Inseguridad: lo que callan los empresarios

No reconocen en público la situación que se vive en México, pero en privado dicen estar hartos; la crisis ha obligado a algunas de las grandes empresas a cambiar hasta su modelo de negocio.
empreasarios cumbre de negocios  (Foto: Jesús Almazán / Revista Expansión)
Gonzalo García
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Para no 'ahuyentar' a los inversionistas y evitar una confrontación directa con el gobierno, los hombres de negocios en México optan por no levantar la voz ante la crisis de inseguridad que existe actualmente en el país.

Los empresarios, en general, no reconocen en público los problemas de violencia y corrupción, aunque muchos los sufren. En privado, por el contrario, algunos admiten que es un problema grave. Mientras, las cámaras empresariales, que los representan ante el gobierno, tienen reuniones con la administración para exigir medidas urgentes.

“Por política de la empresa no podemos emitir comentarios en temas de seguridad”. Ésta fue la respuesta del departamento de Comunicación de una importante empresa hotelera cuando la revista Expansión le solicitó una entrevista para su reportaje El Otro 'Mexican Moment', publicado el 19 de diciembre de 2014.

Cerca de una decena de compañías, nacionales y extranjeras, contestaron algo parecido. Cuando sí hablan, los empresarios suelen mandar un mensaje optimista, enfocado en las reformas económicas aprobadas por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, publica la revista, cuya suscripción está disponible en el Kiosko Digital.

Lejos de los micrófonos...

Cuando los micrófonos o las grabadoras no están cerca, el discurso de las grandes empresas es distinto. 

Tres representantes de compañías de los sectores de transporte, alimentación y bebidas -que en 2013 sumaron más de 335,000 millones de pesos (mdp) en ventas- contaron a Expansión, bajo la condición del anonimato, los problemas que sufren en estados como Guerrero y Michoacán.

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“Nos traen muy fregados por todos lados”, dice el presidente de una de estas empresas. “El país es un cochinero. Me da vergüenza y muchísima tristeza”.

Entre sus quejas destacan: el bloqueo de las carreteras, el robo de sus vehículos, la pérdida de las mercancías e, incluso -en uno de los casos-, el asesinato de dos empleados.

La inseguridad les obliga a cambiar su modelo de negocio. Una de estas tres firmas quitó de sus camiones su nombre y su logotipo, modificó las rutas de transporte y cambió el uniforme de los empleados para tratar de evitar incidentes.

En las últimas semanas (en noviembre de 2014), dice su director de Relaciones Institucionales, los asaltos no son de criminales organizados, sino de los que protestan. “Algunos, luego reparten (las mercancías) a lo Robin Hood”.

“Sufrimos incidentes diarios”, cuenta el director de Asuntos Corporativos de la tercera de estas compañías. Ante la falta de seguridad, añade, su empresa ya no traslada sus productos a algunas poblaciones de Tierra Caliente.

Este ejecutivo da dos razones de por qué las grandes firmas prefieren no contar en público sus problemas: para no ahuyentar a los inversionistas extranjeros -“porque si no vienen, todo el mundo sale perjudicado”, dice-, y para no enfrentarse al gobierno, con el que los empresarios mantienen un 'diálogo lento' sobre estos temas.

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La hora de actuar

Las grandes compañías evitan la confrontación directa. Sin embargo, las cámaras y las organizaciones empresariales, sus representantes ante el gobierno, sí tratan en público los problemas de la violencia y la debilidad del Estado de Derecho.

“Si habla uno solo, el riesgo es mayor, pero si habla (...) el sector empresarial organizado, obvio que va a tener mayor impacto”, dice Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

“Iguala nos muestra la gran necesidad que tenemos de hacer una gran reestructuración de nuestras instituciones”, comenta el presidente de la Confederación Patronal (Coparmex), que agrupa a más de 36,000 empresas, Juan Pablo Castañón.

Estos dos organismos se reunieron con varias secretarías, como Economía y Gobernación, para presentarles propuestas y que se vieran reflejadas en las medidas para fortalecer el Estado de Derecho que Enrique Peña presentó el 27 de noviembre.

“Los gobiernos somos sensibles en términos de escuchar, analizar la crítica”, dice el vocero de la Presidencia, Eduardo Sánchez.

La situación del país no mejorará hasta que los empresarios y políticos reconozcan el problema en voz alta y actúen, opina el analista político y profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), Jorge Chabat.

“Ahora, la falta de Estado de Derecho se está volviendo un problema para las élites. Y el cambio sólo puede venir desde arriba”, dice.

Es lo que ocurrió en ciudades como Monterrey, Tijuana y Ciudad Juárez. “En todos los casos donde ha habido mejoras (...), donde se ha superado el tema de seguridad, es porque hubo una alianza entre el gobierno, la sociedad y el sector privado. Es un hecho. El gobierno solo no puede”, agrega Candiani.

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Inseguridad no será un freno

“La realidad que estamos viviendo nosotros en Interacciones es totalmente diferente a estas cabezas que hemos visto en los medios”, dice el CEO de Grupo Financiero Interacciones, Carlos Rojo, un banco especializado en infraestructura y crédito gubernamental.

