Felicidad, ¿más importante que el PIB?

Medir el bienestar de los ciudadanos es un mejor indicador del éxito de un país, según analistas; en los 70, Bután empezó a medir la ‘felicidad nacional bruta’, un ejemplo que pocos han seguido.
feliz  (Foto: Thinkstock)
Jeanne Sahadi
NUEVA YORK -

Los redactores de la Declaración de Independencia de Estados Unidos en realidad no definieron 'felicidad' cuando citaron la búsqueda de ella como un derecho inalienable.

Pero en los últimos años, ha habido un intento por definirla y medirla, especialmente en el contexto de una economía próspera.

Eso es debido a que el crecimiento económico medido por el Producto Interno Bruto (PIB) en realidad no nos dice mucho sobre el bienestar general de los ciudadanos.

“Por ejemplo, los embotellamientos de tráfico pueden incrementar el PIB como resultado de un aumento en el uso de la gasolina, pero obviamente no en la calidad de vida”, de acuerdo con un informe elaborado por una comisión internacional presidida por el ganador del Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz.

El supuesto es que entre más crecimiento económico, mejor. Los legisladores están siempre debatiendo los méritos de una medida sobre la base de si será capaz de crear empleos y aumentar el PIB.

Pero raramente se escucha a los legisladores debatir si una medida impulsará o menoscabará el bienestar de los ciudadanos, del cual el ingreso es sólo una parte.

Toma como ejemplo a Dakota del Norte. Su economía se ha duplicado en los últimos 25 años gracias a un auge petrolero masivo. Los ingresos se han disparado, pero también los precios, el tráfico, el crimen y la escasez de vivienda.

El bienestar, por supuesto, depende de muchos factores: desde la salud y la educación, y el entorno y la cultura, hasta la calidad del Gobierno, tu comunidad y cómo utilizas tu tiempo.

Hay un creciente coro de voces internacionales que cree que este tipo de bienestar debe ser medido y utilizado como una guía cuando se formulan las políticas y se hace un seguimiento del progreso social.

La pequeña nación de Bután fue pionera en el esfuerzo por adoptar un “índice de felicidad nacional bruta” hace décadas.

El resto del mundo ha sido lento para ponerse al día. Pero han existido esfuerzos incipientes en los últimos años para abordar la cuestión.

En 2011, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución para alentar a los países a medir la felicidad de sus ciudadanos y a utilizar esa medida para ayudar a guiar las políticas públicas.

Más recientemente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha creado directrices para las naciones que desean medir el bienestar.

En Estados Unidos, cuatro estados -Maryland, Vermont, Oregon y Colorado- han desarrollado un “indicador de progreso genuino” o GPI, por sus siglas en inglés De acuerdo con Demos, un centro de estudios de izquierda.

El GPI busca cuantificar de manera coherente el costo y el valor de factores no medidos por el PIB.

Por ejemplo, Maryland -que fue el primer estado en adoptar un GPI- está tratando de evaluar, entre otras cosas, “los costos ambientales y sociales de lo que compramos, (y) los impactos en la calidad de vida de la forma en que vivimos”.

Algunas ciudades y pueblos, por su parte, han comenzado sus propias “iniciativas de felicidad”, al distribuir encuestas de felicidad bruta a los residentes locales para dar a los legisladores un sentido del nivel de satisfacción de sus votantes en diferentes áreas.

Pero no parece que vaya a existir ningún tipo de acuerdo universal para medir la felicidad y el bienestar de los ciudadanos en el corto plazo.

Pero sus partidarios -como la Sustainable Development Solutions Network (SDSN)- están tratando de dar a los gobiernos argumentos económicos de por qué deberían hacerlo.

“Las personas felices viven más tiempo, son más productivas, ganan más y también son mejores ciudadanos. El bienestar debería ser desarrollado tanto por su propio bien como por sus efectos secundarios”. Indicó SDSN en su Reporte Mundial de Felicidad 2013.

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