Shirley Temple, una 'estrella fugaz' que dejó huella como actriz modelo

La actriz, quien falleció este martes, fue una celebridad del cine durante pocos años, pero hizo de su vida adulta un ejemplo a seguir
Shirley Temple, un legado en el cine y la política
Todd Leopold
Autor: Todd Leopold
(Reuters) -

El presidente Franklin D. Roosevelt la llamó la “Señorita Milagro”.

Ese era el poder de Shirley Temple en la Gran Depresión, una época oscura en la que millones se quedaron sin trabajo y luchando para sobrevivir. En medio de esto llegó una niña con rizos, cuyas películas; como Little Miss Marker, Curly Top, Bright Eyes y Captain January, los permitieron olvidarse de eso, aunque fuera por solo un momento.

“Shirley podía hacer creer a las personas, aunque fuera durante 90 minutos, que no había problemas en el mundo”, dijo uno de sus compañeros como estrella infantil, Dickie Moore.

Shirley Temple Black, quizá la mayor estrella infantil en la historia, murió este lunes. Tenía 85 años.

Hubo estrellas infantiles antes de Shirley Temple; Jackie Cooper y Jackie Coogan, para nombrar a dos, y ciertamente no hacen falta ahora, con la televisión de reality y canales de clave dirigidos a niños que idean una nueva improvisación alegre cada seis meses. Pero con su personalidad brillante, el talento para el canto y baile y el poder taquillero, probablemente no ha habido igual en la historia.

“Representó, para muchos, el epítome de la bondad infantil y los sentimientos, una luz de esperanza para el futuro de Estados Unidos y la encarnación física de la niña perfecta”, escribió una socióloga británica, Jane Catherine O’Connor en The Cultural Significance of the Child Star.

Shirley Temple en todos lados

En la cima de su fama a mediados de la década de 1930 estaban las muñecas Shirley Temple, los vestidos Shirley Temple, cerámica de Shirley Temple, cuadernos Shirley Temple, jabón Shirley Temple y partituras Shirley Temple. Había un coctel sin alcohol; ginger ale con un toque de granadina, rematado con una cereza marrasquino, nombrado en su honor.

Se le otorgó un Oscar honorario en 1934. Fue la estrella número uno de la taquilla en la nación de 1935 a 1938. Casi llevó sola a 20th Century Fox, su estudio, de vuelta a la rentabilidad.

Era tan conocida, tan icónica, que incluso se dio a conocer la cantidad de rizos en su cabello. (Eran 56, incidentalmente).

“Dejé de creer en Santa Claus cuando tenía seis años”, escribió alguna vez. “Mi madre me llevó a verlo a una tienda departamental y me pidió mi autógrafo”.

A pesar de todo, rara vez tuvo un escándalo. No había historias de padres abusivos o agentes depredadores; aunque su madre, que ayudó a su hija a entrar al entretenimiento, le quitó un año a la edad de Shirley para hacerla más comercializable.

De hecho, la mera sugerencia de que era algo menos que inocente fue suficiente para generar una protesta furiosa.

Cuando el autor británico Graham Greene, un entonces editor y crítico de cine, escribió en una reseña de 1937 que Temple de ocho años era una “adulta imitando a una niña” y que sus coestrellas reaccionaban a su “pequeño cuerpo bien formado y deseable”, 20th Century Fox demandó. El reto legal terminó poniendo a la revista de Greene en bancarrota.

Sin embargo, la adultez finalmente terminó con la carrera en el cine de Temple. En 1940, 20th Century Fox decidió no renovar su contrato, lo que estuvo bien con Temple y su familia. Se fue a una escuela de Los Ángeles y, gradualmente, se ajustó a una vida de no ser celebridad. Estaba por cumplir 13 años.

Clase y diplomacia

Actuó un poco mientras estaba en la escuela y después de graduarse; una película, That Hagen Girl de 1947 con Ronald Reagan, entró al libro Las 50 peores películas de todos los tiempos, pero después de casarse con su segundo esposo, Charles Black, decidió retirarse en 1950.

A los 22 años, su carrera en el cine terminó. Pero su vida apenas comenzaba.

Shirley Temple, estrella infantil, se convirtió en Shirley Temple Black, diplomática, quien crió a tres niños, sirvió como representante de las Naciones Unidas y embajadora de Estados Unidos, y generalmente mantuvo un perfil bajo y gentil. Raramente regresó a la actuación; lo más notable fue para una serie de televisión de finales de la década de 1950.

Para las generaciones más jóvenes, pronto se convirtió en solo un nombre conocido, sus películas vistas solo en la televisión en la noche, su celebridad de la era de la Depresión desvanecida. Los niños de la década de 1970 podrían conocerla por un episodio de The Brady Bunch en el que Cindy Brady se obsesiona con ella.

Los niños del siglo XXI puede que no la conozcan en lo absoluto.

Y en estos días, en los que ser una estrella infantil casi se presenta invariablemente con un circo mediático de 24 horas, seguido de movimientos calculados para mostrar atractivo sexual parecido al de un adulto, uno se pregunta si la fama de una Shirley Temple podría durar más que un video de YouTube. (Incluso en su época no era una hazaña fácil, como indican las biografías de muchas estrellas infantiles). No hay duda de que sería analizada, objetivada y viviseccionada en todo internet, los paparazzi afuera de su puerta, esperando una grosería o una falda levantada.

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Aun así, las estrellas de cualquier época podrían hacer algo peor que modelarse en Shirley Temple. Cuando era una estrella de cine, no había nadie mayor. Cuando no era una estrella de cine, hubo pocas con más clase. Su filosofía se resumió a algo que alguna vez dijo en una entrevista.

“Algunas personas se quedan con esta imagen de la pequeñita. Esa no soy yo”, dijo. “No debemos vivir en el pasado. Mi vida es ahora”.

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