“Las necesidades de infraestructura son tan grandes que ni siquiera la inseguridad puede frenar su desarrollo –añade-. El tema de Guerrero es lamentable, yo no lo minimizo. Sin embargo, (...) estas grandes inversiones que se van a hacer tienen una estrategia para cinco, 10 o 30 años (...) (Los inversionistas) no van a pensar en el corto plazo, en qué está sucediendo en Iguala”.

El director de Comunicación Corporativa de Walmart en México, Antonio Ocaranza, da un ejemplo de una de estas inversiones de largo plazo: la que esta cadena minorista estadounidense anunció en marzo de 2014 en Xicoténcatl, un pequeño municipio -de unos 30,000 habitantes- del centro de Tamaulipas.

El grupo abrirá allí una Bodega Aurrera con una inversión de 23 millones de pesos (mdp) y 47 nuevos empleos, en la que será la primera cadena comercial del lugar. “La tienda, el empleo y la inversión representan un gran impulso en una zona que carece de oportunidades de desarrollo”, dice Ocaranza.

Los empresarios consultados para este reportaje con la grabadora encendida, y que permitieron ser citados con su nombre y apellidos, dicen que la violencia es un problema puntual de algunas zonas, y que el panorama general es bueno.

“Se respira una estabilidad social, estabilidad política, estabilidad empresarial. Hay optimismo (...) En general, la inversión sigue llegando”, dice Sergio Argüelles, presidente de la desarrolladora de parques industriales Finsa.

Varias firmas extranjeras afirman que la inseguridad no frenará sus inversiones. Gigantes petroleros, como Chevron y Shell, ya anunciaron que participarán en la primera ronda de licitaciones de campos para explorar y extraer petróleo en México.

Aunque muchos de estos pozos están en Tamaulipas y Veracruz, los responsables en América Latina de estas empresas dijeron a Expansión que están acostumbrados a operar en zonas de riesgo.

“Tú puedes ver, en México, el vaso medio lleno o medio vacío”, dice el CEO en México de la empresa estadounidense de logística DHL Express, Antonio Arranz.

“Tú puedes decir: ‘Es que hay muchos más pobres que clase media’. O lo puedes ver al revés: hay la misma clase media que pobres, y cada vez la clase media quiere tener más cosas”, agrega Arranz. “Y eso está creando un mercado (...) que está creciendo aceleradamente”.

Las compañías nacionales y extranjeras se han adaptado a la debilidad del Estado de Derecho. “Aun con lo que pagan en mordidas o lo que tienen que invertir en seguridad, siguen teniendo ganancias”, dice Jorge Chabat del CIDE.

Esta actitud no ayuda a resolver la situación. “Algunas de las grandes empresas creen que pueden lidiar por sí solas con la violencia y la inseguridad”, dice la directora de proyecto en México de International Crisis Group, Mary Speck, un organismo independiente que busca soluciones a conflictos.

“Pero el de Ciudad Juárez es un buen ejemplo de lo que puede pasar si dejas que el crimen organizado crezca sin control”, agrega Speck.

Y en la Cumbre de Negocios...

No estaba previsto hablar de inseguridad. El primer debate de la Cumbre de Negocios que reunió a cientos de empresarios en Querétaro, del 26 al 28 de octubre de 2014, tenía por título: 'México: Llegó la hora de crecer'.

En el estrado, Claudio X. González, presidente de Kimberly-Clark y del Consejo Mexicano de Negocios, Gerardo Gutiérrez Candiani, del CCE, y Sergio Argüelles, presidente de Finsa, elogiaban las reformas económicas del gobierno y coincidían en que, ahora sí, podría haber llegado el llamado 'Mexican Moment'.

Pero cuando el micrófono pasó a varios de los trajeados asistentes que abarrotaban la sala del centro de negocios de la ciudad, el tema de conversación cambió.

Un empresario contó que lo habían secuestrado dos veces. Otro habló de los sucesos de Iguala y dijo que el país no puede crecer mientras ocurran cosas así. Y Juan Francisco Torres Landa, secretario general de la fundación México Unido Contra la Delincuencia, criticó la corrupción y pidió acciones, y no palabras.

El público le dio una ovación mayor a la que, poco antes, había recibido el ex primer ministro británico Tony Blair, que abrió el evento con una conferencia magistral.

A lo largo de los tres días de la cumbre, la inseguridad -física y jurídica- del país siguió siendo el tema estrella entre los asistentes, aunque la ‘seguridad’ sólo estaba en el título de uno de los 30 paneles.

Muchos de los ponentes, sin embargo, prefirieron hablar de otras cosas. Carlos Slim, en la cena del día 27, no tocó el tema. El presidente Enrique Peña Nieto, en la comida del 28, no pronunció la palabra 'inseguridad'.

Miguel Alemán Velasco, presidente de Grupo Alemán y organizador de la cumbre, dijo a Expansión: “Acaba de ocurrir un tiroteo en Washington, en una preparatoria, y el otro día estaban tiroteando el capitolio en Canadá. ¿Por qué siempre, cuando nos pasa aquí, se vuelve más grande?”.

México es uno de los países más corruptos del mundo -el 110 de 144-, y también uno de los que ven sus negocios más afectados por el crimen organizado -el 135 de 144-, según el Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial.

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