La Fed está en un dilema por el empleo

El Banco deberá preguntarse si seguir retirando estímulos ante la pobre generación de trabajos; Estados Unidos cerró en enero su peor bimestre en creación de empleo desde inicios de 2011.
yellen  (Foto: CNN)
Stephen Gandel
FORTUNE -

La Reserva Federal estadounidense está con la espalda contra la pared.

Janet Yellen, quien asumió la titularidad de la Fed a principios de este mes, heredó un Banco Central que lleva dos meses disminuyendo sus compras de bonos y tiene toda la intención de seguir reduciéndolas. Pero ante el débil dato del empleo en enero (apenas se crearon 113,000 empleos), es un buen momento para preguntar si la Fed debería continuar con esta reducción.

La opinión generalizada era ignorar la débil cifra de empleos generados en diciembre. Lo achacaban al clima.

Pero no puede decirse lo mismo respecto a enero. Los sectores que normalmente se ven afectados por el clima, como la construcción, añadieron contrataciones.

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Y el número de personas que dijeron no poder llegar al trabajo por culpa del clima fue en realidad más bajo que un enero promedio. Según mis cálculos, si ajustamos al clima el número de empleos en enero, en realidad Estados Unidos perdió 84,000 puestos de trabajo, lo que lo convertiría en el peor mes desde mediados de 2010.

Es más, incluso si nos quedamos con las cifras oficiales del empleo, acabamos de tener el peor bimestre  desde enero de 2011, y recordemos que la Fed ya había lanzado para entonces la segunda ronda de estímulo conocida como QE2.

Si el ritmo de crecimiento del empleo no es ahora más fuerte de lo que era entonces, difícilmente podemos anunciar misión cumplida.

El hecho de que el crédito bancario se mantenga débil es una señal más de la necesidad de mayor estímulo monetario. La recuperación del mercado de la vivienda también parece haberse estancado, aunque eso podría atribuirse legítimamente a las condiciones meteorológicas.

Los argumentos en contra del estímulo

El principal argumento contra la continuidad de la flexibilización cuantitativa (QE) y a favor de la reducción gradual del estímulo era que las bajísimas tasas de interés estaban generando burbujas.

Sin embargo, las burbujas que le preocupaban a la Fed parecen haberse desinflado.

Las acciones bursátiles han retrocedido y el mercado, medido según el S&P 500, tiene un ratio precio-ganancias de 19, comparado con las ganancias del año pasado. Ese múltiplo es históricamente alto, pero no está en un territorio de burbuja.

La emisión de bonos basura ha bajado este año respecto al anterior. Y los préstamos hipotecarios se han estancado en los últimos meses. Pero incluso antes, la mayoría de los préstamos eran de refinanciación, no para la compra de nueva vivienda. Por tanto, no se ven signos de exceso de préstamos. Y es realmente difícil tener burbujas sin exceso de préstamos.

La única burbuja que puede preocupar a la Fed es el mercado de bonos del Tesoro. Pero los precios de los bonos han comenzado a subir de nuevo, aun cuando la Reserva Federal ha disminuido el estímulo. Así que reducir las compras de bonos no ha ayudado a desinflar esa burbuja.

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Otro argumento es que la QE no está funcionando. Pero, aparte del mercado laboral, hay señales de que la economía estadounidense está mejorando.

En el último trimestre, el PIB creció 3.2%, después de crecer 4.3% en el tercer trimestre de 2013. Y parece que la QE ayudó también al mercado accionario. No está claro por qué ese crecimiento no se traduce en creación de empleo, pero tampoco está claro que eso sea culpa de la Reserva Federal.

La última razón que aduce la gente para que la Fed continúe la reducción de las compras es que, de no hacerlo, perjudicará el mercado. El mercado detesta la incertidumbre. Y la Fed ha trazado planes claros sobre cuándo y cómo va instrumentar la reducción. Si los altera, el mercado tendrá una reacción negativa. Y si el mercado sufre una gran caída, eso seguramente dañaría la confianza en la economía estadounidense.

El problema con este argumento es que la Fed ya ha perdido mucha credibilidad ante los ojos del mercado. Eso ocurrió el año pasado cuando Bernanke señaló que la reducción iniciaría en septiembre, pero luego la postergó hasta diciembre. Y no hay nada que indique que el mercado está dispuesto a volver a creer en la Fed.

El mes pasado, el mercado accionario cayó luego de que la Fed anunció que continuaría la disminución de las compras de bonos. Claramente, los inversionistas no habían creído hasta ese momento que la Fed iba a seguir adelante con su plan.

Los argumentos a favor

Por otro lado, la inflación es tan baja que algunas personas están preocupadas por el riesgo de deflación, otra señal de que hay pocas razones para que la Fed retire las políticas que mantienen las tasas bajas.

Mucha gente está diciendo que la Fed necesita un nuevo indicador para medir el mercado de trabajo. Lo que en realidad está pasando es que el indicador de desempleo no sirve, no aporta datos inequívocos.

Si sumamos a la ecuación todas las personas que han abandonado la búsqueda de empleo y dejaron la fuerza laboral, la tasa de desempleo debería estar por encima del 10%. Pero al menos algunas de esas personas, tal vez muchas de ellas, son baby boomers. Así que no sabemos a ciencia cierta cuán errada está esa tasa oficial de desempleo de 6.6% en enero.

¿Cómo decidir cuántas personas incluir de esas que dejaron de buscar empleo? Otra opción, respaldada por el economista Ken Rogoff, es que la Fed se centre en el PIB. Pero de nuevo, ¿qué objetivo fijar? Un 3% parece razonable, y en este momento estamos por encima de eso, y una vez más, parece que pocas personas encuentran trabajo.

Este enero, el empleo creció apenas la mitad de lo que creció en enero de 2013, que a su vez tuvo un crecimiento inferior en un tercio al de enero de 2012.

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Pregunta a las personas que acaban de perder su seguro de desempleo. Es evidente para casi todo el mundo que la economía está débil. Alguien tiene que decírselo a la Reserva Federal.

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