Una cocina que hace negocios y activismo

Una Pyme argentina refuta el mito de que la responsabilidad social es asunto de las grandes; el dueño del restaurante La Marchigiana, afirma que para ayudar, no es necesario invertir mucho
Fernando Barbera decidió convertir su negocio en uno socialm
Alejandro Roca *
Argentina -

A Fernando Barbera –empresario mendocino, propietario de la cadena de restaurantes La Marchigiana– no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones comprometidas.

Muchos se sorprendieron cuando, a fines de 2001, colgó banderas argentinas enlutadas en la puerta de su restaurante y publicó un desplegado en el diario Los Andes, donde anunciaba que esa empresa optaba por “reservarse el derecho de admisión de dirigentes y funcionarios políticos”.

El texto informaba que la disposición se mantendría en pie mientras el Ministerio de Desarrollo Social y Salud de Mendoza no restituyera el envío de un subsidio por persona, destinado a garantizar mínimamente la alimentación de todos los niños de la provincia (y que había sido suspendido desde hacía tres meses).

Los medios locales levantaron la noticia y el tema adquirió pública notoriedad. 45 días más tarde, los subsidios eran restablecidos y se suprimía la veda de ingreso para los políticos. El éxito de esta pequeña acción de repudio terminó por animar al empresario a hacer más. 

Barbera se adhirió a la propuesta de estudiantes universitarios de crear un banco de alimentos. Convocó a otros líderes empresariales, como Adolfo Brennan (Farmacias del Centro), Mauricio Badaloni y Sergio Cornejo (Andesmar) y Miguel Altamira (Lérida) para sumar esfuerzos. Juntos, estudiantes y empresarios dieron forma a la Fundación Banco de Alimentos Mendoza que hoy satisface, en parte, el apetito de más de 10,000 niños mendocinos.

Con el paso de los años, Barbera y La Marchigiana abrieron otros espacios. El empresario ahora lidera Valos Responsabilidad Empresaria, un espacio creado por 40 compañías de diferentes sectores. Desde esta plataforma organizan eventos de sensibilización, foros de reflexión, se capacitan y recorren, con acciones concretas, el camino hacia una actuación más responsable.

A nivel interno, los cocineros del restaurante han diseñado un ingenioso programa de Voluntariado Corporativo. Con la anuencia del dueño y en horario laboral, van a los barrios marginales de la ciudad dictando cursos gratuitos de capacitación en alta cocina. Es decir, transmiten un know-how específico –y adquirido con la práctica– buscando mejorar la empleabilidad y las posibilidades laborales de jóvenes provenientes de los sectores más desprotegidos.

Salió de los propios empleados (alrededor de 54) la iniciativa de introducir una serie de reformas para reducir los impactos ambientales en las tres sucursales del restaurante. Instalaron sistemas ecoeficientes de iluminación, y otros para reducir el consumo de agua (tanto en las labores de cocina como mediante mingitorios de bajo consumo en los baños) y el reciclaje de los tapones de corcho de las botellas destapadas día tras día.

Hacia fines de 2006, La Marchigiana invitó a sus principales proveedores (entre ellos, 32 bodegas de vinos) a firmar un Acuerdo de Ética y Respeto hacia valores compartidos, como la transparencia en los negocios, la prohibición del trabajo infantil y del trabajo informal. El documento muestra la voluntad de luchar juntos para erradicar cualquier acto de corrupción; reafirma la dignidad en el trabajo, promoviendo el entrenamiento, capacitación y desarrollo del personal; y constituye una apuesta concreta por el desarrollo sustentable –económico, social y ambiental– de la región.

El caso es un reflejo de que no hacen falta pociones mágicas ni inversiones millonarias para generar acciones de cambio. Imaginación, compromiso y dedicación volcados a favor de una causa noble parecen ser, entonces, los ingredientes de una receta que todos deberíamos aplicar y que a nadie puede resultarle ajena.

*El autor es director del área de Comunicaciones del Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresarial (IARSE).

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