México campo fértil de bonos de carbono

Sembrar y cuidar árboles para capturar dióxido de carbono es una muestra de negocio sustentable la nación mexicana es el número 14 en emisiones y genera entre 1.5 y 1.8% del mundo.
Enrique Nieto y Teresa Crespo promueven los bonos de carbono
Alejandro Ángeles

Carbono, carbono en todas partes. México es uno de los mayores emisores de dióxido de carbono (CO2) del mundo.

El país es el número 14 en emisiones y genera entre 1.5 y 1.8% del total mundial, con una participación similar del Producto Interno Bruto global, afirma el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés). Eso significaría una condena de los otros países por ensuciar el cielo mundial. Sin embargo, al ser una economía emergente, México puede todavía darse el lujo de rentar su cielo, su infraestructura y sus bosques a las empresas y gobiernos de las naciones industrializadas para ayudar a limpiar el aire mediante los complejos esquemas de los bonos de carbono.

De acuerdo con el Banco Mexicano de Comercio Exterior (Bancomext), México emite al aire 643 millones de toneladas métricas de CO2 al año. Y, “el potencial de reducción es inmenso, de 100 millones de toneladas métricas”, asegura Enrique Nieto, director ejecutivo de Organismos Financieros Internacionales de esa entidad.

No obstante, Nieto dice que sólo se han aprobado proyectos que representan reducciones por 17 millones de toneladas por la Junta Ejecutiva de las Naciones Unidas, que certifica las iniciativas para dar forma al mercado de bonos de carbono.

Además, Pemex dice que su potencial de reducción es de 200 millones de toneladas de CO2 por año. Según Bancomext, la paraestatal tiene 13 proyectos que podrían suscribir 14 millones de toneladas de carbono.

Dado que México no está obligado a cumplir con cuotas nacionales de reducción de gases de efecto invernadero, su potencial crece en la medida en que diversas naciones industrializadas buscan compensar sus propias emisiones.

En todo caso, se trata de una oportunidad perdida. Con polémicas incluidas, el mercado internacional de bonos de carbono generó transacciones por 30,000 millones de dólares (mdd) en 2006, una cantidad tres veces superior a la de 2005. Y para este año, apunta Carbon Finance, al primer semestre ya se había superado todo el monto de 2006.

Es un mercado extremadamente volátil. A precios actuales, el precio de la tonelada de CO2 bajo el esquema EUA (los permisos que las empresas en países desarrollados tienen para emitir dióxido de carbono) cotizó en los diversos mercados internacionales a 41 dólares en abril, pero a fines de año, valía apenas 1.4 dólares.

En contraste, los instrumentos denominados CER (Reducción Certificada de Emisiones, en proyectos en países emergentes) observaron más estabilidad, promediando entre 8 y 15 dólares por tonelada de CO2. Bajo este esquema, se operaron más de 5,500 mdd en 2006, más de una tercera parte del mercado global total de bonos de carbono.

En México, como nación en desarrollo, sólo aplican los proyectos para emitir CER mediante los programas llamados Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), con los que se busca invertir en proyectos que reducen emisiones.

Aunque las partes involucradas se niegan a describirlo así, estos esquemas básicamente se definen como la compra por parte de las economías industrializadas de permisos para compensar las emisiones de CO2 de sus empresas y sistemas energéticos.

Uno de los grandes compradores de los bonos de carbono es Japón, cuyo Banco Japonés de Cooperación Internacional (JBIC) tiene asignados millonarios fondos para adquirir esos créditos en países en desarrollo donde sus empresas tienen operaciones.

En México, el JBIC tiene etiquetados 100 millones de dólares en proyectos de desarrollo, que incluyen apoyos para los Mecanismos de Desarrollo Limpio. Uno de estos proyectos es el del relleno sanitario del municipio de Ciudad Juárez, Chihuahua, donde el banco comprará 700,000 toneladas de CO2 por año. “Pero queremos apoyar más proyectos de infraestructura, así como de generación de energía”, dice Masatsugu Hayashi, representante del JBIC en México.

Hay niveles

Aunque la mayoría de los MDL mexicanos que califican para entrar al mercado de los bonos de carbono tienen que ver con la gestión de residuos en granjas, proyectos de energía renovable o de transporte, un modelo que está en boga en muchos países es la captura de carbono en bosques y selvas.

