González Iñárritu: el director exigente y protector de sus actores

Dentro del set, el director mexicano se describe como "un dolor de cabeza", pero esa exigencia lo ha llevado al éxito mundial
Pintura Iñarritu  pintura
Alejandra Musi
Autor: Alejandra Musi | Otra fuente: CNNMéxico
(CNNMéxico) -

Dentro del set, Alejandro González Iñárritu se describe como "un dolor de cabeza", pero su exigencia y su equipo lo han llevado a los festivales y foros más importantes del mundo. En la actualidad, tiene en sus manos la cinta de la que más orgulloso se ha sentido.

Su imagen contrasta con el aspecto ceñudo que, cuentan varios actores, muestra mientras filma. Y después de una cinta como Biutiful –que tomó ocho meses de filmación, y otros tantos de montaje y postproducción– luce dispuesto a olvidarse del estrés. Con el Mediterráneo como fondo, el cineasta nos habló de lo que rodeó este proyecto.

Se dice que tienes dos personalidades: una dentro del set y otra fuera de él.

Como director, soy sumamente exigente. No me gustan las relajaciones, las sonrisas ni los ruidos: los teléfonos celulares se apagan y se entregan, tengo un alto compromiso con la excelencia. Soy exigente con los actores, pero también soy muy generoso con ellos porque busco que estén en un entorno perfecto.

Suena como si generaras un ambiente de retiro...

La mayoría de la gente vive cegada por la gran cantidad de información y ruido que hay alrededor. El silencio te hace olvidar las voces que te persiguen por el teléfono celular. Creo que todos debemos aprovechar la espiritualidad.

Hablando de ese estado, esta película se la dedicas a alguien muy importante para ti, tu padre.

Sí, porque el primer miedo irracional que tuve en la vida fue la posibilidad de perderlo. De niño, cuando lo escuchaba roncar o respirar muy agitado, pensaba que se iba a morir. Descubrir que no era eterno y que me podría faltar algún día me afectó mucho. Siempre ha sido un gran maestro y ahora que yo soy padre me doy cuenta de la complejidad que esto tiene. Estoy en una etapa en la que necesito reflexionar mucho sobre la paternidad y eso se ve en Biutiful.

¿Cómo nació la idea de esta historia?

Desde hace muchísimo tiempo, yo ya traía en la mente al personaje de Uxbal (Javier Bardem). Cuando estuve en Barcelona me di cuenta de que este personaje debía ser de ahí porque era un inmigrante en su propia tierra. Desde entonces, todo empezó a estructurarse, y a cobrar mayor fuerza y sentido.

Prácticamente, cualquier ciudad europea se presta para el tema de la inmigración. ¿Por qué Barcelona?

Primero por la comida, ¡la más rica del mundo! (ríe). La segunda razón es la belleza de la ciudad y los contrastes que tiene. Recuerdo que caminando por sus calles un día, después de muchos años de no haberla visitado, me sorprendió ver la comunidad tan compleja que está formándose en sus suburbios. A esta comunidad muy poca gente la ve, o más bien, no quiere verla ni integrarla.

¿Del trabajo con Javier Bardem...?

Es un magnífico actor. Yo siempre había trabajado en cintas donde el peso se recargaba en varias personas. En esta ocasión, Javier cargó la película sobre sus espaldas durante más de seis meses, así que el proceso fue durísimo. Además, él y yo somos muy intensos. ¡Se juntó el hambre con las ganas de comer! El resultado, no obstante, es muy satisfactorio.

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