Reos en Jalisco y Querétaro hacen negocio desde la prisión

Un emprendedor creó una fuente de ingresos para convictos dentro de penales; a través de la Fundación PROARCA comercializan bolsas, carteras, zapatos y chamarras.
carcel  (Foto: Thinkstock)
Samantha Álvarez /
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

La vida en el Reclusorio Preventivo de Puente Grande en Jalisco es cara. Desde las ocho de la mañana los presos trabajan en diferentes oficios para pagar sus alimentos, servicios de limpieza y seguridad.  Conviven en un espacio para 4,000 personas, pero viven casi 12,000 internos que esperan sentencia.

“La vida aquí adentro es muy difícil. Tenemos que pagar por la comida, por lavar nuestra ropa y cortarnos el cabello”, dijo Gustavo Ramos, quien lleva cuatro años esperando sentencia acusado por robo a un banco.

Gustavo como otros 200 reos de tres reclusorios de Puente Grande, Jalisco y el Centro de Reinserción Social femenil de Querétaro encontraron una fuente de ingreso en el Proyecto de Arte Carcelario (PROARCA) que emprendió Jorge Cueto-Felgueroso tras estar 11 meses en Penal Preventivo de Puente Grande, Jalisco, acusado por un delito fiscal.

Los internos fabrican bolsas, porta ipads, maletas, carteras, zapatos, cinturones y chamarras para hombres y mujeres con diseños propios basados en la técnica del tatuaje. Fuera de los penales PROARCA da talleres a familias y ex presidiarios para el armado y terminado de las piezas.

La iniciativa intenta evitar la desintegración de las familias de los reos y dotarles de un ingreso para su estancia en el penal. “Cuando una persona cae en la cárcel la mayoría de las familias se disgregan y eso genera problemas sociales y cuando el interno sale de la cárcel no hay quien lo reciba”, explicó el fundador del proyecto.

Los productos se comercializan bajo la marca de Prison ART a través de cuatro tiendas de la fundación ubicadas en San Miguel de Allende, el aeropuerto de Cancún, Playa del Carmen y el Hotel Downtown México en el Distrito Federal.

Sus precios van desde 1,500 pesos hasta 6,500 pesos. Actualmente hay 40 modelos de bolsas y accesorios. Los ingresos de las ventas se destinan al pago del tatuador, también preso, el proceso de maquila, la materia prima, renta de los locales y para continuar el trabajo de la fundación.

“Los presos son uno de los grupos más marginados del país, pues aparte de que están privados de su libertad son discriminados y muy poca gente les da empleo”, dijo Cueto-Felgueroso.

Gustavo Ramos lidera un grupo de 70 internos que cada 10 días produce 160 piezas. “Hay gente muy agresiva, es difícil trabajar con ellos. No aguantan que los manden y a veces no entienden que no pueden hacer su voluntad”, comentó.

No todos son candidatos a trabajar en la fundación, deben pasar por filtros para evaluar sus capacidades, habilidades y carácter. Solo reclutan a personas que se comprometan a desintoxicarse y que parte de sus ingresos sean destinados al sustento de sus familias.

A los tatuadores se les paga por trabajo entregado y pueden tardar desde una semana hasta un mes en entregar piezas. Pueden ganar desde 5,000 a 7,000 pesos mensuales.

A través de su hijo, Giovanni de 27 años, Gustavo recibe la materia prima y envía los productos a los talleres para terminarlos. Después son enviados al DF para su distribución a las tiendas.

PROARCA iniciará en los próximos meses operaciones en el Reclusorio Norte del Distrito Federal, pero para lograrlo requiere invertir unos 700,000 pesos para emplear al menos a 50 personas. “Necesitamos capital de trabajo y abrir una tienda para comenzar a operar y no detener el trabajo por falta de ventas”, dijo Jorge Cueto-Felgueroso.

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Entre sus planes está ofrecer un programa de incentivos a los presos para que acumulen puntos con los productos que elaboren y puedan obtener despensas para sus familias, útiles escolares y juguetes para sus hijos.

En 2008 el Tecnológico de Monterrey Campus puebla y el Cereso del estado comenzaron un proceso de incubación de empresas para los reos, pero la iniciativa terminó en 2014 por reestructura interna de la Universidad. Por su parte, la Fundación Pro Mujeres Cautivas genera empleos y capacitación en un oficio para las internas de los penales de la ciudad de México.

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