El peso, el recorte presupuestario y Trump, verdugos de la industria del libro

El sector de los libros vive un momento difícil. La industria editorial, ahora reunida en la FIL, busca resistir con varias estrategias, como hacer más ferias y lograr acuerdos con gobiernos.
Los dejan de lado.  En tiempos de austeridad económica, una de las primeras cosas que se dejan de consumir son los libros.  (Foto: Jesús Almazán)
Rosalía Lara
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

En un país donde se leen menos de cuatro libros al año, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la industria editorial es una de las más golpeadas en tiempos de incertidumbre económica.

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Si bien durante 2016 las ventas de la industria se mantendrán en los niveles del año pasado, 2017 será un año complicado para las editoriales de libros, estimó Carlos Anaya, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem). “Es un panorama difícil. Vemos 2017 como un golpe. Por varios frentes tendremos afectaciones”, dijo.

El aumento en el precio del papel, la depreciación del peso, el menor poder adquisitivo de la población, los recortes presupuestales del gobierno y hasta la victoria de Donald Trump afectarán al sector.

“Muchos de los insumos para la producción de libros son importados, por lo que (el tipo de cambio) afecta el costo del libro, y ese costo se debería trasladar al precio. Pero si se traslada al precio, la gente no puede comprar”, comentó Fernando Esteves, director general de Ediciones SM.

Tras la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, el peso está en su peor nivel histórico: cotiza cerca de las 21 unidades por dólar.

Pero ese no es el único factor por el "efecto Trump" que perjudica a la industria editorial.

“Nosotros, que estamos en un proceso de ampliación con las bibliotecas en Estados Unidos de habla hispana; con estas campañas (la de Trump), pues me parece que se ve a restringir la adquisición de libros, que al final de cuentas es la manera de arraigar a la gente que vive dentro de Estados Unidos a su cultura originaria”, refirió Anaya.

Además, el probable descenso en las remesas y el empleo, y el aumento de la inflación, reducirán el poder adquisitivo de los hogares. En ese escenario, “una de las primeras cosas que se dejan de consumir son los libros”, lamentó Anaya.

La pérdida de empleos también provoca una reducción de la matrícula en escuelas privadas, y “por consiguiente una menor venta de libros de texto en las escuelas, o en su defecto escuelas que nos piden a los editores que congelemos los incrementos de precios”, afirmó Esteves.

Y de parte del gobierno, la debilidad económica le ha llevado a recortar el presupuesto a diversas secretarías como las de Educación Pública (-14%) y Cultura (-21%), lo que también afecta a las editoriales.

No todo está perdido

Las empresas editoriales buscan cómo solventar la situación.

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El líder de la Caniem comentó que, entre otras cosas, el sector busca crear más ferias y desarrollar nuevos lugares donde exhibir los libros. También quiere ampliar la red de librerías y conseguir el apoyo de la Secretaría de Cultura federal, de la secretarías de Cultura y Educación de los estados y de las universidades estatales.

Por otro lado, la industria prevé que las presentaciones de libros serán más austeras el año próximo. “En momentos de crisis hay que ajustarse el cinturón, ser más eficiente y reducir márgenes a la espera de que vengan tiempos mejores”, afirmó Esteves.

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