La competencia por la portada perfecta: 'Fue el paraíso mientras duró'

Ante el último número impreso de Newsweek, M. Whitaker, editor por muchos años de la revista, relata las historias detrás de las portadas
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Por: Mark Whitaker
Autor: Mark Whitaker | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Mark Whitaker es vicepresidente ejecutivo y director editorial  de CNN Worldwide. Whitaker trabajó en Newsweek por 25 años y fue el editor entre 1998 y 2006. La última edición impresa de Newsweek se publica esta semana.

(CNN) — Cuando la gente me pregunta si extraño algo de mi antiguo empleo en Newsweek, la respuesta es fácil. Además de los colegas increíblemente talentosos con los que trabajé en ese lugar, extraño escoger la portada.

La portada es la tarjeta de presentación de cualquier revista, pero esto fue especialmente cierto para las revistas de noticias, ya que sacábamos una nueva edición cada semana y la variedad de temas entre los que teníamos que elegir era muy amplia.

En mi época, cuando se hacía cada vez más intensa la competencia por más noticias al instante en la televisión por cable y en internet, esta era también la única área en donde nuestra frecuencia de paso de tortuga podría operar a nuestro favor.

Haz algo inteligente, llama la atención en la portada, y se mantendrá en los puestos de revistas y en las mesas de café durante toda una semana para que los lectores la vean y la discutan. Esa es la razón por la que, por ejemplo, todavía escucho a la gente hablar sobre el tema de portada que le pedí a Fareed Zakaria, mi excolega en Newsweek (y ahora en CNN), escribiera después del 11-S, llamado “¿Por qué nos odian?”.

Por supuesto, lo contrario también es cierto. Haz algo tonto para llamar la atención en la portada y tendrás que vivir con ella durante toda una semana. Se me ocurre la portada burdamente fotoshopeada de Martha Stewart saliendo por detrás de una cortina tras su breve estancia en la cárcel por obstruir la justicia y hacer declaraciones falsas a los investigadores.

Durante décadas, la portada también fue la forma en que se definió la feroz competencia entre Newsweek y Time. En la década de 1960, Newsweek se convirtió en una “revista de moda” después de tres décadas de ser una revista segundona, en gran parte gracias a sus portadas progresistas sobre los derechos civiles, Vietnam y el movimiento de mujeres (por no hablar de Twiggy y el LSD). En la década de 1970, fue la ingeniosidad de sus diseños de portada, así como la profundidad de susreportajes lo que impresionó a todos los que siguieron la cobertura de Newsweek del Watergate.

Cuando ambas revistas pusieron en la portada de la misma semana al entonces joven Bruce Springsteen, en 1975, se convirtió en creencia popular el que tratamos de copiarnos el uno al otro. Pero la verdad era lo contrario: Siempre estábamos en busca de ganar la guerra de portadas, y nos regocijamos cuando lo logramos.

Uno de esos momentos para mí llegó el fin de semana en que murió la princesa Diana, en 1997. Nos juntamos, rechazamos el tema que acabábamos de establecer en el cierre de edición y regresamos a la oficina en plena madrugada para publicar uno nuevo. Yo quería una imagen llamativa para la portada y me acordé de una foto blanco y negro de Diana con el cabello corto que había sido tomada por Patrick Demarchelier, fotógrafo especializado en moda.

Uno de mis editores de fotos, un amigo de Demarchelier, fue a su departamento, lo despertó y lo convenció para que nos diera el negativo. Cuando, horas después, vi a través de un cable la foto de la portada de Time, una toma del montón de Diana, sabía que nuestra edición aplastaría a la suya en los puestos de periódicos. Y así fue, vendiendo más de un millón de copias.

Algunas semanas, como esa, el suspenso radicaba en “irrumpir” una portada de último minuto cuando una gran historia surgía cerca de nuestro cierre dominical. John F. Kennedy Jr. murió en un accidente de avión, o Saddam Hussein fue capturado en Iraq, y tuvimos que cambiar las portadas, con la satisfacción de vernos el lunes ágiles y noticiosos.

No obstante, a veces pueden pasarse por alto detalles debido a las prisas. En 1990, cuando escribí un artículo el domingo sobre la salida de la cárcel de Nelson Mandela, pusimos (en inglés) la palabra Free! en la portada. Nunca nos pusimos a pensar que la gente asumiría que estábamos regalando la revista.

En las semanas más lentas de noticias, la satisfacción radicaba en plantear una pregunta apremiante o provocativa sobre la economía, o sobre las relaciones raciales, o sobre los derechos de los homosexuales, o sobre la lucha para mejorar nuestra salud o para salvar nuestras escuelas. O radicaba en decidir qué iconos merecían la portada cuando murieron, y qué nuevos personajes de la cultura eran merecedores de ser destacados. Igual de orgulloso que estuve por poner en nuestra portada de fin de año de 2004 al recién electo senador por Illinois, de nombre Barack Obama, así lo estuve por elegir a Jon Stewart, en 2003.

Después estaba la pura diversión creativa de la lluvia de ideas para los diseños y las palabras de la portada. Nunca olvidaré la noche de las elecciones de 2000, cuando la contienda entre George W. Bush y Al Gore estaba en tiempos extras. Estábamos cerrando un número especial, y habíamos preparado portadas por separado en la que cada uno de los candidatos era el ganador. ¿Y qué hacíamos en este caso?

Cerca de las 3:00 hora local, mi directora de arte entró en mi oficina con una imagen que su equipo de trabajo había elaborado con los dos rostros fundidos en uno solo. “¡Eso está genial!”, dije, y la pusimos en la portada con el encabezado: “El ganador es ...”.

Décadas después, cuando la gente haya olvidado la mayor parte de lo que leyeron en las páginas de Newsweek, todavía recordarán el impacto visual de portadas como esa. Y los que tuvimos la fortuna de trabajar en ese lugar recordaremos las madrugadas, arremolinados en la oficina del editor, compitiendo por ver quién tendría la mejor portada.

Esto fue verdaderamente el paraíso mientras duró. 

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