Las ONG son el rival más fuerte

Con diplomáticos y políglotas , las nuevas ONG en Bruselas son expertas en cabildeo mundial; en el centro de poder de la UE, las empresas las enfrentan y aprenden de sus estudios e ideas.
Así protestan activistas contra los privilegios de cabildero
Marco Appel
BRUSELAS, Bélgica -

Cuando Daniel Guéguen abrió en 1996 su empresa de cabildeo en Bruselas, sede de las instituciones de la Unión Europea (UE), las organizaciones no gubernamentales (ONG) no eran competencia. “Sólo estaban atentas a la política agrícola común, la legislación sobre alimentos y los temas ligados a la Organización Mundial de Comercio. Y lo hacían con poco conocimiento”, recuerda Guéguen, director general de la firma de consultoría CLAN Public Affairs.

Pero, desde hace algunos años, una nueva generación de ONG, con jóvenes diplomados, políglotas y familiarizados con las nuevas tecnologías, ha ganado una enorme credibilidad técnica en los temas que se discuten. Además, han desarrollado sus habilidades para comunicarse con la prensa y los “eurócratas”, incluyendo novedosas acciones de protesta (como servir cocteles de “transparencia”, vestidos de barman, a las puertas del lugar donde ocurría una supuesta junta secreta con empresarios).

“Las asociaciones comerciales y la industria reconocen su creciente influencia en los órganos de la UE, así como la necesidad de conocerlas mejor y colaborar con ellas”, explica Guéguen. La cementera más grande del mundo, la gala Lafarge, es un ejemplo. Desde 2000, el grupo ecologista World Wide Fund for Nature (WWF) la asesora en materia de desarrollo sustentable, con la condición de que la empresa reduzca 20% las emisiones de carbono de sus plantas para 2010. “Aliarnos con la marca WWF mejoró nuestra credibilidad. Aunque representó un desafío real a nuestros métodos de operación y creencias, también nos permitió movernos más rápido que nuestros competidores en lo medioambiental”, declara su vicepresidente, Michel Picard. Gracias a esa reputación y a los conocimientos que aportó WWF, el gobierno chino les dio permisos para abrir plantas en el país, dice Picard.

Al ser Bruselas un centro de decisiones donde se elaboran las leyes de la UE, las ONG, con 2,000 miembros, se confrontan a diario con 15,000 cabilderos de 500 empresas multinacionales y 1,200 asociaciones comerciales europeas. Todos ellos se concentran en el llamado “barrio comunitario”. Apenas unas calles separan las oficinas de Greenpeace de la petrolera francesa Total, o la sede del Grupo de Contacto de la Sociedad Civil (GCSC) de la central de la Confederación Patronal de la Unión Europea.

Esa competencia cotidiana ha llevado a las ONG a sustentar sus reivindicaciones con estudios, en lugar de proclamas ideológicas. Tienen a especialistas en casi todos los campos y han montado estructuras profesionales, cuyos altos puestos equivalen al de un presidente ejecutivo. Sin embargo, algunos observadores remarcan que los activistas deben su meteórico ascenso también a la política de la UE, que las financia. Mientras la oficina en Bruselas de la Asociación Europea de la Industria Petrolera tiene a 11 personas, la de Friends of the Earth, con un presupuesto de 1.5 MDD al año, emplea a 20. La unidad local de WWF dispone de 3 MDD anuales y 32 empleados, un número que sólo supera el poderosísimo Consejo Europeo de la Industria Química. Fue contra esa industria que las ONG midieron fuerzas entre 2005 y 2007, en la negociación del programa de registro de sustancias químicas Reach. Lo que se aprobó no fue tan estricto como querían las ONG, ni cumplió las demandas de la industria.

En sus cursos de capacitación, Guéguen enseña a no subestimar a las Organizaciones no Gubernamentales. Aunque muchos de sus alumnos trabajen para ellas.

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