el Congreso actuara. Cuando Ben Bernanke y yo fuimos al Congreso para pedir la aprobación de TARP, Barney Frank dijo en nuestra primera reunión que iba a ser políticamente difícil de aprobar. Consiguiéramos o no la aprobación, la economía igualmente iba a caer, y ningún político recibe crédito por evitar un desastre que el público nunca ve.

Pero ese bipartidismo también sucedió porque se había hecho mucho por construir las relaciones antes de la crisis. Se había desarrollado una relación de confianza mutua con el presidente Bush; así que cuando llegó el momento él recurrió a mí como su general en tiempos de guerra y estuvo dispuesto a tomar decisiones difíciles aunque fueran impopulares. Tuve la suerte de trabajar un año antes de la llegada de la crisis con miembros de ambos partidos para que hicieran las cosas, de la misma manera en que lo hubiera hecho con los clientes en Goldman.

¿Ese estancamiento partidista está frenando la recuperación económica y dañando el crecimiento?

Creo que sí. El crecimiento económico sigue siendo lento y el desempleo alto. Esto se debe en parte a que estamos lidiando con una inquietante tendencia a largo plazo de disminución de la competitividad económica. Incluso en la burbuja de 10 años desde 1997 hasta 2007, el ingreso familiar promedio se mantuvo plano cuando los estadounidenses estaban endeudándose a niveles históricamente altos y tomando niveles insostenibles de pasivos para mantener un nivel de vida imposible de costear.

Lo que se necesita para restaurar la competitividad económica y obtener un crecimiento superior al 3% al año es tener una reforma bipartidista en áreas como los sistemas de asistencia social, la política de inmigración y el código fiscal para que podamos obtener los ingresos que necesitamos y crear empleos.

En ausencia de otra crisis, ¿qué tiene que ocurrir para que el Congreso aborde la reforma económica de una manera constructiva?

Las reformas que necesitamos desesperadamente sólo ocurrirán si el Gobierno y los miembros del Congreso de ambos partidos están dispuestos a hacer concesiones.

El presidente Bush me animó a hacer concesiones para llegar a acuerdos. El proyecto de ley de estímulos se estructuró como un crédito fiscal reembolsable, que es un anatema para los republicanos, pero hicimos estos arreglos para que pudiera ser aprobado.

Empezamos a trabajar con la reforma de Fannie y Freddie a finales de 2006 y el presidente Bush me autorizó a romper filas con algunos de los más acérrimos republicanos -que estaban en gran parte en lo correcto respecto a sus puntos de vista sobre las empresas patrocinadas por la administración- porque insistían en reformas que simplemente no podían hacerse. Es mejor ceder y obtener algunas cosas importantes en lugar de aferrarse a las opiniones ideológicas y no conseguir nada real en absoluto.

¿Por qué ha sido tan difícil reformar a Fannie Mae y Freddie Mac?

Ambas son una gran parte de la estructura de incentivos que aquellos con intereses particulares quieren proteger, junto con los programas de vivienda federal y de deducciones fiscales sobre intereses hipotecarios. Estos incluyen a propietarios, agentes inmobiliarios, constructores e inversionistas.

Los activistas en bonos también tienen un deseo de statu quo. Cuando intervenimos para poner a las government-sponsored enterprises (GSE o empresas dependientes del Gobierno) bajo tutela, había 5.4 billones de dólares en títulos de Fannie y Freddie en posiciones a nivel mundial -1.7 billones estaban en posesión de bancos centrales en todo el mundo y 3.4 billones de dólares estaban en posiciones en Estados Unidos-, donde fluían como el agua a través de nuestro sistema financiero.

Bancos comunitarios, fondos de pensiones y de inversión mantenían títulos de GSE. A pesar de que no había ninguna garantía explícita de la administración, eran tratados casi como el equivalente de los títulos de deuda del Tesoro.

Imagina que la subasta (de los GSE) hubiera fallado y cómo habría afectado la confianza en sus títulos una caída en los precios. Era impensable. Afortunadamente fuimos capaces de estabilizar a las hipotecarias antes de que Lehman se desbaratara. Eso fue esencial. Las GSE eran nueve veces más grandes que Lehman.

¿Cómo reformar las GSE?

Tenemos que trabajar hacia un sistema en el que los subsidios del Gobierno no establezcan los términos del mercado. Tenemos que limitar drásticamente las misiones de las GSE, no solo al eliminar su capacidad de mantener hipotecas sino limitando las que pueden garantizar. Es posible hacer esto al condicionar la misión a los compradores de vivienda de primera vez, por el tamaño de la hipoteca que Fannie y Freddie pueden respaldar, por los ingresos del prestatario o por todo lo anterior.

