Emergentes, ¿vacunados ante una crisis?

A diferencia de 1997, estos países actualmente tienen más controles a la salida masiva de capital; aunque algunas economías padezcan problemas serios, la crisis que viven es sólo de confianza.
mercados emergentes  (Foto: Getty)
Cyrus Sanati

La reciente turbulencia financiera que golpea a los mercados emergentes ha evocado recuerdos de la crisis financiera asiática de 1997. Los comentarios acerca de contagio, colapsos económicos, e impagos de China ha logrado asustar al de por sí nervioso Wall Street, haciendo que muchos inversionistas simplemente abandonen sus participaciones en mercados emergentes y corran en busca de cobertura, empeorando aún más la difícil situación. Pero esto no es 1997 de nuevo, y cualquier crisis que se esté gestando actualmente será muy diferente a lo que sucedió en aquel entonces.

Hoy en día, los mercados de países emergentes tienen políticas monetarias más sofisticadas y mayores reservas de capital, lo que les permite defender mejor su moneda ante ataques especulativos. Aunque algunos países se ahogarán, como Argentina, la gran mayoría será capaz de mantener la cabeza fuera del agua.

Ha sido un mes duro para los mercados estadounidenses; el S&P 500 ha caído alrededor de 3.6%. Pero ha sido especialmente difícil para los mercados emergentes: el índice MSCI EM ha caído 7.1%. Debido a esto, existe una creciente preocupación entre los inversionistas de que lo que está sucediendo en los mercados emergentes pueda empeorar y de que, si no actúan con suficiente rapidez, su dinero podría desaparecer.

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Aunque algunos inversores están huyendo con rapidez, parece que la gran mayoría se mantiene firme. Es cierto que la caída en el índice MSCI EM es preocupante, pero muchos la habían previsto debido al actual cambio de paradigma en la economía mundial. Europa está ahora (para bien o para mal) en modo de recuperación total, mientras que Estados Unidos está creciendo a su ritmo más rápido en años.

Esto ha causado que los inversores saquen su dinero de los mercados emergentes y lo lleven de nuevo a los mercados desarrollados. Se espera que la tendencia continúe a medida que la Reserva Federal de Estados Unidos reduce sus compras de bonos en el mercado abierto, lo cual provocará que las tasas de interés de Estados Unidos aumenten con el tiempo.

En medio de este reajuste normal y cíclico de los flujos de capital, algunos países de mercados emergentes han experimentado caídas anormalmente bruscas en el valor de sus mercados, sus monedas, o ambos. Entre los más afectados se encuentran Argentina, China, Turquía, Ucrania y Sudáfrica.

Entonces, ¿qué tienen en común todos estos países? Casi nada, excepto que todos ellos son considerados mercados emergentes. Debido a esta dispersión aparentemente aleatoria de la enfermedad económica en todo el mundo, algunos inversores están preocupados de que nos encontremos en medio de un contagio económico total destinado a infectar a todos los países de mercados emergentes a intervalos aleatorios.

Es comprensible que algunos comparen lo que está sucediendo hoy en día con la crisis financiera asiática de 1997. En aquel entonces, la devaluación forzada del baht tailandés provocó una cascada de impagos a lo largo de Asia.

La crisis se resolvió finalmente a través de importantes cambios en las políticas monetarias de los países afectados y de inyecciones masivas de capital (rescates) del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Hay un debate en curso acerca de cuál era la mejor manera de resolver esa crisis (la austeridad forzada por el FMI como condición para otorgar fondos ha sido muy criticada). La situación se estabilizó sin causar daños permanentes a la región o a los mercados desarrollados.

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Pero hay una serie de diferencias clave entre la crisis económica de Asia y la caída actual de los mercados emergentes. En 1997, había poco avance en materia de controles de capital destinados a limitar la entrada y salida masiva del capital especulativo en una economía.

Las economías del sudeste asiático pensaban que serían las preferidas del paisaje económico durante años y permitieron que el dinero fluyera sin cesar desde Occidente y Medio Oriente. Esto condujo a una especulación masiva, que incluyó una burbuja inmobiliaria de proporciones inmensas. Las enormes torres Petronas, que en 1998 se convirtieron en los edificios más altos del mundo, sirven como un monumento a la especulación.

