Restaurante de la tolerancia

Un establecimiento en España demuestra cómo la funcionalidad para discapacitados puede ser un é El Llagar de Titi cuenta con baños y menús especiales en braille y otros para enfermos de glute
Cerca de Oviedo en Asturias, funciona con éxito este restaur  (Foto: )
María José Martínez Vial
ASTURIAS, España -

Existen: son genios de la solidaridad y la tolerancia, convencidos de que dar mucho cuesta muy poco. Patricio Sánchez ha sido capaz de levantar un restaurante exitoso, sin olvidarse de nadie.

En 1999 abrió sus puertas El Llagar de Titi, muy cerca de Oviedo, capital de Asturias. Se trata de un establecimiento de comida internacional que está muy lejos de ser convencional: en él conviven comensales de todas partes movidos por la buena reputación del local, pero también clientes con algún grado de discapacidad, que encuentran comprensión y atención a sus necesidades.

En El Llagar de Titi tienen una carta especial para celíacos (intolerancia al gluten), menú en Braille, y hasta columpios para discapacitados motrices. Patricio Sánchez lo cuenta con absoluta naturalidad, pero la pregunta se impone: ¿por qué es usted sensible a la situación de estas personas? Entonces uno imagina la respuesta: por algún familiar cercano. Y llega la sorpresa: “En 1990 conocí a una mujer a la que le faltaban dos piernas y un brazo. En aquella época mis hermanos y yo teníamos un local de muy fácil acceso, por lo que ella venía mucho. Un día durante la cena dijo que iba al baño. Observé cómo lo hacía: no necesitaba la silla, se apoyaba sobre sus muñones cortados. Me causó una sensación muy fuerte”, recuerda.

Cuando unos años después inauguró su restaurante, ya había pensado en todo. Consultó, preguntó en asociaciones, leyó, y se informó sobre los principales obstáculos que enfrentan quienes viven en silla de ruedas. Durante un viaje a Canadá fotografió unos columpios para discapacitados, y de regreso a España los mandó copiar.

De la buena información, salieron las soluciones que sus clientes no paran de agradecer. “Los discapacitados se quejan de que en los aeropuertos y centros comerciales, además del baño de hombres y mujeres, exista un baño unisex para ellos. Dicen que estamos creando algo así como el tercer sexo. Así que introduje un baño especial en los servicios de hombres, y otro en el de mujeres”. Pero Sánchez se dio cuenta de que, con demasiada frecuencia, estos  cubículos eran utilizados por clientes sin discapacidad, razón por la cual los clientes en silla de ruedas reciben, nada más entrar, una copia de la llave de los servicios, que guardarán para siempre. “Así les evitas el mal trago de ir a la barra a comunicar que necesitan ir al baño”.

Y el cuento no termina aquí. Regularmente acudía al Llagar una familia con un hijo ciego. La mamá le leía la carta completa y él siempre comía lo mismo: escalope. Conmovido,  Sánchez tradujo la carta al Braille. “El primer día que le di la carta quedó impresionado, y a mí sólo me faltaba llorar”.

Seguía girando la vida cuando esta vez un familiar le comentó que su hijo era celíaco, y Sánchez ideó una carta con alimentos sin gluten. Y como buena voluntad y éxito no están peleados, el negocio va viento en popa: “Tenemos la fidelidad total de nuestros clientes, saben que aquí vienen tranquilos. Y los no discapacitados conviven sin ningún problema”.

Y por si los argumentos sociales fueran poco, el restaurantero asegura además que habilitar un establecimiento tiene un costo bajísimo. “En un proyecto, el precio se puede incrementar como mucho en 5%”, asegura. Y luego añade, generoso: “Yo, con que la gente que tiene alguna discapacidad se encuentre bajo mi techo, ya amortizo la inversión”.

Ahora ve
No te pierdas