Si bien el protocolo es engorroso y hasta despreciado por algunas partes (“Es mejor ceñirnos a modelos probados”, dice Nieto, de Bancomext), lo cierto es que algunos programas de captura llevan funcionando varios años en México.

Mientras en 1997 nacía el Protocolo de Kyoto, en Chiapas arrancó un proyecto pionero en la captura y comercialización de carbono. Scolel Té (“El árbol que crece”, en tojolabal) ha colocado 98,755 toneladas de carbono en el mercado de reducciones voluntarias de emisiones en 10 años. Esto es, no entra al mercado sancionado por Naciones Unidas, pero la captura de carbono está monitoreada por métodos aprobados por el Banco Mundial y cualquier entidad pública o privada del mundo los puede adquirir para, en su momento, manifestar la reducción de su impacto ambiental.

Scolel Té, una iniciativa de la Universidad de Edimburgo y El Colegio de la Frontera Sur, agrupa los esfuerzos de 400 trabajadores provenientes de 30 comunidades de Chiapas.

En 2006, el proyecto logró colocar 21,055 toneladas de CO2 y consolidó su autofinanciamiento por séptimo año consecutivo (su punto de equilibrio son 10,000 toneladas anuales). El precio de venta por tonelada oscila entre 11 y 18 dólares, dependiendo de la negociación con el comprador, por lo que Scolel Té pudo agenciarse más de 250,000 dólares en 2006. Sus clientes más leales son la Fundación FIA (organizadora de la Fórmula 1); Carbon Neutral Company, una consultora e intermediaria; el Banco Mundial, y la banda de rock Pink Floyd (un solo concierto masivo en un estadio genera hasta 2,400 toneladas de CO2, equivalentes a lo que 300 familias rurales emitirían en un año con sus fogones).

La cantidad de carbono que puede obtenerse de cada árbol equivale a 50% de su peso seco tanto en sistemas forestales como agroforestales. “Le apostamos más a las maderas duras (cedro, caoba y pino)”, dice Elsa Esquivel, administradora del Fideicomiso Cambio Climático, que supervisa a Scolel Té. Agrega que en el mercado internacional hay mayor interés por los bonos de reforestación que por los de captación.

Esquivel asegura que los productores (alrededor de 30) están haciendo una inversión a futuro y lo ven como una posibilidad más de ayudar a sus comunidades. “Nos gustaría incentivar a las empresas mexicanas para que inviertan en este tipo de proyectos. Es cuestión de imagen”.

Manuel Estrada, especialista en el Protocolo de Kyoto, afirma que el mercado de compra voluntario “se ha duplicado en todos los sectores en el último año y va a ser atractivo debido a los movimientos e investigaciones que Estados Unidos ha realizado (captura en cultivos agrícolas y conservación)”. Armando Alanís, de la Comisión Nacional Forestal, dice que la mayoría del capital de la iniciativa privada en el sector forestal se ha canalizado en los programas de plantación y reforestación.

El largo camino

Aunque criadores de cerdos, dueños de establos y de bosques no deberían creer que están sentados en pilas de dinero, la volatilidad del mercado de los bonos de carbono hace que los beneficios suenen atractivos.

Bancomext, como fiduciario del Fondo Mexicano de Carbono (FOMECAR, la única institución en América Latina que organiza el esfuerzo de un país para captar recursos abatiendo el impacto de los gases de efecto invernadero), tiene trazada una metodología con la que los candidatos a entrar al mercado de los bonos de carbono podrían vender sus mecanismos de desarrollo limpio.

“Queremos promover iniciativas en proyectos de eficiencia energética y reingeniería de procesos, que usen menos electricidad porque la generación eléctrica en México se basa en el carbón”, dice María Teresa Crespo, gerente de Banca Internacional para Asia.

Según este banco de desarrollo, el potencial de México está en el aire. Las 100 millones de toneladas de CO2 que podrían generarse significarían ingresos de hasta 1,000 mdd a precios conservadores.

Por su parte, Gabriel Quadri, director general de Eco- Securities México, un intermediario entre las instituciones, los compradores y los vendedores de bonos de carbono, dice que “los proyectos más interesantes en México serán los de rellenos sanitarios y energía renovable”. El aire espera.

Con información de Gabriel Nieto

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