La crisis actual tiene poco que ver con el capital especulativo que está abandonando los países de mercados emergentes. De hecho, Argentina -que podría decirse que es la zona cero de la crisis actual- ha sufrido de una escasez de inversión extranjera desde que incumplió con el pago de su deuda externa en 2002. La expropiación de YPF, la empresa de energía que antes era de propiedad estatal, por la española Repsol en 2011 consolidó la idea de que Argentina no es el lugar más seguro para invertir el dinero.

En Ucrania y Sudáfrica, hay una escasez de inversión extranjera; y no encontrarás ningún mega rascacielos en construcción en Estambul, Turquía. En cuanto a China, aunque sin duda existe una burbuja inmobiliaria especulativa en algunas regiones, el dinero y el financiamiento provienen principalmente de fuentes nacionales, no extranjeras. Además, los estrictos controles de capital han impedido que el dinero sea sacado del país.

Durante la crisis financiera asiática, los insostenibles tipos de cambio fijo colapsaron. El baht tailandés y el ringgit de Malasia estaban ligados al dólar estadounidense bajo un tipo de cambio fijo. La estabilidad superficial que esta paridad creaba en sus monedas alimentó auges especulativos. Pero cuando Estados Unidos comenzó a subir las tasas de interés a finales de 1990, la paridad comenzó a afectar a las economías exportadoras asiáticas.

A medida que sus exportaciones cayeron, también lo hizo su reserva de dólares, dejando a estas economías vulnerables ante los especuladores. Tailandia se vio obligada a abandonar su paridad con el dólar y devaluar el baht, lo cual causó una gran cantidad de problemas, sobre todo para las empresas tailandesas que habían pedido prestado dinero en monedas extranjeras.

Hoy en día, son muy pocos los países de mercados emergentes que mantienen paridades con el dólar, así que tienen una mayor capacidad de responder a los cambios en el entorno monetario. China es la gran excepción, con su rígida paridad de 6.8 yuanes por dólar estadounidense. Pero el país mantiene la mayor provisión de reservas en moneda extranjera en el mundo, de alrededor de 3.7 billones de dólares, lo cual le permite contrarrestar cualquier ataque contra su moneda.

Al igual que China, la mayoría de los países de mercados emergentes han aprendido de la crisis de 1997 y han acumulado reservas considerables para defenderse de ataques especulativos contra sus monedas.

Una notable excepción es Argentina, que, debido a la escasez de inversión extranjera en el país, junto con sus límites artificiales de precios sobre una variedad de artículos, desde alimentos hasta energía, provocó que su saldo de reservas de divisas se redujera a la mitad en el último año. Con sólo 30,000 millones de dólares restantes, el país se vio obligado a devaluar el peso en 15% la semana pasada. Pero, debido a que no hay mucha inversión extranjera en Argentina en estos días, es poco probable que esto tenga un impacto importante sobre la economía mundial.

Es casi seguro que Brasil, el mayor socio comercial de Argentina, sentirá algún daño a medida que los argentinos se ven obligados a frenar su consumo de bienes extranjeros, pero no será demasiado doloroso para Brasil debido a la diversidad de su economía.

No nos engañemos, todavía tenemos un problema importante. Sin embargo, parece ser más una crisis de confianza que una de los fundamentos del mercado. Claro, es probable que haya una burbuja inmobiliaria en China, y sí, la intervención del Estado para apuntalar productos financieros inestables, como los valores fiduciarios, es claramente un problema. Pero, por ahora, parece que China tiene las cosas bajo control. Su moneda está protegida y sus menguantes cifras de exportación deberían repuntar este año a medida que Europa se recupera de la recesión.

Mientras tanto, la economía de Argentina necesita ser reorganizada y la desorganización política en Ucrania y Turquía son un mal necesario para asegurar un cambio democrático adecuado. Pero otros países de mercados emergentes, como India, no están sufriendo de ninguno de estos problemas y se espera que crezcan frenéticamente este año. Así que, si bien no es el mejor momento para los mercados emergentes, difícilmente es el fin del mundo.

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