Un año de ridículos del Congreso de EU

El pleito político marcó el trabajo de los legisladores en temas trascendentes, dice Jeanne Sahadi; el cierre de la administración, algo que pudo haberse evitado, es uno de los ejemplos más claros.
capitol3  (Foto: Getty)
Jeanne Sahadi
NUEVA YORK -

Documentos secretos, maniobras cobardes, estrategias dilatorias y giros hipócritas de 180 grados.

Los congresistas de Estados Unidos desde hace varios años se han resistido a jugar con la baraja completa en lo que respecta al presupuesto, pero se las ingeniaron para inventar algunas jugadas verdaderamente extrañas en el ámbito fiscal en 2013.

1. ¿Explicar cómo reformaríamos el código tributario? No ante la opinión pública... no lo divulgaremos por décadas.

Ningún legislador quiere pasar a la historia con una propuesta políticamente impopular en antelación a una larga y complicada negociación.

¿Pero mantener en la confidencialidad este tipo de propuestas durante 50 años, por más tiempo del que se guardan a la luz pública los registros presidenciales? Eso ya es mucho.

Sin embargo, eso es el tipo de silencio que la Comisión de Finanzas del Senado ofreció a los senadores que aceptaron exponer sus exenciones fiscales preferidas.

Y de todos modos, como pintan las cosas en el Capitolio, la reforma fiscal tal vez no se dé antes del 31 de diciembre de 2064.

2. ¿Levantarse y votar sobre el techo de la deuda? No, gracias.

Elevar el techo de la deuda es un mal necesario si los legisladores quieren cumplir con sus compromisos de gasto y no quieren que el país incurra en impago de su deuda. Pero también es un voto políticamente tóxico.

Así que el Congreso ha encontrado mecanismos ingeniosos y enrevesados para elevar el límite de endeudamiento de la nación sin tener que aprobar públicamente un aumento.

En dos ocasiones este año los legisladores acordaron "suspender" temporalmente el techo de la deuda. Al hacerlo, le permitieron al Departamento del Tesoro continuar tomando prestado para pagar las cuentas del país, evitando así un default o impago. Luego, cuando termina la suspensión, el límite de la deuda se restablece al antiguo tope más lo que el Tesoro tomó prestado durante el periodo de suspensión.

La última suspensión expira el 7 de febrero.

No nos extrañe que los legisladores usen el mismo truco de nuevo en 2014.

3. ¡Recortes generalizados al gasto! ¡Oh, no! Espera, aquí no, aquí tampoco...

Se suponía que los recortes presupuestarios forzados conocidos como "el secuestro" -ampliamente ridiculizados como una manera tonta para reducir el déficit- debían de aplicarse a miles de programas, proyectos y actividades gubernamentales por igual. Así se prometía, hasta que realmente entraron en vigor.

La licencia laboral aplicada a 15,000 controladores aéreos causó todo tipo de retrasos en los aeropuertos, indignación pública y mucha cobertura mediática. Así que los legisladores dieron un giro radical de postura y relajaron las normas de financiación a fin de que las licencias laborales pudieran ser canceladas. Pero dejaron sin cambios la mayor parte del resto de los recortes estipulados en el "secuestro", para el enojo de los más directamente afectados por él.

4. Cierra el Gobierno cuando no consigues lo que quieres. Luego permite que abra después de no conseguir lo que quieres.

Una facción de conservadores en la Cámara baja y el Senado, incitada por grupos externos e ignorando el consejo de muchos en el Partido Republicano, obligó a un cierre parcial del Gobierno (government shutdown) por 16 días en el mes de octubre.

¿Por qué? Pedían la derogación de la reforma sanitaria Obamacare. Y si no podía ser derogada, querían retrasarla.

Ninguna de las dos cosas iba a suceder. Eso estaba claro para todos, incluso para quienes apoyaban la estrategia de cierre. Sin embargo, persistieron.

Como resultado, cientos de miles de trabajadores federales fueron suspendidos, hubo contribuyentes afectados, proyectos y servicios atrasados y legisladores de ambos partidos indignados.

Para rematar, el Congreso al final también votó en favor de pagar el sueldo a los trabajadores suspendidos, pues ellos no provocaron el cierre. Esa tal vez fue la decisión correcta pensando en los trabajadores, que no tenían por qué sufrir el costo de toda esa palabrería política. Pero no nos engañemos, todo el ejercicio fue una pérdida de dinero de los contribuyentes.

5. ¡Oh, mira! El congreso vota para hacer algo inaudito: su trabajo.

El acuerdo que el Congreso estadounidense finalmente aprobó para reanudar las actividades del Gobierno también exigió que los legisladores hicieran el trabajo para el cual fueron elegidos: negociar un presupuesto.

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Cumpliendo con la más baja de las expectativas, los negociadores elegidos improvisaron un acuerdo que ayudará a prevenir enfrentamientos presupuestarios durante al menos otro año y medio y que reemplazará parte de los recortes del secuestro para 2014 y 2015.

Eso es mejor que nada, pero tampoco es para lanzar vítores. El acuerdo aún dejaría en vigor la mayor parte del "secuestro", no cambia nada en el frente de las prestaciones sociales o la reforma tributaria y deja abierta la posibilidad de otra pugna por el techo de la deuda, algo que los negociadores tenían prohibido considerar en sus deliberaciones.

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