Se buscan emprendedores sociales

Los proyectos sociales no son contrarios al mercado, esto es lo que busca la Fundación Schwab; con esta iniciativa, Expansión y Schwab reconocerán a los practicantes del "capitalismo con cor
El Centro Ginecológico de Jorge Gronda lleva atención a comu

Éste será el tercer año que se hace la búsqueda y selección del Emprendedor Social del Año en México, una iniciativa desarrollada conjuntamente por Expansión y la Fundación Schwab, con sede en Ginebra, Suiza.

En su primera edición destacó a José Juárez, de la Unión de Ejidos de La Selva, en Chiapas, cuyo modelo innovador convirtió a miles de campesinos en empresarios de café orgánico e instaló una cadena de cafeterías en México y Europa –antecediendo a Starbucks–.

El año pasado, el nominado fue Ariel Zylbersztejn, creador de Cinepop, una empresa que ha puesto al alcance de las clases más desfavorecidas de México un entretenimiento al cual hace más de una década dejaron de tener acceso: el cine. “Cinepop es mucho más que cine; el cine es la forma de llegar”, dice Zylbersztejn.

Con posibilidades de tener hasta a 6,000 espectadores en una función, Cinepop proporciona una plataforma a los gobiernos municipales para dar a conocer iniciativas y servicios para sus ciudadanos, incluyendo campañas de concientización alrededor de temas de salud, educación y calidad de vida.

Ariel Zylbersztejn es la definición de un emprendedor social. Ha combinado la innovación con la oportunidad de responder a una necesidad insatisfecha de una población carente.

Pero en vez de buscar fuentes de financiamiento de entidades filantrópicas, ha utilizado un modelo de mercado para Cinepop, una entidad cuya razón de ser no es el lucro sino alcanzar una transformación social. Las ganancias se invierten en sostener y ampliar la misión social.

¿Quiénes son los ganadores de este concurso en otros países donde este mismo esfuerzo se lleva a cabo? ¿Y qué podemos aprender de los modelos que estos emprendedores han impulsado?

Viajemos primeramente a Colombia, al taller Arte Sana, de Mónica Urquijo, barranquillera que ha sabido combinar su talento artístico, su don para el diseño elegante, su pasión por Colombia y su compromiso con el desarrollo de las mujeres de la región del Atlántico caribeño, para crear una empresa social cuya meta es darle dignidad y mayor calidad de vida a un creciente número de mujeres cabeza de familia y sus hijos.

Hoy, la empresa cuenta con 300 tejedoras quienes, trabajando desde sus hogares, han incrementado su ingreso mensual entre tres y cinco veces. Al mismo tiempo, retomaron las tradiciones olvidadas del tejido, utilizando fibras naturales que se encuentran en Colombia. Emplean las fibras de plátano y de junco, entre otras, para crear productos que cumplan con rigurosos estándares de calidad exigidos por un mundo competitivo y globalizado.

Arte Sana dedica 16% de su presupuesto a la capacitación continua de las tejedoras, y 41% del costo del producto va directamente a ellas. Actualmente, un amplio porcentaje de sus ventas son al exterior. Entre sus clientes está Ralph Lauren, que vende los productos en sus tiendas de diseño en Estados Unidos y países de Europa.

En España, Cristóbal Colón ‘el bueno’, como suele autodenominarse este siquiatra y emprendedor social, luego de años de frustración trabajando en hospitales siquiátricos, llegó a la conclusión que “los locos no son tontos –son locos– y necesitan tener trabajo digno como cualquier otro”.

Insatisfecho con la práctica de ‘terapia de trabajo’, en la que los enfermos mentales confeccionan ‘productos’ para los cuales jamás existirá mercado, simplemente con el fin de mantenerlos ocupados, decidió buscar otra avenida: ideó un mecanismo para darles trabajo ‘de verdad’.

Creó la fábrica de lácteos La Fageda, que vende 6.3 millones de euros (94.5 millones de pesos) al año en productos y le hace competencia en yogur a Nestlé y Danone. Los que allí trabajan son enfermos mentales, ganan buen sueldo y pueden optar por vivir en lugares construidos para ellos por la misma empresa.

