México carece de una corriente arquitectónica especializada en los niños

para adecuar las escalas, los colores y los materiales de sus diseños.
Raquel Peguero
Autor: Raquel Peguero | Otra fuente: OBRAS
(Obras) -

Aunque hacer un museo para niños no es cosa de juego, la arquitectura infantil en México se limita a esfuerzos particulares.

“No tenemos una arquitectura para niños, como no tenemos muchas otras para otros segmentos, como la tercera edad”, resume la arquitecta Lourdes Guevara.

Los infantes representan 28.1% de la población mexicana, unos 30.5 millones de personas; sin embargo, no existe una corriente de diseño arquitectónico que se especialice en ellos.

“El concepto como tal (arquitectura para niños), por lo menos en México no existe”, reitera Guevara.

¿Qué implica esto? Que quienes realizan este tipo de obras en México se basen más en los espacios, los colores y las texturas que les emocionaban en su infancia que en otros criterios.

Los proyectos deben atender a la psicología infantil porque están en una etapa formativa y determinante de la vida al mismo tiempo que deben ser espacios sensoriales que los seduzcan, dice Guevara.

“Se tienen dos grandes tentaciones al diseñar espacios para niños: la aplicación de formas y de colores”, señala por su parte Jorge Vázquez del Mercado, director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Anáhuac del Sur, y arquitecto a cargo del diseño del Museo Bebeleche, en Durango.

“El éxito radica en lograr un balance entre ambos”, considera.

Desde 1990, cuando se convocó a un concurso para diseñar el Papalote Museo del Niño, se han construido 42 recintos con un propósito similar.

Esta institución, que dirige Marinela Servitje, asesora la creación de diversos espacios museográficos, desde su conceptualización, diseño y desarrollo, hasta la construcción, la producción de exhibiciones y la operación.

Papalote es una asociación civil, con una marca conocida”, argumenta Servitje, cuya institución ha compartido su experiencia en recintos como el “Verde” de Cuernavaca y el “Parque Bicentenario”.

En los espacios que supervisa directamente el Papalote, se realiza una investigación de los metros cuadrados en planta y se detallan sus necesidades.

Los arquitectos proponen la altura acorde con las salas y la institución hace una lista de todos los espacios que incluirá el nuevo museo.

Con esta información se comienza a proyectar el edificio y conforme se va construyendo, va analizando los espacios.

“Si es lo que decidimos, realizamos un anteproyecto junto con el arquitecto. Ya que estamos seguros, pasamos al proyecto”, explica Servitje.

La cuestión de las alturas, agrega Vázquez del Mercado, es un tema controvertido.

“A Ricardo Legorreta, quien diseñó el Papalote de Chapultepec, le gustan los techos muy altos y, si bien son magníficos, suelen amedrentar a los pequeños, por lo que deben considerarse alturas donde los niños no se sientan muy solos”, explica Servitje, a quien no le parece que los espacios deban ser tan formales.

“Deben tener algo lúdico, simpático y, a veces, recovecos, que a los niños les encantan. También zonas oscuras y otras con luz”, sugiere.

Por su parte, el Museo Bebeleche (nombre que se le da en Durango al juego del “avioncito”, donde se brinca sobre un avión pintado en el suelo) cuenta con una fachada que combina el color con el uso del vidrio y el concreto, materiales que no requieren mantenimiento.

“Si abuso de la forma y del color, tengo la impresión de que se me viene encima”, comenta Vázquez del Mercado. Cuando se tienen formas sencillas, el color le da el empujoncito para que sea altamente atractivo, argumenta.

Al diseñar espacios para niños, conceptos como la seguridad son fundamentales en sitios como los pisos, donde los pequeños pasan la mayor parte del tiempo.

“Manejamos chicos y eso es primordial en el momento de decidir entre estética y seguridad”, asegura el argentino Juan Vidal, fundador de la empresa Arquitecto Juan Vidal y Asociados, egresado de la Universidad de Buenos Aires y con posgrados en planificación del paisaje y urbanos.

Entre las medidas de seguridad primordiales están dejar todos los cables ocultos, los plafones con aislantes contra incendios e instalar rejas, cámaras de seguridad, salidas de emergencia, puntos de reunión, hidrantes, clósets para bomberos y señalizaciones, además de privilegiar el uso de materiales no tóxicos y evitar las superficies filosas.

¿Quieres más noticias como esta?
Recibe nuestros artículos sobre viajes, moda, lujo, cultura y estilo.

Visita la revista Obras.

Ahora ve
El cambio climático está afectando los lugares más bonitos del mundo
No te pierdas
×