¿Está ordenado tu escritorio?

Sam Gosling estudia a las personas a través de los objetos y el orden en su espacio de trabajo; el psicólogo visitó oficinas de empresas y alcobas de una escuela para saber más de sus habitan
Tal vez, Gosling piensa cómo se ven las cosas en su lugar de  (Foto: )
Tania Lara
Austin, Texas -

Quién no goza, cuando menos tantito, al fisgonear, con la mirada, el escritorio o el cuarto de alguien más. Los espacios hablan y cuántas veces no tejemos hipótesis acerca de la personalidad de alguien por el arreglo de su lugar. Para casi todos, éste es un gusto casi inconfesable. Sam Gosling, en cambio, tiene permiso para husmear. Este sicólogo británico que trabaja para la Universidad de Texas en Austin investiga lo que las oficinas y habitaciones dicen de las personas. Ya analizó 94 despachos de cinco empresas y 396 dormitorios de la Universidad de California en Berkeley.

Él parte de la noción de que las personas pasan buena parte de sus vidas en estos espacios y que su manera particular de habitarlos ofrece pistas acerca de su personalidad. Pero su estudio va más allá. Gosling, de 39 años de edad, quiere poner a prueba la teoría del interaccionismo, la cual sugiere que los individuos seleccionan y crean sus ambientes sociales también para reforzar sus preferencias, actitudes y puntos de vista. Por ejemplo, los extrovertidos buscan amigos que les permitan expresar su naturaleza. “Mi hipótesis es que las personas también seleccionan y crean sus espacios físicos para reflejar y reforzar su personalidad”.

Así, una persona que tiene un póster de Martin Luther King muestra un símbolo que le significa algo importante, pero también puede estarlo usando para mostrar quién es ante los demás. Gosling sospecha que hay un cierto grado de intencionalidad en el arreglo de una habitación o un escritorio. “Algunas veces pueden ser decoraciones sinceras y otras veces, estratégicas”. Una oficina que continuamente recibe la visita de clientes, puede estar arreglada de manera tal que sugiera que el ocupante es trabajador y honesto, explica.

Para investigar las 94 oficinas, Sam Gosling y su equipo de observadores entraron a los edificios cuando no había empleados en el lugar, y cubrieron las placas con los nombres y las fotografías para evitar prejuicios.

Durante la investigación crearon 24 categorías de objetos, principios de organización, colores, decoración, luz, ruidos y mobiliario, y una lista de 725 adjetivos como ‘organizado’, ‘oloroso’, ‘a medio comer’, ‘roto’, ‘floral’.

A partir del estudio de todos los objetos (desde un cortauñas hasta artículos de cocina), buscaban delinear la  personalidad del ocupante, entre cinco tipos que tenían previstos: extrovertido, agradable, abierto, consciente y neurótico y sus contrapartes. Una vez que determinaban la personalidad del ocupante, comparaban su análisis con lo que él decía de sí, y con otros dos análisis hechos por sus colegas.

¿Cómo reaccionan los ocupantes cuando les dicen el resultado de su análisis? “Nuestros hallazgos suelen coincidir  con lo que la gente percibe de sí misma”, comenta. Cuando el ocupante no está de acuerdo, Gosling prefiere comparar los hallazgos de la observación de oficina con las percepciones de los colegas. “No asumimos que ellos tienen la razón; la autopercepción puede ser una ilusión”.

La mayoría de las veces, los observadores acertaron que las personas con escritorios muy ordenados y limpios tienen un alto nivel de conciencia. Son personas cuidadosas y disciplinadas que piensan antes de actuar y se fijan metas. Generalmente son muy trabajadoras y confiables. Si presentan un orden extremo, quizá se trate de adictos al trabajo, perfeccionistas y obsesivos compulsivos.

Los individuos desordenados no necesariamente son flojos, pero tienden a ser menos orientados al logro de objetivos. Son personas a quienes les cuesta más trabajo resistir una tentación y que tienen más dificultades para lograr las metas que ellas mismas se imponen.

Por el gusto de mirar
Según esta misma teoría, la variedad (y no el número) de títulos de un librero indica qué tan abierta está la persona a otro tipo de experiencias.

Eso detectó Sam Gosling cuando analizó la oficina de Charles Gibson, el conductor del famoso noticiario de EU Good Morning America. Del lado derecho de la puerta había una repisa con libros, encima, un televisor, un tigre de peluche y una llave. Hurgando en la oficina del conductor, este mirón descubrió que entre los pocos libros había sólo títulos de autores comerciales, como Dan Brown y Tom Clancy. “Cualquiera diría que es una persona con gustos convencionales, pero sólo es una opinión tentativa porque quizás esos libros están ahí porque Charles Gibson debe leerlos para entrevistar a los autores”, cuenta Gosling en su libro Snoop, que saldrá de imprenta este mes.

Él y su equipo estudian la variedad de títulos y su acomodo. Si están en orden por tamaños o en pilas o si tienen el canto hacia la pared. También buscan restos de comida entre las páginas, y apuntan si están maltratadas o si hay anotaciones en los márgenes. Si descubre que el oficinista no ha leído los libros, desata las elucubraciones. Quizá se trate de alguien que espera leerlos algún día pero está demasiado ocupado. “Se trata de un planeador optimista que sabe que está muy ocupado pero no calibra sus compras de libros conforme a su tiempo disponible”. O tal vez es alguien que compra libros simplemente para causar una buena impresión.

Además, hay que ver el orden en la oficina. En la de Charles Gibson, las ligas no estaban en su contenedor y el calendario estaba atrasado 20 días. Eso puede tener explicación: Gibson es una persona a la que no le interesa ser organizado. O, por el contrario, sí le importa pero es incapaz de mantener un sistema de organización. “Tiene deseos de ser organizado pero no lo logra. Tampoco es alguien orientado por tiempos como para mantener su calendario actualizado”. Hay otro tipo de personas que dejan sus escritorios desordenados porque simplemente no valoran el orden. Gibson puede ser de ellas.

Aunque analizar oficinas parece ocioso, Gosling asegura que las personas influyen en sus espacios y que éstos, a su vez, afectan su comportamiento. Por ejemplo, una tercera parte de los participantes analizados tenían sus relojes adelantados, y sólo 4% los tenían atrasados.

Sam Gosling cree que su investigación es relevante para los negocios. “Primero, porque siempre nos formamos impresiones de los demás en ambientes profesionales. Entender cómo la personalidad de alguien está relacionada con su lugar de trabajo puede hacer que nuestros juicios sean más atinados y hacernos ver cómo los demás se crean impresiones de nosotros”, explica. Por ello, dice que su investigación podría conducir a respuestas a cuestiones como: ¿Quién debe dirigir al equipo?, ¿quién sería mejor para estar en contacto con los clientes?

Además, considera que su trabajo demuestra la importancia que tiene la libertad de expresión en los lugares de trabajo. “Las empresas deben dar la libertad de decorar los espacios como al empleado le dé la gana”, explica.

Jennifer Veitch, investigadora de espacios interiores del Instituto de Investigaciones de Construcción de Canadá, coincide con Gosling. “Las organizaciones que permiten que los empleados personalicen sus oficinas tienen mejores niveles de satisfacción laboral”.

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