Smog: el enemigo número 1 de China

Los altos niveles de contaminación ahuyentan a los empresarios acaudalados y las nuevas inversiones; 64% de las personas con una fortuna mayor a 1.6 mdd en China planean mudarse al extranjero.
china  (Foto: Getty)
Scott Cendrowski

En la década de 1970, el Central Park de Nueva York estaba en un estado de decadencia. Los puentes se desmoronaban. Los prados se habían secado. El grafiti y el vandalismo habían deteriorado los juegos infantiles y las bancas. Había una sensación abrumadora de que sus mejores días habían quedado atrás. “El uso positivo había sido crecientemente desplazado por la actividad ilícita e ilegal”, así es como el Central Park Conservancy lo describe ahora.

Entonces George Soros intervino. Frustrado por lo que él y otros veían como la gestión inepta del Gobierno de la Ciudad de Nueva York de la institución de 160 años de edad, Soros y otro financiero encargaron un estudio sobre los posibles arreglos. Su recomendación principal fue crear un consejo privado conformado por una base ciudadana para supervisar a un individuo que dirigiera las operaciones del parque; lo cual, efectivamente, permitiría que los ciudadanos privados controlaran el parque. Pronto, se creó la organización sin fines de lucro Central Park Conservancy, y la zona recuperó su antigua gloria. Treinta años más tarde, la Conservacy proporciona el 75% de un presupuesto anual de alrededor de 60 millones de dólares del parque, y es una institución en sí misma en Nueva York. El consejo de administración incluye al ex presidente y presidente ejecutivo de JP Morgan William Harrison, a Henry Kravis de KKR, y al gerente de fondos de cobertura John Paulson, quien hace dos años anunció que donaría 100 millones de dólares a la institución, la mayor donación hecha al parque en la historia.

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La creciente brecha existente en el nivel de riqueza a nivel mundial está generando preocupaciones acerca de la equidad económica y la división de clases. Pero el renacimiento de Central Park ilustra la importancia de los muy ricos en la sociedad civil. Sus dólares privados financian proyectos que los gobiernos no, y tienen un papel especialmente importante en los centros urbanos. Todo esto explica por qué son tan preocupantes los reportes de que la contaminación del aire en China está provocando la salida de los residentes ricos. ¿Está China perdiendo a sus residentes más importantes ante el smog?

El aire en las ciudades del norte de China ha sido mediocre durante bastante tiempo. Pero, tras los últimos años de “Apocalipsis aérea” y los niveles récord de material particulado (PM, por sus siglas en inglés), los contaminantes peligrosamente pequeños menores a 2.5 micrómetros de tamaño (1/30 del ancho de un cabello humano) que encuentran su camino hacia el torrente sanguíneo y han sido relacionados con el cáncer y con problemas respiratorios, los ciudadanos han aumentado sus denuncias y un creciente número de ricos han comenzado a hacer planes para mudarse lejos.

Una reciente encuesta proporciona la evidencia más fuerte hasta ahora de que las ciudades contaminadas de China están en riesgo de ahuyentar a los ricos. Publicada en enero por el Hurun Research Institute, la encuesta muestra que 64% de los ricos en China (aquellos con una riqueza superior a 1.6 millones de dólares) iban a emigrar a otro país o planeaban hacerlo, un aumento desde el 60% respecto a la última encuesta de hace dos años. Eso fue una sorpresa para Rupert Hoogewerf, fundador del Hurun Report, una lista anual de los ricos en China. No esperaba que la cifra, de por sí alta, creciera. Él dice que la contaminación y la seguridad alimentaria fueron la segunda mayor razón para emigrar, después del deseo general de seguridad y bienestar financiero. Aunque el número de personas que emigran no han alcanzado aún una cantidad masiva, Hoogewerf dice que “muchas familias están descubriendo que muchas otras familias ricas se están yendo al extranjero”, lo cual les proporciona ejemplos a seguir.

Lo que está sucediendo es que aquellos que pueden evitar la contaminación, especialmente las familias con hijos, están escapando de lo que un estudio reciente de China llamó, según reportes, ciudades “inhabitables”, como Pekín. Están buscando la residencia permanente en Estados Unidos y Canadá, y en países europeos como Chipre, Portugal y Reino Unido.

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A principios de invierno, hablé con media docena de madres ricas en Pekín que me explicaron que la contaminación había hecho que algunas de ellas consideraran mudarse. Fue esclarecedor escucharlas, porque lo que la encuesta no dice es que los ricos no toman a la ligera la idea de mudarse a otro país. Las mujeres explicaron que era una decisión difícil de tomar. La cultura y el idioma de China les hacía querer quedarse. Pero muchos de ellas tenían miedo por la salud de sus hijos, lo cual las conducía a hacer planes para ir al extranjero.

Me reuní con estas madres en un Starbucks. Intercambiaron historias sobre el smog como otros lo hacían sobre política o deportes en la cafetería que da a un centro comercial de lujo con marcas como Gucci, Prada, y boutiques de Tom Ford.

Feng Fairbanks tiene dos hijas, que tienen 10 y 8 años de edad. La PTA (Parent-Teacher Association) local recaudó 200,000 yuanes (33,000 dólares estadounidenses) para comprar purificadores de aire para que sus hijos pudieran al menos disfrutar de aire limpio dentro de la escuela cuando el recreo es a menudo cancelado por el smog. Ella quería que sus hijas asistieran a la escuela más tiempo en Pekín, pero regresará con ellas a Reino Unido en julio. La contaminación del aire se estaba volviendo demasiado seria como para planear su estancia en Pekín en el largo plazo. Su esposo británico, quien dirige una consultora de negocios en Pekín, se quedará en China.

Coco Xiao me dijo que evita jugar con sus dos hijas al aire libre. El verano pasado, la familia recorrió Estados Unidos -visitó Atlanta, Las Vegas, Los Ángeles, luego San Francisco- y estaba “fascinada” por el aire. “Su marido abrirá una empresa de consultoría en San Francisco, en parte, para dar a la familia una opción para escapar de la contaminación. Ella dice que el “Gobierno no puede darse el lujo de esperar” para arreglar el aire, pero que se quedará en Pekín por ahora.

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Las otras madres eran más vacilantes. Mientras bebían té y lattes, me explicaron que la contaminación era devastadora, pero soportable, por el momento. Mayo Guo, vestida a la moda con botas de cuero negro, tiene una hija de nueve años de edad con asma. Ella sacó de entre sus cosas una máscara marca 3M -“La mejor”, me dijo— -uego, explicó que la contaminación del aire es uno de los muchos factores a considerar antes de dejar China. También está la familia, los empleos, la cultura. Ella está esperando antes de tomar la decisión de irse.

Por supuesto, muchos ricos se quedarán en Pekín y otras ciudades contaminadas de China. Las oportunidades en la economía con mayor velocidad de crecimiento en el mundo son difíciles de rechazar. Y las encuestas muestran que los chinos siguen siendo leales acerca de invertir en el país. Pero el problema de la contaminación del aire no mejorará en el corto plazo, y tampoco lo hará la huida de los residentes más ricos de China.

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