México puede tener su Silicon Valley

El reto es que el talento en el extranjero vuelva al país con ideas innovadoras, dice César Salazar.

Primero, aprender a aprender

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“Para crear un entorno enfocado en la innovación hace falta enfocarse más en la gente que en la infraestructura”, dice César Salazar, Venture Partner de la aceleradora de empresas 500 Startups.  (Foto: Getty Images)
ideas  (Foto: Getty, )

Cuando la gente me dice que en México no hay emprendedores, siempre les contesto que no hay emprendedores sofisticados, pero que el país está plagado de emprendedores.

El mexicano es una persona creativa, aprovecha su desapego a las reglas y hace las cosas sin preguntar, simplemente se plantea que así tiene que ser. Probablemente existe poca sofisticación en los emprendedores que no están aprendiendo algo nuevo y que, por tal razón, repiten el mismo esquema todos los días.

Ésta es la razón por la que no avanzan: todavía no descubren que pueden 'aprender a aprender' y que no deben tener miedo a innovar e intentar cosas grandes. Pocas personas en México pueden hablar seriamente de transformar una industria. Incluso entre la élite de los emprendedores, son pocos los que se plantean, por ejemplo, la posibilidad de terminar con un monopolio.

Sin embargo, plantearse la posibilidad de terminar con un monopolio podría ser tan interesante e innovador como para dedicar a eso toda nuestra vida.

Me gustaría que existiera más gente que se sintiera 'con el derecho a', que se atreviera a decir: "Yo saldré a hacer eso porque creo que está mal y lo voy a hacer porque es difícil".

Pensemos en Silicon Valley como un centro espiritual, físico e ideológico. Es un lugar donde al menos tienes que ir una vez en la vida y si lo frecuenta, puedes inspirarte con el tremendo poder que ahí se gesta. Silicon Valley es un importante imán de innovación para el mundo. Estando ahí puedes establecer contacto con las ideas más ambiciosas y lo más sorprendente es que todo suena lógico.

Ahora piensa en una compañía que tiene como modelo de negocio llevar gente a Marte y que frente a ti tiene una discusión al respecto de esa idea.

En ese instante, tu 'pequeña' idea de lanzar un software por el que la gente paga ya no parece tan ambiciosa. Se vuelve real y entonces te empuja hacia delante, justamente porque todo te empieza a sonar lógico.

‘Mexicon Valley’

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La estrategia de una empresa no le funciona a otra de igual manera y satisfactoriamente.  (Foto: AP)
silicon valley  (Foto: AP)

Me pregunto qué cosas podrían suceder si toda esa gente, mexicanos y extranjeros, con gran nivel de intelecto o aspiración, se congregara en la Ciudad de México: tendríamos la oportunidad de ser un hub de innovación. La realidad empieza a señalar que eso ocurre y podría atraer talento de todo el mundo.

Lo ideal sería que pudiéramos mantener la conexión con la gente que es nuestra diáspora y que podamos ser atractivos como país para que vengan otras personas, de todos los lugares del mundo, con el objetivo de crear proyectos de innovación. Los negocios internacionales no se dan a partir de firmar tratados, se dan desde las relaciones de seres humanos entre un lugar y otro.

A inicios de 2000 se publicó Funky Business, de Kjell Nordström A. y Jonas Ridderstrale. En él se mencionaba la República Popular de Britney Spears: ambos autores vislumbraban que las naciones futuras no se organizarían alrededor de las fronteras, sino en torno a las ideas. Con lo cual, la gente se identificaría más con otros fans de Britney Spears en China que con su propio vecino.

Bajo esa lógica, la gente se identifica con lo que le genera pasión: compartir un pasatiempo o un proyecto, invertir juntos, mantener una conexión cultural, llevarse bien, aportar algo, hacer más felices las vidas de otros.

Por eso, para crear un entorno enfocado en la innovación hace falta enfocarse más en la gente que en la infraestructura.

El espíritu del espacio es lo que es atractivo, quien no ha estado cerca en la creación de una compañía pone demasiado peso en la fibra óptica y muy poco en la fibra humana.

Algunos piensan que la fibra óptica dará la innovación a los espacios. Se olvidan que la gente se va a organizar alrededor de una visión compartida en una fuente de trabajo, que tendrá una nueva forma de aprender y de relacionarse con el exterior y, por lo tanto, una forma de atraer más talento.

