Management con corazón

El liderazgo espiritual no tiene que ver con la religión, sino con estimular la pasión y el entusiasmo de un equipo de trabajo.
management espiritual  (Foto: Jo Empson, Expansión)
Ignacio de la Cierva García
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

“Si una empresa usa a los empleados como una simple prolongación de sus máquinas, no puede esperar que innoven, sean felices y productivos”, dice Simon Dolan, profesor de la escuela de negocios ESADE, en Barcelona, España. “Si quieres mantener una buena relación con tu pareja, debes generar pasión, confiar en ella y estar en sintonía con sus valores éticos, económicos y emocionales. Lo mismo ocurre con la relación entre directivos y empleados”.

Con esa idea, Dolan escribió el libro Dirigir por valores: La conexión espiritual del liderazgo. Tras la publicación, en 2012, el profesor recibió miles de mensajes de empresarios interesados en el tema.

Como no tenía todas las respuestas, organizó el Congreso Mundial sobre Espiritualidad y Creatividad en la Gestión Empresarial, en Barcelona. En éste participaron grandes gurús en la materia. Por ejemplo, Peter Senge, académico de la mit Sloan School of Management, Naomi Tutu, hija del pacifista africano Desmond Tutu, y Richard Boyatzis, profesor de la ESADE y especialista en inteligencia emocional.

De momento, Dolan no trabaja para ninguna empresa mexicana, pero inició contactos con la Fundación Carlos Slim. Su idea es divulgar sus herramientas pedagógicas y libros gratuitamente en las escuelas mexicanas. “Me veo un poco como don Quijote, un soñador que busca mejorar las condiciones laborales y sociales de este mundo”, dice.

¿Cómo definiría la palabra ‘espiritualidad’?

A grandes rasgos, podemos decir que es aquello que toca más el alma que el bolsillo. La espiritualidad no tiene que ser una palabra vacía, como otras muchas del marketing. Llegamos a este mundo en contra de nuestra voluntad y salimos de éste también en contra de ella. Para dar sentido al ‘teatro de la vida’ y ser felices, el ser humano tiende a crear refugios espirituales, como pueden ser las religiones o la meditación.

Hoy, las empresas creativas consideran que para generar entusiasmo y pasión necesitan motivar a sus trabajadores, y eso se consigue cuidando su alma y con un ambiente divertido de trabajo.

¿Quién debe ocuparse de la espiritualidad, el ceo o el departamento de Recursos Humanos?

En sociología, se suele señalar que los grandes líderes deben tener ambiciones, esforzarse en el día a día e inspirar. De estos tres, el último es el que está más relacionado con la espiritualidad. Los líderes espirituales inspiran porque no sólo buscan obtener beneficios económicos, también dotan de sentido a lo que hacen. Ocho de cada 10 fusiones o adquisiciones de empresas fracasan porque sólo miran el aspecto económico y no los valores que se desea alcanzar. Si no hay valores compartidos, no podemos hablar de cultura organizacional.

En la teoría de gestión se habla mucho de valores corporativos, ¿en qué son distintos a los valores espirituales?

La principal característica que distingue los valores espirituales —como pueden ser la contemplación, la creencia y la compasión— del resto es que éstos se generan más allá de la propia persona. A diferencia de los valores corporativos, los espirituales no inciden directamente en la eficacia organizativa, pero sí proporcionan una plataforma para alinear y dar sentido a los valores terrenales.

A corto plazo, una organización y un líder pueden vivir sin ellos. Pero, a largo plazo, su ausencia se antoja imposible: la espiritualidad le da sentido a la empresa y hace felices a las personas.

Ser o no ser

Los académicos Simon Dolan y Salvador García acuñaron el modelo de gestión Dirección por Valores (DpV), en 1997. Éste rompe con la filosofía de Dirección por Objetivos, que aún domina en las empresas. Sus propuestas son:

1. Balance emocional, económico y ético

Buscar un equilibrio entre la salud financiera, ética y emocional de la empresa genera más felicidad interna y una mayor ventaja competitiva en el mercado, que contribuyen a crear un mundo mejor. Lo mismo puede suceder en una familia o en un equipo más reducido de trabajadores. El equilibrio de los tres ejes —económico, social y pragmático— permite una sinergia en la que el cuerpo y el alma se reúnen. Sin ellos, el alma se convierte en un fantasma y el cuerpo, en un cadáver.

2. Crear ideas que ilusionen

Un líder debe dotar al proyecto de una meta ilusionante que responda a las preguntas ¿hacia dónde vamos?, ¿para qué? y ¿cuáles son las reglas del juego? Hay que conseguir que las persona deseen ir a trabajar. Si el trabajador aborrece su empresa y su entorno laboral, no logrará involucrarse al máximo en la consecución de objetivos.

3. Sacar lo mejor de cada colaborador

Humanizar la empresa —y no tratar a los trabajadores como simples piezas de engranaje de una entidad material— incide en la transformación de las personas, centrándose más en el cambio de actitud y de conducta que en la recepción de información y desarrollo de habilidades. Un líder debe apoyarse más en la satisfacción personal que en el salario. Sin embargo, la DpV no reemplaza otros modelos de gestión tradicionales como la Dirección por Objetivos, sino que los complementa con aportaciones de la antropología y la sociología.

4. Dotar de legitimidad al equipo directivo

Cohesionar y dar credibilidad al equipo directivo de la empresa ante sí mismos, sus colaboradores y ante el conjunto de la sociedad es vital. Las personas, con sus distintos valores, tienen que ser la base de la organización empresarial. Esto favorece la creatividad en la resolución de problemas complejos, incentiva la profesionalidad en una organización en forma de red e impulsa el compromiso, el aprendizaje y la creatividad.

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