Adriana Mendizábal: "Todo bajo control"

No. 10 del Ranking. Adriana Gabriela Mendizábal Mora. 43 años y 2 hijos. Originaria del DF. Vicepresidenta y gerente general para México y Centroamérica de Herbalife
Sus planes se cumplieron: directora antes de los 30, luego m  (Foto: )
Verónica García de León

Apenas recargó su espalda en el asiento del avión soltó un profundo suspiro de alivio. Por fin, tranquilidad y soledad, algo extraño para Adriana Mendizábal desde que nació su primer hijo, tres meses antes. Ese día de 2000 se reintegraba a su vida laboral. Iría a una junta de trabajo al DF y regresaría en unos días a Caracas, adonde se había mudado dos años antes para dirigir la Mercadotecnia y Planeación Estratégica para América Latina de Procter & Gamble.

Todo marchaba según su agenda de vida: tenía 35 años y un cargo directivo, como planeó; estaba casada con un hombre que la apoyaba en su carrera y con su ritmo de trabajo. Él mismo trabajó en multinacionales. De hecho, así la conoció, a bordo de un avión en un viaje de negocios.

Su hijo había quedado a cargo de él, de su madre y una enfermera. Pero una voz no la dejaba tranquila aquel primer día laboral: “¿Cómo vas a dejar a tu hijo de apenas tres meses de nacido?” Y por primera vez en muchos viajes, escuchó las indicaciones de la aeromoza: “En caso de descompresión, si viene acompañado de un menor, primero colóquese usted la mascarilla de oxígeno”.

“Sentí que una luz aclaró mi mente”, recuerda “debía darme mi propio oxígeno”. Estaba en donde tenía que estar. Tuvo claro que si quería ser una buena madre y esposa, debía hacer lo que le gusta: ser líder de una gran organización, donde activara su pensamiento estratégico, su intuición y su pasión por sanar empresas. “Todo es cuestión de elecciones en la vida. Tienes que vivir feliz con ellas y aceptar que vas a tener que dejar algo en el camino”. Ese pensamiento estratégico describe su vida. A los 25 años planeó que si alcanzaba el nivel de dirección antes de los 30, después podrían venir los hijos. Y así fue. Ya desde niña intuyó que lo suyo no era el hogar. La cautivó Odette, una empleada de la sucursal bancaria a la que acudía su madre. “Era mi role model, yo quería trabajar”. La vida de su abuela al frente de cines y zapaterías le aseguró que trabajo y familia eran compatibles.

Darle la vuelta a las crisis es su mayor pasión. De la medicina militar tomó una de sus estrategias favoritas: ante un paciente con heridas graves el doctor debe detectar esas tres que podrían causarle la muerte. “En las empresas en crisis tienes que ubicar las tres cosas que no puedes dejar pasar, los imperativos del negocio”, dice Adriana. “De mi padre aprendí a no desesperarme ante la adversidad. A enfocarse en lo que tienes que hacer y bloquear la emoción negativa”. Hace un par de años, la vida la puso a prueba cuando su hijo mayor súbitamente tuvo problemas para respirar. “Tu mente controla a tu cuerpo”, le repitió hasta que lo estabilizó camino al hospital.

Esta capacidad de respuesta atrajo a los directivos de Herbalife en Los Ángeles, California. Pero lo que les llevó a elegirla, entre 20 candidatos, fue su ‘buen corazón’.

“Su currículum me sorprendió, pero cuando la conocí me impactó que fuera tan cálida y acogedora. Supe que ella era la indicada”, describe Des Walsh, vicepresidente senior de Ventas Globales de Herbalife. Lo que algunos llaman buen corazón otros llamarán empatía con la gente o dar aliento o motivación. Un prerrequisito para compañías multinivel como Herbalife. Con ella como motor, 350,000 distribuidores han convertido a México en el segundo mayor mercado, después de EU y sobre otros 62 países.

El reto de Mendizábal en Herbalife no es menor en este mercado de venta directa, que creció tres veces en cuatro años. “Crecimos tan rápido que el negocio le quedó grande a la anterior administración”, dice desde Zacatecas Enrique Varela, que junto con su esposa son los mayores vendedores de Herbalife en el mundo.

Con este viento a favor y la dirección de Mendizábal, Walsh presume que México será el primer país en alcanzar la meta en ventas de 1,000 MDD (hoy, 600 MDD) y una red de 600,000 distribuidores. “La relación con los líderes es crítica porque son la gente que construye el negocio día a día”, agrega Walsh.

En la carrera de Mercadotecnia en el Tec de Monterrey, Mendizábal desarrolló lo que sería su expertise: analizar datos, identificar problemas, las soluciones e implementarlas. “Es muy disciplinada y tiene una mente intuitiva que combina con una mente matemática sorprendente”, dice Diana Morán, que convivió con Adriana hace 15 años en P&G y más tarde en Kodak. Morán no olvida el paso de Adriana como directora general de división en Kodak en 2003. Estuvo fuera tres meses para atender a su segundo hijo, y a su regreso encontró una caída de 40% en las ventas. Ella revirtió en un mes lo que el equipo echó a perder en tres, relata Morán.

En septiembre pasado, la ejecutiva tuvo su primera prueba. Organizó la reunión anual de distribuidores, y convocó a 18,000, 6,000 más que en 2006. “La vemos segura y preparada y eso nos da seguridad de que podemos seguir creciendo”, advierte Varela. Él y su pareja formaron una red de 30,000 clientes y distribuidores que venden cada mes unos 12 millones de dólares de productos Herbalife. A tres semanas de haber entrado a la empresa, Adriana visitó a la pareja en Zacatecas. Según Varela, el directivo  anterior tardó 11 años en hacerles la primera visita.

A Mendizábal le motiva dirigir esta firma que permite que tantas personas generen sus propios ingresos. “Si puedo ayudar a transformar una vida me sentiré feliz”, dice. Aquel 19 de septiembre en un auditorio abarrotado con 18,000 personas Adriana sintió, como en el avión, la certeza de que no se había equivocado de lugar.

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