Reforma fiscal: de trampolín a salvavidas

Los ingresos logrados con la reforma fiscal se han destinado a equilibrar las finanzas públicas, en lugar de apuntalar el crecimiento del país.
El poder recaudatorio mostrado por Hacienda ya amenza con llegar a su fin.
Más presiones  El poder recaudatorio mostrado por Hacienda ya amenza con llegar a su fin.  (Foto: iStock by Getty Images)
Carmen Luna
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

La reforma fiscal de 2014 se convirtió en una tabla de salvación para las finanzas públicas, que enfrentan un importante desequilibrio que tiene a las tres agencias calificadoras más importantes y al Fondo Monetario Internacional (FMI) con la lupa puesta sobre México.

Los nuevos gravámenes, como el impuesto a la comida ‘chatarra y los refrescos, así como el aumento de otros permitieron que, del cierre de 2013 a noviembre de 2016, los ingresos tributarios crecieran 17.6% nominal, a 3.18 billones de pesos (bdp).

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La pregunta es ¿por qué pese a contar con más ingresos, el gobierno federal ha tenido que recortar el gasto en cuatro ocasiones –desde 2015, incluyendo el Presupuesto de Egresos para 2017– como medida para no incurrir en más deuda?

Los ingresos adicionales de la reforma fiscal han subsanado el costo de una mayor deuda pública y la caída pronunciada de los ingresos petroleros. Sin ésta, el estado de las finanzas públicas sería más grave.

Desde el cierre de 2013 hasta noviembre pasado, los ingresos petroleros cayeron 66.5% y la producción petrolera retrocedió 10%, derivado de un desplome en los precios del crudo ante la sobreoferta mundial del combustible, y en medio de un débil crecimiento económico.

Además, desde que comenzó la actual administración se instrumentó una política de contratación de deuda para impulsar la economía que, de acuerdo con Hacienda, crecía por debajo de su potencial.

“Si no tuviéramos estos ingresos, la situación de las finanzas públicas sería mucho peor. La reforma ha ayudado a tener finanzas no tan malas”, dice el director general del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), Héctor Villarreal.

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El desequilibrio es evidente. Para 2016, Hacienda estima que la deuda total alcanzará un máximo de 50.5% como proporción del producto interno bruto (PIB).

Las calificadoras Moody’s, Standard &Poor’s y Fitch advirtieron a México que recortarán su calificación crediticia si no frena el ritmo de endeudamiento. En menos de cuatro años, la deuda subió casi 12 puntos porcentuales.

La deuda ha resultado cara a las finanzas públicas: entre 2013 y noviembre, el costo financiero, es decir, los intereses de la deuda, sumó poco más de 1.3 bdp.

“La reforma ha evitado que el deterioro de las finanzas públicas sea mayor. Pero lo que me gustaría ver es una reforma al gasto público”, dice la directora general de la organización México ¿Cómo vamos?, Valeria Moy.

En medio de esto, el poder recaudatorio amenaza con llegar a su fin. Para 2017, Hacienda estima un aumento en los ingresos tributarios de 0.8% del PIB frente a 2016, pero para 2022, prevé tan sólo un alza de 0.3% del PIB comparado con 2017.

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"Nos guste o no, necesitamos más ingresos tributarios. Los que tiene México, de 13.5% del PIB, no son suficientes para cumplir las funciones de un Estado moderno. Hay que discutir cuál será la forma de gravar y hacer esto cuidando los efectos distributivos sobre la gente más pobre del país y sobre futuras generaciones, que es uno de los temas más olvidados de nuestro sistema fiscal", agregó Villarreal.

Esta nota se publicó originalmente en la edición 1102 de la revista Expansión.

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