Juego de luces y sombras revela un 'calendario astronómico' en El Tajín

Arqueólogos detectaron un juego de luces que ocurre en la pirámide de Los Nichos, en Veracruz y que coincide con el inicio de la primavera
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| Otra fuente: CNNMéxico

Un juego de luces y sombras en la pirámide de Los Nichos, la principal de la zona arqueológica de El Tajín, en Veracruz, ha desvelado lo que, según arqueólogos mexicanos, era el ritual con el que la cultura totonaca daba la bienvenida a la primavera, lo que ellos interpretaban como el descenso de Quetzalcóatl.

Del 15 al 25 de marzo pasados, un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) registró por primera vez en El Tajín este fenómeno, que es conocido en otras zonas arqueológicas del país.

En El Tajín, el fenómeno ocurre de la siguiente forma, según documentó el INAH en un comunicado: al amanecer, la luz del Sol comienza a caminar por los extremos del paisaje hasta colocarse detrás de la pirámide de los Nichos; cuando el Sol se ubica justo arriba del cerro de Los Mantenimientos, la luz comienza a iluminar la pirámide poco a poco, desde su séptimo cuerpo (el más alto).

Cada minuto, la luz irradia un nuevo cuerpo hasta llegar a la base y tocar la tierra. En ese momento, todo el edificio queda bañado de luz mientras el resto de las edificaciones del conjunto arquitectónico permanecen en penumbras. Este proceso dura siete minutos.

El fenómeno posiblemente era considerado por los habitantes como el descenso de Quetzalcoátl y marcaba el inicio de la siembra para las culturas Mesoamericanas, de acuerdo con declaraciones citadas en el comunicado de Patricia Castillo, responsable de campo en la investigación.

Los arqueólogos del instituto han documentado y analizado durante cuatro años el sitio prehispánico. El proyecto implicó hacer mediciones astronómicas en el cerro de Los Mantenimientos, ubicado en el oriente del sitio arqueológico, detrás del edificio de Los Nichos.

El estudio confirmó que El Tajín fue planeado y construido con base en una clara orientación astronómica y en relación con el paisaje, al igual que otras ciudades importantes de Mesoamérica.

La pirámidede Los Nichos (llamada así porque los tableros que forman su fachada están decorados con 365 nichos) tiene una alineación exacta en relación al cerro de Los Mantenimientos, de acuerdo con Castillo.

Esta orientación genera un juego de luces y sombras que prueba que El Tajín fue la ciudad sagrada de una de las cuencas del Golfo de México, equivalente a Teotihuacán en el Altiplano, y Chichen Itzá, en la zona maya, según la arqueóloga.

La pirámide de Los Nichos es un “marcador astronómico” construido para que una deidad descienda del cielo a la tierra, añadió.

El Sol (Quetzalcóatl) y el agua (Tláloc) eran las deidades principales de los antiguos habitantes de El Tajín. Cuando cada uno de estos dioses descendía a la tierra era para fecundarla y permitir que hubiera buenas cosechas, según las creencias.

Los antiguos habitantes de El Tajín conmemoraban de forma especial los días que en occidente coinciden con el equinoccio. Se cree que esta zona tuvo su apogeo entre los años 800 y 1150.

“Las ciudades antiguas de Mesoamérica celebraban eventos solares que correspondían al cuarto de año, fechas calendáricas que se ubican a la mitad de lo que ahora se llama solsticio, indicaban los cambios de estación (primavera y otoño). Estos eventos se manifestaban en la arquitectura de ciudades sagradas o en sus edificios emblemáticos, convirtiéndolos en calendarios del paisaje que marcaban tiempos estacionales”.

Los juegos de luces y sombras en las pirámides marcaban los tiempos de los rituales.

La hipótesis de los arqueólogos que trabajan en El Tajín es que hay seis edificios emblemáticos en el área nuclear o ceremonial del sitio donde también ocurren fenómenos arqueoastronómicos que todavía deben ser estudiados.

La semana pasada, el INAH dio a conocer el descubrimiento, mediante el uso de sensores remotos y de teledetección, de tres canchas de juego de pelota, un par de edificaciones a gran altura conocidas como balcones y un área habitacional de más de 1,000 años de antigüedad en la zona.

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