¿Fotos?, ¡no!, retrato en vivo

Un emprendedor revive en México una tradición antigua: pinta eventos de la alta sociedad; a tres años de haber arrancado la empresa tiene un crecimiento anual de 30% en sus ventas.
Hace tres años, Luis de Potestad fundó Antología by Fornari.
César López

¿Cómo plasmar la memoria de un evento para la posteridad? Luis de Potestad, un capitalino de 31 años, trajo al presente una tradición a la cual recurría la aristocracia europea hace tres siglos.

Tiempo antes de su boda, un artista se reunió con una pareja de novios, el CEO de la American Chamber of Commerce en México, Larry Rubin, y su prometida, Nuria Vidal, para que le describieran a quiénes y qué aspectos querían recordar de la celebración, en el otoño de 2006.

Y el día de la fiesta, Ramón Peñaloza montó su caballete en el jardín de la ex hacienda de Caltengo, en Tepeji del Río, y se dedicó a captar escenas, gestos y detalles desde un sitio próximo a la mesa de los novios, para capturar el evento desde la perspectiva de ellos. “¿Ya viste al pintor?”, corrió el rumor por las mesas y alzó a los invitados de sus asientos esa tarde de sábado de 2006. El lienzo recibió trazos en color ese día, pero estuvo listo siete meses después, cuando salió del estudio de otra pintora capitalina, María Orozco, para viajar hasta la sala de los Rubin, en Polanco, donde ahora cuelga.

Como hicieron grandes artistas con la realeza europea en el pasado, Luis de Potestad retrata desde hace tres años  los acontecimientos de la alta sociedad mexicana. Ramón y María son dos de los cinco artistas que trabajan con él.

En febrero de 2004 fue cuando a Luis de Potestad se le ocurrió el concepto, que después llamaría Antología by Fornari (este último, el apellido de un antecesor suyo, marqués español). Estaba en el Waldorf-Astoria de Nueva York, celebrando la boda de una amiga cuando, durante la cena, todos fueron espectadores del performance de un artista, que pintó un cuadro a la vista de todos.

En ese tiempo, Luis de Potestad trabajaba como subdirector comercial de World Marketing Group, la casa productora de Discovery Networks Latinoamérica. A su regreso a la capital, este administrador de empresas, egresado de la Universidad Iberoamericana, comenzó a moldear una idea de negocio a partir del evento que presenció. “La intención no era imitar ese performance, pues consideré que sólo funcionaba como espactáculo, mi idea iba mucho más allá”, recuerda.

Repasó las historias de Rubens, Velázquez y Jacques-Louis David, que retrataron los eventos de la realeza en Europa siglos atrás. “Comencé a cuestionarme sobre la posibilidad y los alcances de retomar esa tradición: encargar a un pintor que plasmara los acontecimientos de un país o una familia”.

Este emprendedor asegura haber entrevistado a cientos de personas durante los siguientes cinco meses. “Mi intención no era crear sólo un servicio para bodas y eventos, sino un movimiento”, cuenta. Entonces encontró a María Orozco, al maestro de ella, Óscar Bächtold, y a Maribel Avilés Junco.

Habían pasado sólo cuatro meses del festejo en Nueva York, cuando María Orozco bocetó el primer evento en el álbum de Antología, una boda en el restaurante El Lago en Chapultepec. De Potestad estimó que su mercado podían ser esas 70 bodas de alto nivel que se organizan al año en la Ciudad de México –de entre un total de 42,000 matrimonios que se registran en el DF–.

Y corrió la voz. Para noviembre, Antología by Fornari ya había estado en 16 eventos y De Potestad decidió dejar la vida corporativa y su oficina en el sur de la ciudad para dedicarse por entero a su proyecto. A principios de 2006, incorporó al equipo a los retratistas Óscar Ojeda y Ramón Peñaloza.

A grandes trazos

Los clientes de Antología pueden conocer la obra de cada uno de los pintores y elegir al artista; y de su colección, seleccionar el estilo que más les guste. En el cuadro de Nuria y Larry Rubin intervinieron dos pintores. Ramón Peñaloza bocetó el evento y Orozco trabajó el cuadro en el estudio. La pareja luego tuvo oportunidad de ver el boceto final y hacer una última retroalimentación.

