“El dolor es el mismo”, abuela de Plaza de Mayo sobre Ayotzinapa

Estela de Carlotto recomienda la unidad, juntar las manos, pero sin violencia, "porque sin violencia pueden hacer una sumatoria"
Declaración durante la FIL
Estela de Carlotto  Declaración durante la FIL
| Otra fuente: CNNMéxico

Cuando las madres argentinas de la Plaza de Mayo perdieron a sus hijos ellas querían saber si habían sido enterrados o arrojados al Río de la Plata, tiempo después “solo necesitan abrazar sus huesos” para acabar con su dolor y cerrar su duelo.

Ahora que Estela de Carlotto visitó México, para la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, volvió a sentir ese mismo dolor que le duró 36 años y del cual pensó que no podría levantarse.

Carlotto es la presidenta de la agrupación argentina Abuelas de Plaza de Mayo que lucha por encontrar niños y personas desaparecidas durante la última dictadura militar.

A ella, la dictadura argentina (1976-1983) le quitó a su hija Laura. Fue secuestrada y encarcelada, y un día cuando intentaba defenderse le rompieron un brazo. Su muerte fue rápida: hincada y con una bala que le atravesó el cráneo desde la parte posterior.

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Sin embargo, a la tragedia de la hija le acompañó un nuevo sentimiento cuando un forense extranjero le indicó que Laura, quien esperaba un bebé en el momento de su secuestro, pudo dar a luz antes de ser asesinada.

“En ese tiempo yo sentía miedo, soledad, angustia, un dolor enorme. Tocábamos puertas que nunca se abrieron, preguntas que nunca se respondieron, fue algo terrible”, recordó Carlotto sobre aquellos primeros días cuando comenzó la búsqueda de su nieto.

“La madres salíamos a la Plaza de Mayo y no nos importaba recibir un tiro cuando lo que nos faltaba era un hijo, porque la muerte de un hijo es contraria a la vida, ellos son los que deben enterrarnos, no nosotros”, agregó.

La incertidumbre acabó el 7 de agosto de 2014 cuando su nieto, ahora llamado Ignacio Guido Carlotto, regresó a sus brazos convirtiéndose en el hijo 114 en ser recuperado. De 300 más no se sabe su paradero.

Por ello, dice, comprende de manera perfecta la situación y la desesperación de los padres de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, México.

“Ellos (los padres de los normalistas) se preguntan si sus hijos comerán, si dormirán, si tendrán frío o hambre, es lo mismo que pensábamos todas nosotras, todo el día, todas las noches”, afirmó Carlotto, quien además de ser activista es maestra de profesión.

“La situación es distinta, pero el dolor es el mismo”.

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El 26 de septiembre pasado, tres estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero, murieron en un enfrentamiento con la policía del municipio de Iguala, y 43 más fueron secuestrados por la corporación y continúan en calidad de desaparecidos.

“Quiero decir que la situación es distinta pero el dolor es el mismo, porque un padre siempre quiere morirse porque no soporta que su hijo no esté con su familia”, afirmó la activista argentina.

Carlotto afirmó que no que no hay una receta en estos casos porque Argentina pasó por una dictadura militar, pero finalmente el pueblo y el gobierno han comenzado a hacer las cosas que deben.

“Acá es diferente porque cada país tiene su propia historia y la resuelve a su manera. No es lo mismo lo que está pasando en este país con lo muertos, los degollados, las mujeres de Juárez”, agregó.

Simplemente a los padres de los normalistas y a la sociedad mexicana les recomendó la unidad, juntar las manos, tocar puertas, llamar a todos, no estar solos, formar un grupo, tener abogados y sobre todo llamar a los jóvenes, que son “los que empujan”.

“Júntense, pero siempre sin violencia, porque la violencia en estos casos genera una represión y van a tener más muertos. En cambio sin violencia pueden hacer una sumatoria y esto el mundo entero lo debe de saber”.

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Una lucha que reconoce muy bien Carlotto, ya que a sus 84 años, cabello completamente cano y andar apoyado sobre un bastón, afirma no se debe detener, ni las abuelas en Argentina ni los padres en México.

“Yo no les puedo decir que tengan la paciencia de 36 años para encontrar respuestas porque sería una ofensa para ellos. Ellos quieren algo, hoy, ya lo que sea. Los piden con vida, como los pedíamos nosotros”.

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