José Guadalupe Posada, un "rompecabezas" rodeado de mitos e imprecisiones

Historiadores que han estudiado al grabador mexicano señalan que lo que se sabe de su vida e ideología está plagado de suposiciones
Autor: Dora Luz Haw | Otra fuente: CNNMéxico

A un siglo de su muerte, hay un José Guadalupe Posada (Aguascalientes, 1852 – Ciudad de México, 1913) por descubrir. A pesar de la vasta bibliografía que existe sobre el pintor y caricaturista, muchas son las dudas que prevalecen sobre su vida e ideología.

La incógnita se debe no solo a que el ahora célebre grabador dejó miles de imágenes, sino a que jamás escribió sobre sí mismo y a que en vida nunca fue considerado un artista o persona ilustre. Era un dibujante que, como muchos, vivía anónimamente de su trabajo gráfico. Su alcoholismo lo llevó a fallecer en la soledad, la pobreza y sin reconocimiento.

Los mitos en torno al ilustrador surgieron tras su muerte, dice la historiadora Elia Emma Bonilla Reyna, autora del libro José Guadalupe Posada a 100 años de su partida.

“Son los artistas posrevolucionarios quienes lo rescatan y al mismo tiempo lo reducen, manipulan su imagen y la acomodan a sus intereses y necesidades. Son ellos quienes lo construyen en un artista político y revolucionario, pero en realidad Posada era un ilustrador comercial”, dice.

En la actualidad, hacer un trabajo sobre él resulta complejo por las contradicciones que surgen entre las diversas generaciones de investigadores, señala Antonio Camarillo, cineasta que para conmemorar el aniversario luctuoso del creador realizó el documental Calavera del montón tras los huesos de José Guadalupe Posada.

“Fue Diego Rivera y luego Jean Charlot quienes comenzaron a valorar su obra y se dieron a la tarea de enarbolarlo como un gran artista. Pero su personalidad es prácticamente una construcción de Rivera. Por ejemplo, para algunos fue un revolucionario, sin embargo, para otros, como el caricaturista e investigador Rafael Barajas El Fisgón, en realidad manifestaba una gran simpatía por el Porfiriato”, dice Camarillo.

El investigador Agustín Sánchez, autor del libro  José Guadalupe Posada. Un artista en blanco y negro y curador de El gran ilustrador de lo mexicano, exposición abierta en el Museo de Historia Mexicana de Monterrey, describe a Posada como un "rompecabezas" con muchas piezas sueltas. Aunque lleva dos décadas tras este personaje, el experto admite que su biografía está rodeada de imprecisiones.

“Te puedo decir incluso que ahora que revisé el libro que publiqué en 1997 me doy cuenta de que a la luz de las nuevas investigaciones, tiene muchas contradicciones. Además, internet es una fuente que desgraciadamente ha permitido la reproducción infinita de erratas y mitos”, detalla el historiador, quien ha documentado los sitios en los que vivió el grabador y encontró su acta de bautizo, así como el acta de defunción de su hijo muerto a los 17 años a causa de tifo.

“Me sorprende que alguien como El Fisgón acuse a Posada de porfirista. Yo creo que como historiador no puedes juzgar a los muertos sino ponerte en sus zapatos y entender que no era un fundamentalista, sino un ilustrador que registraba lo que sucedía a petición de los editores.

"Ya antes Leopoldo Méndez lo había puesto como un político radical antiporfirista, sin embargo, era un artista que no se creyó artista, que hacía sus monos y ya y no andaba militando”, dice Agustín Sánchez.

Al respecto, Bonilla Reyna asegura que en la obra de Posada existen lo mismo elogios que críticas a Porfirio Díaz. “Desde mi punto de vista solo responde a encargos y no veo ninguna lealtad a Díaz. Creo que aún hoy en día es muy complejo entender su postura política, puesto que no hay nada escrito y las imágenes son contradictorias”, comenta.

Otro de los grandes mitos difundido socialmente es la idea de que Posada fue creador de las calaveras y que es lo único que hacía, dice Maritere Espinosa, directora-curadora del Acervo Antonio Vanegas Arroyo, archivo que contiene un sinnúmero de imágenes del grabador.

Espinosa asegura que el uso de las calaveras era ya una tradición cuando Posada comenzó a hacerlas por encargo y explica que la idea de que solo hacía este tipo de imágenes responde a lo que se ha difundido mayormente a partir de que Diego Rivera pintó La Catrina, o Calavera Garbancera, de cuerpo entero en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, en 1948.

Destaca que, además de las calaveras, fue autor de figuras maravillosas como el vendedor de juguetes, el chalequero, figuras de amor y monstruos.

Así lo deja ver desde 1963 Leopoldo Méndez, quien en un libro publicado por el Fondo Editorial de la Plástica Mexicana, quizá la compilación más amplia que se ha hecho hasta ahora de Posada, permite ver que su obra es mucho más vasta y que abarca no sólo la política sino la religión y el costumbrismo, dice Bonilla Reyna.

Sánchez, también periodista, escritor y asesor del Museo de la Caricatura, aclara que tampoco es cierto que solo era trabajador de la imprenta de Vanegas Arroyo, ya que al ser un freelancer colaboró en unos ocho sitios más.

“Nunca estuvo en la cárcel, este es un dato falso promovido por la red”, dice.

“También es mentira que Manuel Manilla le enseñó a trabajar, puesto que él ya había hecho cosas maravillosas en Aguascalientes y León antes de llegar a la Ciudad de México y, por si fuera poco, tampoco es cierto que se va de Aguascalientes en 1871 por motivos políticos: simplemente migra a León, tras la muerte de su padre, porque encontró una oferta de trabajo comercial”.

Para Bonilla Reyna la obra de Posada necesita ser estudiada, porque no se ha hecho lo suficiente.

“Hay miles de libros y mucha gente toma la pluma para hacer publicaciones que solo repiten lo ya publicado. Está bien a nivel de difusión, pero no se ha ahondado seriamente en muchos temas. Creo que es un gran pendiente que bien valdría la pena ir saldando”, agrega.

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