La Fageda trabaja en estrecha colaboración con el sector de salud público que le refiere a aquellas personas con trastornos mentales aptas para ser capacitadas e incorporadas a la fuerza laboral.

La fábrica cuenta con un centro de salud que da apoyo continuo a los trabajadores. La Fageda está certificada por el Ministerio de Agricultura como una fábrica de lácteos.

Sus clientes desconocen que son dementes los allí empleados. Es decir, compran los productos por su excelente sabor y no por lástima por los que trabajan en esta empresa. Y los locos ya no son ‘pacientes’, sino que están ganándose la vida y contribuyendo orgullosamente a la economía de su país.

Y por último, en Argentina, está el doctor Jorge Gronda, creador del Centro Ginecológico Integral. Es una firma completamente autofinanciada y lucrativa que ofrece servicios de salud de manera eficiente, con un enfoque en mujeres pobres de áreas rurales y sus hijos.

El centro utiliza cuidadosamente herramientas de administración y mercadeo para así poder ofrecer servicios de salud más económicos que la cobertura médica privada, y de mejor calidad que la pública. El Centro fue fundado hace 17 años durante los cuales Gronda ha desarrollado una metodología enfocada en la prevención.

Los pacientes rápidamente comenzaron a apreciar el servicio y sus extensas horas de operación, lo cual elevó el volumen de pacientes que el centro recibe por día. En la actualidad, la clínica principal, en Jujuy, recibe diario 130 pacientes, y cada mes se realizan 650 pruebas de cáncer cervicouterino y 500 personas reciben tratamiento.

Las ganancias de este proyecto financian la extensión de los servicios de salud ofrecidos a un segmento de la población que vive en áreas remotas a veces alcanzables sólo a pie.

¿Qué podemos aprender de estos ejemplos? Primeramente, persiste la idea –sobre todo entre los empresarios– de que uno no puede ser emprendedor social si su organización está constituida como empresa y no como entidad sin fines de lucro. Si fuese así, Muhammad Yunus, reciente ganador del Premio Nobel de la Paz, no habría sido reconocido como uno de los emprendedores sociales más importantes de los últimos 30 años. Y es que todas las firmas en el Grupo Grameen son entidades con fines de lucro.

Los cuatro emprendedores de la comunidad Schwab son ejemplos de ‘negocios sociales’, como los denomina Yunus. Pero se rigen por otro razonamiento que va más allá de la mera lógica del mercado.

Por ejemplo, el empresario cuya meta prioritaria es el lucro, buscará reducir sus gastos como pueda. Lo hará trasladando sus operaciones a otro país o reduciendo gastos de nómina, automatizando o suprimiendo empleos. El recurso humano es remplazable y siempre hay los que están dispuestos a trabajar por mucho menos dinero.

Está también el empresario que vela primordialmente por obtener ganancias en el corto plazo para que sus accionistas queden satisfechos con el retorno de su inversión, aun cuando el producto tenga efectos perniciosos en el largo plazo, ya sea en la salud o en el medio ambiente.

Sin embargo, son pocos los jefes de empresa que están dispuestos a pensar en el largo plazo, si ello significa sacrificar las ganancias inmediatas.

El punto es que la práctica de proyectos sociales no rechaza el mercado. Por el contrario, lo ven como la solución a la pobreza y más bien rechazan las respuestas caritativas y paliativas que no cambian nada y dependen eternamente de donaciones.

El innovador social reconoce que los cambios sociales y económicos necesarios se logran en el largo plazo. Su compromiso con las comunidades donde trabaja no le permite simplemente mudarse a otro lugar más rentable o suprimir puestos, como harían otros.

La esperanza es que, a través de esta iniciativa, los mexicanos reconozcan y celebren esta nueva versión de capitalismo con corazón y alma que no debe confundirse con la responsabilidad social corporativa ni con la filantropía. Es un nuevo modelo para el nuevo mundo que queremos crear, empezando por México.

La autora es directora ejecutiva de la Fundación Schwab para el Emprendimiento Social.

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