Haz que tu sociedad empresarial funcione

Los socios de negocios con frecuencia actúan como parejas disfuncionales; pero hay una forma mejor: explotar sus talentos por el bien de la firma.
Manos  (Foto: Archivo)
Alexander Stein

Las sociedades exitosas son responsables de algunas de las mejores compañías en la historia empresarial. Pensemos en Ben Cohen y Jerry Greenfield, Bill Hewlett y Dave Packard o Burt Baskin e Irv Robbins. Estos dúos dinámicos aprovecharon la visión que compartían y sus talentos complementarios para crear un todo más grande que la suma de sus partes.

Pero como todas las relaciones intensas, las sociedades no siempre son miel y ganancias. Por ejemplo, Mike F., uno de tres socios de una firma boutique de servicios financieros, se sentía atrapado. Por un lado, lo presionaban su lealtad hacia los clientes y el personal, y su negativa de perro con hueso nuevo a soltar la mano que lo golpeaba; por otro, sentía un creciente y sano impulso de escapar de Don, el pasivo y evasivo fundador de la firma; y Lorraine, su melodramática colega con aires de grandeza.

Como cliente, sólo ves lo que el brillante folleto describe: un alto nivel de profesionalismo y servicios de asesoría. Pero enturbiando esto, se encuentran las políticas de dominación, los ardientes resentimientos y una rabiosa falta de respeto.

Los tres socios son perfectos unos para otros en todas las formas equivocadas. Mike, educado para no esperar nada para sí mismo, es Bob Cratchit (el humilde y muy explotado empleado de Scrooge en "Un Cuento de Navidad", de Charles Dickens), quien trabaja duro para asegurarse de que todo y todos estén bien mientras él se quema las pestañas. Su personalidad encaja a la perfección con la cultura de la firma, que en apariencia valora el auto sacrificio. Lorraine, es como Lucy de Charlie Brown, quien siempre le arrebata el balón al desventurado Charlie justo cuando éste está a punto de patearlo. La adicción personal de Lorraine: concebirse como víctima de la incompetencia de Mike y después precipitarse para salvar el día. En la parte más alta de esta pirámide está Don, el tipo de jefe que siempre llega tarde y se va temprano; que exige que sus empleados hagan lo que dice, no lo que hace; y cuyo lema parece ser  "¿por qué debería hacerlo si tú puedes hacerlo por mí?".

Si ésta te parece una situación desagradable es porque lo es. Pero nunca lo sabrías si los contrataras, porque todo encaja a la perfección. Trabajan en esta perversa discordia como un motor bien aceitado, en el que cada uno hace su parte para impulsar a los otros. A pesar de sus deficiencias como líder, Don fue lo bastante inteligente como para contratar a Mike y Lorraine. La intuición le dijo que sería productivo enfrentarlos uno contra el otro como a cerditos que compiten por la leche de mamá. El cruel maltrato de Lorraine contra Mike sólo lo incita a hacer más, ya que intenta superarla y ganar algo de ventaja. Y la indiferencia de Don ante la crueldad mutua entre Mike y Lorraine, así como ante sus semanas de 100 horas de trabajo, sólo los incita a ir más lejos e intentar en vano ganarse sus elogios.

En términos de negocios, esta sociedad funciona: La compañía gana dinero y los clientes están satisfechos. El problema es que Don, Mike y Lorraine no lo están. Se sienten estancados, pero no saben muy bien por qué o cómo cambiar las cosas. ¿Y entonces? Es evidente que el mal comportamiento debe detenerse (o al menos disminuir), y la comunicación debe mejorar. Pero el problema subyacente es que Don, Mike y Lorraine se relacionan unos con otros como padres, hijos y hermanos en guerra, no como colegas profesionales.

Los socios deben reconocer los límites, ser respetuosos y justos, darse el reconocimiento debido y las críticas apropiadas, y trascender las inhibiciones para tener discusiones francas. Don, como socio administrador, debe confrontar las dificultades que tiene para ser un líder efectivo y ejercer una autoridad real (no vacilar entre el autoritarismo y el absentismo). Esto ya es mucho pedir, pero Mark y Lorraine tal vez tengan un camino más difícil por delante. Para empezar, ambos deben parar de hacer de Don alguien que no es -bondadoso o comunicativo. Entre los roles que él puede (y debería) ocupar con éxito en la firma, el de padre sustituto no es uno.

Si Mike no estuviera tan concentrado en luchar con Lorraine por la atención de Papi, tal vez comenzaría a ver sus contribuciones legítimas. Asimismo, tendría una mejor oportunidad de ayudar a Don a reconocer sus habilidades y su tremenda resistencia. Lorraine, a su vez, debe dejar de atropellar a Mike en su lucha por la aprobación de Don. Nota para Lorraine: Conducir una camioneta a través de la firma no te ayuda a ganar amigos ni respeto.

¿Y entonces? Pensemos en ello de esta manera: Estos socios gastan el 85% de su energía compitiendo y lidiando con explosiones emocionales. Pero aun así, logran obtener ganancias. Imagina lo bien que podría irles si se concentraran en los negocios.

El Doctor Alexander Stein es un psicoanalista que ejerce en la ciudad de Nueva York, así como director de la firma de consultoría Boswell Group.

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