La clave: pensar 10 años más joven

Octavio Herrera se reinventó a las cuatro décadas de vida y luego que su negocio quebrara; su secreto fue pensar como un treintañero y buscar un empleo acorde a esa edad.
Veronica García de León

A los 40 años Octavio Herrero aprendió a reinventarse, y le ha sido de suma utilidad. En aquel entonces quebró su negocio, un despacho de comunicación corporativa. Para él era el momento de hacer realidad su sueño: entrar a una agencia de publicidad. El puesto que correspondía a su edad era el de director creativo, pero sin experiencia en este ámbito nadie la abrió las puertas. En el mundo publicitario era grande para comenzar.

Pero el nacimiento de su segundo hijo cambió su enfoque. Un día se vió a sí mismo nuevamente cambiando pañales, algo que hizo por primera vez cuando tenía 30 y nació su primogénito.

Ese fue un momento “eureka” para Herrera: “Aquí estoy haciendo cosas de hace 10 años. ¿Y si en lugar de pensar que tengo 40 pienso que tengo 30, y busco trabajo de esa edad?”. Y eso hizo. Enfrentó el miedo al futuro, y a ideas que hasta ese momento había comprado como que “a los 40 debes tener cierto estatus y ganar cierto sueldo”.

En una semana encontró trabajo, pues ya no buscaba una dirección sino el puesto de redactor creativo. La diferencia salarial no le importó, ya estaba adentro de una agencia y ascender sería cuestión de tiempo. En la última década ocupó una dirección creativa, y fue director general en dos agencias de publicidad.

Desde entonces Octavio vive un juego mental. “Eché reversa y juego a que tengo 10 años menos”, dice este publicista de 51 años. Esa, dice, es la manera para solucionar algo que podía ser una crisis.

Octavio parte de la idea de que la edad es un estado mental y la llamada crisis de los 40 es más bien una crisis de percepción.

Según Octavio, sucede cuando hay una disonancia entre tres relojes que van marcando el tiempo: el interno, el físico y el social.

El interno es la percepción de la vida, dice, sientes que tienes más herramientas y experiencia para tomar decisiones. Pero el físico te recuerda que no eres el joven que solías ser. “Me levanto y al verme al espejo me digo, ´y ese señor cuándo llegó a mi vida”. “La gente en la calle te empieza a hablar de usted”.  (Independientemente de sus canas, que nacieron prematuramente, al cumplir 40 Octavio empezó a notar que tardaba un poco más en traer ciertas cosas del cajón de la memoria. Sin embargo, goza como nunca de los placeres que le permite tener un paladar que ha madurado. “Disfruto como nunca de un habano”, señala).

Pero de todos el reloj social es quizá el más cruel y donde quizá se fragua la crisis, opina. Ahí están las instituciones, que limitan algunas actividades a cierta edad, y las voces de autoridad que te dicen que “ya es momento de que hagas tal o cual cosa”.

En México, refiere Octavio, los hombres creen que los 40 es la edad para cosechar todo lo que hiciste anteriormente. ¿Y si no tienes nada que cosechar? Por lo menos no lo que la gente espera?” cuestiona.

“El error es vivir una obra de teatro escrita por los demás, comportarte de cierta manera. Eso aniquila tu creatividad”, dice. Estar en la crisis es aceptar que eres el personaje de una historia, “aceptar la condena del reloj social”.

Por eso para Octavio la solución es reinventarse, continúa con la analogía: es convertirte en el autor de tu propia obra. “Puedes borrar y corregir. No hay que tenerle miedo a la goma y a escribir”, señala.

A sus 51 años lo vuelve a hacer. Renunció a la dirección general de Ogilvy One, sin tener una segunda opción, pero al poco tiempo fue invitado a ser director creativo de Wunderman, donde comenzó su carrera publicitaria 11 años atrás.

Sus tips:

  • Reinventarse. Jugar con la idea que uno es menor de lo que es, para abrirse oportunidades que, según las instituciones y la sociedad, estarían cerradas a los de “40”.
  • Si lo que quiere es un cambio de área profesional, baje sus expectativas de sueldo y puesto. Una vez dentro de la industria es posible crecer.
  • “Puedes borrar y corregir. No hay que tenerle miedo a la goma y a escribir (nuevas maneras de vivir)”.
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