El talento no se desplaza para tener una mejor silla, el talento se desplaza para convivir con mejores personas. Pensar en el futuro significa innovar en las relaciones que se generan en el ecosistema con el objetivo de que las redes de emprendedores crezcan, se fortalezcan y mantengan sus proyectos, para que en un futuro sean los nuevos inversionistas de las compañías que nacerán en algunos años.

México sí innova

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Héctor Sepúlveda (izq.) Luis de Yturbe (centro) y Rodrigo del Villar, atienden principalmente el segmento de casas en serie y de interés social. (Foto: Duilio Rodríguez)
emprendedores litebuilt  (Foto: Duilio Rodríguez)

En los 10 años de Endeavor en México hemos sido partícipes del crecimiento de empresas que usan la tecnología para innovar en sus procesos, productos o servicios y así logran la transformación social y económica del país. ¿Qué hemos aprendido?

La primera gran lección: en México tenemos emprendedores a la par de los mejores del mundo.

Innovamos en las industrias más tradicionales, en las que empresas como Litebuilt desarrollan tecnologías para mejorar la eficiencia en el sector de construcción, hasta los sectores más sofisticados como la tecnología del conocimiento, en el que Blue Messaging desarrolla sistemas de  inteligencia artificial para optimizar la comunicación entre las empresas y sus usuarios.

Segunda lección: a pesar de que México perdió posiciones en el ranking de productividad mundial, hay ejemplos de que sí estamos siendo capaces de hacer más con menos.

Desde 2010 a la fecha, las empresas de los emprendedores Endeavor incrementaron su productividad promedio en más de 85%. Un gran ejemplo es Quarksoft, que hoy compite de forma exitosa en el desarrollo de software a nivel internacional.

Tercera lección: México sí participa en los sectores de tecnología que están dando forma al futuro. Por ejemplo, la educación a través de modelos innovadores.

La empresa Enova, fundada en 2007, propone un modelo a través de cursos diseñados para el aprendizaje en línea con apoyo de personal docente. Los cursos se imparten  a través de la ria (Red de Innovación y Aprendizaje), conformada por centros educativos al alcance de comunidades de bajos recursos.

También están los préstamos peer to peer. Recientemente, se anunció la inversión de Warren Buffett en la empresa Lending Club: adquirió 10% por 150 millones de dólares. En México, Vicente Fenoll, Emprendedor Endeavor, creó  Kubo Financiero, que ofrece préstamos a mejores tasas para los acreditados y, ya que opera a través de las redes sociales, ofrece mejores rendimientos para los inversionistas.

Endeavor es testigo de que las empresas mexicanas operan en un ambiente que sí permite integrar tecnología para innovar y competir.

*César Salazar es venture partner de la aceleradora de empresas 500 Startups.

Amor al país

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El IMEF estima que la política monetaria de México se mantendrá sin cambios. (Foto: Thinkstock)
mexico bandera zocalo  (Foto: Thinkstock)

Me parece muy atractiva la posibilidad de que un mexicano trabaje con las empresas de Silicon Valley.

Será una valiosa fuente de inspiración, le revelará lo que es capaz de lograr, regresará a México por el vínculo con su comunidad y empezará algo.

Trabajará en ello, innovará en sus formas y posibilidades, se mantendrá siempre en contacto con la energía generadora que lo impulsa, empezará a buscar a personas, lugares, ideas, y de esas relaciones comenzará a tender puentes.

No piensen en fuga de cerebros, no. La verdadera amenaza es que la gente se vaya del país sin tener amor a la patria: una mente brillante se puede ir y generar mucho más beneficio para el país desde afuera siempre y cuando tenga arraigo.

Un ejemplo es Israel, un país que vive en reversa. Estaba distribuido por todo el mundo y ahora se beneficia de esta idea. Israel no sería una potencia tecnológica ni habría sobrevivido a la presión sociopolítica si su capital humano no estuviera distribuido.

Lo mismo pasa con India, que educa a su gente según los requerimientos para estudiar en las mejores universidades de Estados Unidos.

No lo hace por ser más inteligentes o competitivos, sino porque su educación está diseñada para que las personas que se quedan fuera del país busquen cómo mandar negocios de vuelta a India.