De la pintura al cultivo orgánico

Esta pareja dejó el negocio familiar y apostó por los cultivos orgánicos, ahora facturan 9 mdp; los Elizondo, con Pro Orgánico, son los quintos Emprendedores del Año 2008 de la revista Expans
Este año, desde Monterrey, crecerán 150% para acercarse a su

Emprendedores: Dora Hernández y Luis Elizondo
Empresa:
PRO ORGÁNICO
Inicio de operación: Abril de 2003
Inversión inicial: 5 millones de pesos
Facturación: 9 millones de pesos

Hay cosas que encuentran acomodo con el tiempo. Intereses que parecieran piezas de rompecabezas distintos y que, súbitamente, caen en su lugar. Eso más o menos les ocurrió a Dora Hernández y Luis Elizondo en 2003.

Durante dos décadas él fue director de Ventas y Mercadotecnia de la empresa familiar, Pinturas Osel, en Monterrey. Un día, simplemente informó a su padre y a sus 11 hermanos que dejaría el negocio.

La familia los miró con suspicacia, pero aceptó la decisión. Luis y Dorita, como él la llama, arrancaron Pro Orgánico, una empresa dedicada a la agricultura de frutas y hortalizas con certificados orgánicos. “Decidimos iniciar un negocio donde nuestra profesión y talento tengan una repercusión social”, relata ella.

En 2003 empezaron las pruebas para su negocio. Su huerto produjo 100 toneladas de naranjas, de las cuales sólo obtuvieron 15,000 pesos. Fue un crudo despertar al mundo de los costos, los intermediarios, la competencia y los precios.

Pero no se dieron por vencidos y crearon un modelo de negocio 100% sustentable, en el que en ocho hectáreas (lo que ellos llaman una unidad básica de producción) desarrollan un pequeño ecosistema entre animales, plantas, clima y tierra. Esta unidad permite la producción natural –sin químicos ni fertilizantes artificiales– de hasta 50 variedades de productos frescos (lechugas, frutas y hortalizas), y que pueden cosecharlos todo el año. Ahí mismo se empaquetan (con una maquinaria que costó 14 mdp) y embarcan para su distribución y venta.

“Tenemos una gran variedad de alternativas para elegir: si producir humus de lombriz (composta), o un proyecto de huerta de frutales, vaca lechera y hortalizas. Son alternativas para una comunidad”, explica Dorita.

En su rancho regio, que recibe camiones de visitas provenientes de otros estados, todo se aprovecha. No producen nada en invernaderos porque esa tecnología no está al alcance del pequeño productor.

Actualmente, Pro Orgánico posee tres huertos, pero su apuesta de crecimiento no es exclusiva para sus tierras, sino que quiere compartir su metodología con otros productores agrícolas dispuestos a ‘convertirse’.

“Queremos que dentro de cinco años una parte pequeña de lo que vendamos sea producción nuestra. Queremos ser más unos desarrolladores de tecnología que grandes productores”, explica Elizondo.

Pro Orgánico comenzó con tres hectáreas sembradas con ajos orgánicos en su huerto. Ahora tienen 338 en tres ranchos ubicados a distintas alturas y climas, donde producen todo el año unas 50 frutas y hortalizas certificadas por Oregon Tilth Certified Organic.

Sus frutos se identifican por las marcas Dorita’s Organic Farms y Nature’s Way Organic Product. Sus hortalizas se venden en 29 tiendas HEB y en Wal-Mart. En 2007 tuvieron ingresos por 9 millones de pesos (mdp); y planean crecer 150% su producción este año, sumando a otros agricultores, para cerrar 2008 con ventas por 20 mdp.

“Establecieron un método de producción intensivo pero diversificado, que les permite tener cosechas todo el año y una buena relación con los supermercados. No es común encontrar esos sistemas”, explica Homero Blas Bustamante, presidente de la Sociedad Mexicana de Producción Orgánica.

La mayoría de los productores de orgánicos siembran extensiones amplias con poca variedad de cultivos, y 90% va para exportación.

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“(Pro Orgánico) nos ofrece productos que incluso en convencional no tenemos; aquí no he visto competidores como él”, confirma Alejandra Aguilar, gerente de Aseguramiento de Calidad de Perecederos de HEB en Monterrey.

Tres agricultores se unieron a ellos este año. Uno de ellos es Gerardo Sánchez, que tiene 20 de sus 100 hectáreas recuperadas del uso de agroquímicos, y 45 más en transición. Desde hace un mes entrega producto todos los días. Para él, los Elizondo llevaron al campo la mentalidad de negocios que faltaba. “Es otra cosa”, dice este agrónomo, hijo y nieto de agricultores. “Aquí hay un programa diario, un contrato y una lista de precios que son fijos todo el año. Eso te da mucha tranquilidad”, agrega.

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