Bajar impuestos, ¿el mejor estímulo?

Detroit, Nueva York y Francia han recurrido a la reducción de gravámenes para impulsar su economía; este apoyo busca retener a las empresas e impulsar el crecimiento de sus economías en problemas.
hollande1  (Foto: Getty)
Geoff Colvin

El floreciente debate sobre la eficacia del paquete de estímulo de Washington en 2009, generado por el quinto aniversario de la ley, no conseguirá nada. Pero si lo mantenemos en nuestras mentes mientras observamos algunas otras noticias que están sucediendo en este momento, podríamos aprender algo útil acerca de lo que realmente pone en marcha a una economía.

El debate, de la manera en que se lleva a cabo en Washington, es inútil porque ninguna de las dos partes se moverá de su predecible postura. Los republicanos dicen que el estímulo -una mezcla de gasto público y recortes de impuestos- obviamente no funcionó ya que, después de cinco años, menos estadounidenses tienen empleo que los que los tenían cuando se promulgó el estímulo.

Los demócratas dicen que obviamente funcionó porque el PIB se recuperó más rápido en Estados Unidos que en muchas otras economías que estuvieron en recesión al mismo tiempo. Ninguna de las partes reconocerá jamás que la otra puede tener un punto válido.

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Francia

Lo que realmente es útil es observar lo que están haciendo en este momento otros tres gobiernos que se enfrentan al mismo reto, tratar de estimular una economía que necesita ayuda urgentemente:

“Es imperativo que Francia restaure el poder de su economía. No hay tiempo que perder”, dijo el presidente François Hollande el mes pasado. Eso es seguro. La economía de Francia es una de las más débiles de Europa, con un desempeño tan bajo que el índice de aprobación de Hollande es más bajo que el de cualquier presidente francés desde la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, este socialista que hizo campaña para la presidencia prometiendo aumentos de impuestos a los millonarios, propone ahora una reducción de impuestos de 30,000 millones de euros para las empresas. Esto, argumenta enfáticamente, es lo que hará que la economía crezca.

Nueva York

“No se puede superar al cero”, dijo el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, el mes pasado, al proponer una reducción fiscal por 2,000 millones de dólares en un intento por atraer y mantener más negocios en el estado. Una comisión bipartidista recomendó reducir la tasa de impuestos sobre los fabricantes, en la actualidad de 5.9%, a cerca de la mitad.

¿Por qué tomar medidas a medias? El demócrata Cuomo quiere eliminar completamente el impuesto; es decir, convertirlo en un insuperable cero; al menos para los fabricantes del norte de la Ciudad de Nueva York, que han estado abandonando el estado desde hace años.

Detroit

“La Ciudad cree que la imposición de tasas de impuestos individuales y corporativos comparativamente altas y siempre crecientes, en las últimas décadas, ha contribuido a la pérdida de población de la ciudad, reduciendo la base tributaria, y al declive económico en general”. Eso declara el recién publicado plan de Detroit para salir de la bancarrota.

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El plan es igualmente contundente acerca de la solución: “La ciudad cree que reducir las tasas de impuestos seleccionados sobre la renta y la propiedad es fundamental para fomentar el crecimiento del empleo y ampliar la base tributaria general”. Enfrentados a las exigencias monetarias de la bancarrota, los líderes de Detroit quieren gravar menos, no más.

El tema es obvio, y la lección es clara. Cuando finalmente se ven obligados a enfrentarse a problemas económicos ineludibles, los líderes del Gobierno se dan cuenta de que los negocios no son un pozo que debe ser explotado, sino una planta viva que debe ser alimentada. Ojalá se dieran cuenta de ello con más frecuencia antes de llegue la calamidad.

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