Los grandes maestros del siglo XVII y XVIII tardaban entre tres y seis años en entregar una obra. “Afortunadamente ya tenemos la fotografía a nuestro favor y tardamos de seis meses a un año”, dice De Potestad. Ahora, en los estudios de los cinco pintores, Antología tiene 28 cuadros en proceso de creación.

“Antes Miguel Ángel tenía a los Médici, ahora Luis de Potestad tiene a los grandes capitales de la sociedad mexicana”, comenta Jesús Sotomayor, profesor invitado del IPADE, y ex director corporativo de Telmex. “Encontró una tendencia, no una moda. Trajo una necesidad del pasado a una necesidad del presente, y en ella vio un negocio: la de satisfacer la vanidad. Ése es su nicho de mercado”.

Si ya resulta difícil vender arte terminado, él además encontró la manera de vender algo que todavía no es.

Claves del negocio

La exclusividad es uno de los sustentos del negocio de Antología by Fornari. Y es algo difícil de mantener, sobre todo en una industria como la de los eventos, que tiene un apetito voraz por las ideas nuevas y una gran habilidad para desgastarlas (o ¿acaso no son casi todas las bodas iguales?).

“Yo hago todo lo posible para que el encargo de pintar una boda o un evento no esté considerado dentro del presupuesto”, explica Luis de Potestad. Que se vuelva moda sólo devaluaría el concepto, considera.

De Potestad quiere que sus clientes vean en los cuadros una oportunidad de inversión. Y por eso su búsqueda tan selectiva de talento y el impulso a los cinco artistas de Antología, para que tengan obra en galerías y ganen reconocimiento.

“Seguramente, con el tiempo, sus cuadros van a valer mucho más porque ya no van a tener un valor personal, sino un valor humano, histórico y estético. Ahí tenemos el caso de Icaza con la vida campirana o la charrería, los de Chucho Reyes”, opina el curador Carlos Medina, ex director del Salón de la Plástica. “Ambos artistas tomaron un tema de la vida cotidiana y ahora los encontramos en subastas de Nueva York. De Potestad toma eventos de la alta sociedad del siglo XXI”.

Lo que este joven emprendedor busca es convertirlo en un movimiento. “(Su propuesta) es interesante y muy atractiva”, opina el artista Gilberto Aceves Navarro, “sin embargo, lo que le vaya a aportar al arte mexicano está por verse”. Luis de Potestad no publicita a Antología, y deposita su confianza en el libre curso del comentario. Sus principales promotores han sido justo aquellas personas que asomaron la nariz durante una fiesta y curiosearon tras el caballete.

A tres años de haber arrancado tiene cuenta de 200 eventos cubiertos en gran parte del país, además de Los Ángeles y Miami, con un crecimiento anual de 30% en sus ventas –aunque declinó revelar cuánto factura al año–.

Está abriendo una oficina en Cancún para atender desde ahí también a Miami y Nueva York y desea trabajar en Europa. Ya no sólo pinta en bodas, también en aniversarios y Bar Mitzvah. “En mi opinión, tiene una excelente idea. Está en una etapa de emprendimiento. Ahora lo que tiene que hacer es volverse un gran director, porque no necesariamente una gente creativa como él va a lograrlo. Hay muchos emprendedores, pero pocos duran. Tiene que ser humilde. Sólo el tiempo dirá si es un gran empresario”, comenta Jesús Sotomayor, del IPADE.

Lo primero que hacen las visitas de Larry y Nuria Rubin cuando llegan a su departamento de Polanco es caminar hasta el cuadro que tienen colgado en la sala y buscarse, cuenta él. “Algo de lo que platicamos con el artista fue que colocara partes abstractas. Y eso nos sirvió porque a aquellas personas que no se tenía la intención de pintar, siempre puedes decirle que es uno de esos rostros abstractos”, dice juguetón.

Ahora ve
No te pierdas