#PapaEnMex: Una experiencia religiosa para la clase política

Funcionarios, gobernadores y dirigentes partidistas recibieron al pontífice en el palacio nacional; ‘bendición’ fue el clamor en la recepción oficial y en los alrededores del Zócalo capitalino.
gabinete, papa  El gabinete acudió a la recepción oficial que el presidente Peña Nieto ofreció al papa Francisco en Palacio Nacional. /  (Foto: Agencias)
Darío Martínez Brooks y José Roberto Cisneros Duarte
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

“Hoy, es un día de entusiasmo y de enorme alegría para los mexicanos. El pueblo de México está emocionado, porque usted ya está aquí, entre nosotros”, dijo este sábado el presidente Enrique Peña Nieto al papa Francisco al recibirlo acompañado por la clase política mexicana en Palacio Nacional, la primera vez que el jefe del Estado Vaticano ingresó a la sede del Ejecutivo federal.

Y, precisamente, entusiasmo, alegría y emoción era lo que permeaba el ambiente en el Patio Central del histórico recinto, sede del poder en México, donde integrantes del gabinete presidencial y demás funcionarios federales, gobernadores, legisladores, ministros y dirigentes partidistas brindaron al líder de la Iglesia Católica una entusiasta bienvenida. También acudieron empresarios, personalidades de la sociedad civil organizada y religiosos.

En el primer día de actividades del pontífice en el país, los asistentes seguían atentamente su llegada al lugar, en el Centro Histórico de la capital mexicana, donde el presidente Peña Nieto salió para escoltarlo en un recorrido en el que comentó con el dirigente católico los murales de Diego Rivera que adornan el interior.

La expectación crecía, y ya sin poder cometerse los aplausos estallaron desde que el papa iba bajando las escaleras hacia el patio, y se extendieron por más de un minuto después de que arribó al presidio, saludando a la concurrencia. Conforme el papa y el presidente se acomodaban en sus lugares, algunos funcionarios buscaban el ángulo perfecto para que ambos líderes salieran en su selfie.

Pese a ser un acto oficial —en un país donde, aunque más de 8 de cada 10 habitantes son católicos, es laico—, para algunos era difícil contener el fervor de compartir techo con “Su Santidad”, el máximo líder de su fe.

Francisco, por su parte, mantuvo una actitud sobria. Su discurso, de cerca de 10 minutos y en el que se refirió a la corrupción y la violencia, fue pronunciado en un tono tranquilo, que incluso por momentos dificultó su cabal comprensión. Pero nada podía desanimar a la concurrencia, que lo interrumpió en cuatro ocasiones para ovacionar sus palabras. Mientras que Peña Nieto fue interrumpido una vez, cuando mencionó que “México quiere al papa Francisco por su sencillez, por su bondad, por su calidez”.

Terminados los discursos, el presidente mexicano introdujo al papa personalmente a funcionarios, algunos de sus familiares y a invitados especiales, quienes incluso le acercaron a un par de niños.

Tocó turno a algunos de los líderes políticos del país, presentes en el encuentro, entre quienes destacaron por su efusividad los gobernadores de Chiapas, Manuel Velasco, y de Sonora, Claudia Pavlovich, quienes besaron la mano del papa. El pontífice respondió la reverencia con un buen apretón de manos con la emocionada mandataria.

“Viva el Papa Francisco, viva México”, se escuchaba que gritaban alguno de los asistentes más entusiastas. Pero, conforme el pontífice abandonaba el lugar, éstos se iban desesperando, teniendo solo la esperanza de recibir la bendición del mismo pontífice.

“¡Bendición!”, era el clamor de voces femeninas que expresaban el deseo de los fieles católicos presentes, y que iba creciendo conforme el papa se alejaba y con él esta posibilidad. El lìder de los católicos hizo el gesto añorado, tras más de 5 minutos de contenerse a la demanda popular.

“Que salga”, el único coro

Afuera del Palacio Nacional, en la plancha del Zócalo capitalino, algunas personas estaban distraídas, pero cuando vieron en las pantallas que Francisco llegó en el papamóvil estallaron en júbilo. Entre aplausos y porras mezcladas, celebraban la presencia del líder católico cuya fe predomina en 80% de los mexicanos.

Desde afuera observaron cómo el presidente Peña Nieto mostraba lentamente los murales del Palacio Nacional. Pocos cantaron el himno mexicano, y se escucharon algunas rechiflas y aplausos cuando el presidente ofreció su discurso.

En cambio hubo ovaciones cuando el papa habló de la Virgen de Guadalupe, de la fe de los mexicanos, de la juventud como el valor más importante del país, y no hubo una reacción particular cuando mencionó el egoísmo que hace el “terreno fértil de la corrupción”.

Pero lo que sí logró unir a la multitud de católicos fue la inconformidad por los más de 10 minutos de saludos del papa a la élite política invitada al recinto nacional.

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“¡Que salga, que salga, que salga!”, fue el par de palabras que la concurrencia entonó a una voz con la esperanza de que Francisco finalmente saludara a los miles de peregrinos que tomaron su lugar en las vallas, desde la madrugada o ya entrada la mañana, pues no hubo aglomeraciones.

 

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