Lo más importante: necesitamos asegurarnos de que no haya una garantía implícita de respaldo del Gobierno sobre la deuda corporativa de las hipotecarias.

¿Qué pasa si nada cambia en Fannie y Freddie?

Sin la disciplina de un mercado privado corremos el riesgo de crear otra burbuja inmobiliaria especulativa, lo que de nuevo resultaría en enormes pérdidas y dificultades económicas cuando estallara.

¿Crees que los bancos deben ser divididos?

Ahora hay una creciente concentración en el sistema financiero. Pero hoy en día los grandes bancos están mejor regulados, mejor capitalizados, y tienen un mejor manejo del riesgo. Estoy muy a favor de la propuesta de la Fed de que las entidades financieras más grandes tengan mayores requerimientos de capital.

Un gran capital y las reservas de liquidez son nuestra mejor defensa contra la quiebra. Es importante destacar que, gracias a la Ley Dodd-Frank, los reguladores tienen ahora una autoridad de resolución que les da las herramientas para liquidar a cualquier institución financiera que caiga en bancarrota.

En este momento tenemos mayores problemas por resolver que los bancos, los cuales incluyen a las hipotecarias y al sistema bancario en la sombra; es decir, los fondos del mercado financiero global y en el mercado de repos (acuerdos de recompra), que proporcionan financiamiento mayorista a corto plazo a empresas industriales y entidades financieras.

¿Qué hace al papel de secretario del Tesoro tan importante?

Cuando entré subestimé lo mucho que podía hacer para lograr una diferencia cada día.

Siempre hay alguna cuestión económica en algún lado, y el papel del secretario debe servir como el principal asesor y portavoz de los asuntos económicos nacionales e internacionales.

El mundo de hoy está caracterizado por una creciente integración económica y por una casi segura inestabilidad económica y política. Todos los sectores, desde el medio ambiente y el comercio, hasta los asuntos de seguridad nacional, tienen un componente económico.

¿Qué hiciste después de que saliste de Washington?

Volví a Chicago, donde pasé la mayor parte de mi carrera. Mi familia ha mantenido un hogar y nuestra residencia permanente junto a la casa de mi mamá. Una de las razones por las que quería trabajar en Goldman Sachs fue porque la empresa tenía una gran oficina en Chicago.

Estoy trabajando con el organismo Nature Conservancy que he creado, y he presido el Latin American Conservation Council, que está compuesto por líderes empresariales y gubernamentales de Estados Unidos y América Latina que trabajan en los principales desafíos de la conservación en Centro y Sudamérica.

Además, estoy creando el Paulson Institute, una organización sin fines de lucro con sede en la Universidad de Chicago, que se enfoca en las relaciones entre Estados Unidos y China, con un gran énfasis en el desarrollo económico sustentable.

El instituto es un centro de estudios que actúa. Nuestros programas proporcionan apoyo a los alcaldes chinos en cuestiones como la eficiencia energética y el desarrollo sustentable, a los presidentes ejecutivos chinos acerca del liderazgo ejecutivo responsable, a la inversión entre Estados Unidos y China y a la conservación, en particular de los pantanos costeros chinos.

¿Por qué enfocarse en China?

Uno de los grandes fenómenos económicos de los próximos 20 a 30 años se registrará cuando 250 millones de chinos se desplacen de los pueblos a las ciudades. Esa migración generará consecuencias económicas y ambientales globales.

También estoy escribiendo un libro sobre el país asiático, que debe salir a mediados del año que viene. Se enfoca en mis 25 años de trabajo en ese país. Se llama Dealing with China. Es una narrativa de 20 años de lograr que las cosas se hagan como banquero de inversión, como secretario del Tesoro y como defensor del medio ambiente.

¿Cómo definirías tu legado?

Otros definirán mi legado. Estoy contento de haber establecido un diálogo económico estratégico con el país rojo, que ayudó a restablecer las relaciones de Estados Unidos con el país.

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Estoy orgulloso de la forma en que respondimos a una crisis financiera sin precedentes, trabajando dentro de un sistema normativo obsoleto, dividido, sin las autoridades necesarias. Trabajamos dentro de la rama ejecutiva y con los demócratas y republicanos para poner en marcha programas de estabilización del mercado de capitales que lograron evitar el desastre y fueron continuados en el siguiente Gobierno.

La mayoría de los programas del mercado de capital que la administración de Obama necesitó ya existían, y ellos se las arreglaron y los adaptaron muy bien.

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