Lizbeth Hasfield: Sin miedo a los retos

No. 14 del Ranking. Lizbeth Hasfield Arista. 47 años y 2 hijos. Originaria de Puebla. Directora general de Mastercard Worldwide México
Se dice fácil, pero Lizbeth lleva ya 25 años en el mundo fin
Ulises Hernández

Con una trayectoria de 25 años en el medio financiero, Lizbeth Hasfield es una de las pocas directoras que hay en el sector. Además de ella, sólo hay otra directora general en la industria: Nicole Reich de Polignac, la nueva CEO de Scotiabank en México.

Hasfield tiene una trayectoria de 25 años en el medio financiero. En siete años frente a MasterCard, ha convertido a la operación en México en el cuarto mayor mercado del mundo para la compañía, al elevar el volumen de facturación y la rentabilidad. Tan sólo en el periodo 2000-2004 la operación de la subsidiaria creció 11 veces (se trata de la última cifra disponible sobre México, pues la empresa comenzó a cotizar en Bolsa en 2006 y a consolidar sus resultados). Hasfield dirige un equipo de 50 personas y una firma que factura 4,000 MDP al año.

Desde su posición actual, Hasfield ha contribuido a aumentar la penetración de tarjetas de débito y crédito MasterCard en el país y ha promovido la adopción de plataformas innovadoras para impulsar el desarrollo de los medios de pago, como el ‘paypass’, primera tarjeta que opera con un chip de radiofrecuencia y no requiere el uso de la terminal de punto de venta. “Cada vez tiene más participación del PIB la facturación con tarjetas MasterCard”, afirma Hasfield.

Oriunda de Puebla, Lizbeth es hija de un médico anestesiólogo y una maestra, quien le inculcó el gusto por las matemáticas. Su afición por los números la llevó a estudiar ingeniería en sistemas computacionales en la Universidad de Las Américas (UDLA), en Cholula.

En 1982 concluyó sus estudios y fue reclutada para entrar a trabajar al área de planeación y desarrollo de sistemas en Bancomer, en tareas de soporte técnico. Un mes después, el presidente López Portillo nacionalizó la banca y Hasfield pensó que se quedaría sin empleo. Pero se quedó a trabajar 17 años y vivió las últimas tres etapas de la banca mexicana: la estatización, la privatización y el rescate bancario de 1995.

En este periodo de montaña rusa, la ejecutiva ascendió y ocupó varias direcciones y vicepresidencias en Bancomer. La primera gran decisión de su carrera fue cambiarse del área de sistemas al área de banca comercial, siguiendo los pasos de su entonces jefe y mentor, Adolfo Lagos, quien se desempeñaba como director de Planeación y Desarrollo de sistemas. El cambio marcó su ingreso formal al negocio bancario, el cual aprendió rápidamente. “Es una mujer de toma de decisiones, muy valiente, con muchos logros y con mucha iniciativa”, comenta Lagos, hoy director global de banca mayorista de Grupo Santander.

De finales de 1989 a principios de 1994, fue directora divisional y desarrolló productos de captación, como Cuenta Maestra, Inversión Inmediata y Plancomer.

Hasfield era una de las tres mujeres dentro del “Grupo de los 100” de Bancomer, tal como se conocía al cuerpo de 10 directores generales adjuntos, con sus 10 respectivos directores divisionales. “Éramos tres de 100 y las tres le reportábamos a Adolfo Lagos”, dice Hasfield satisfecha, quien, a pesar de trabajar en un medio preponderamente masculino, afirma no haberse sentido discriminada. “Hasta la fecha, 90% de mis juntas han sido sólo con hombres; no hay otras mujeres”, apunta.

En 1994 ingresó al sector de medios de pago, lo que marcaría su futuro, y hasta 1998 fue en ascenso. Primero, como directora adjunta de tarjetas de débito y luego como directora adjunta del llamado “negocio adquiriente”, el área que maneja la relación del banco con los comercios afiliados. Un año después, participó en la creación de E-global, el segundo y único switch de transacciones bancarias en México, después de Prosa.

En juntas de trabajo no siempre tersas conoció a Juan Piña, entonces director general de MasterCard en México. En 1999, Piña le ofreció el puesto de vicepresidente de desarrollo de negocios para llevar la relación con los bancos –los principales emisores de tarjetas– y los comercios afiliados. En enero de 2002, fue nombrada directora general de la subsidiaria y desde entonces su gestión se ha distinguido por el crecimiento constante de ganancias y una mayor rentabilidad. Entre sus logros figuran el cierre de contratos estratégicos con socios clave, como los bancos, y la consolidación de la estrategia de débito de MasterCard. Ella participó en el desarrollo de las tarjetas Uni-K y Black de Santander y firmó un convenio con McDonald’s y Banamex para que la cadena de hamburguesas aceptara el pago con tarjetas de débito.

Su dedicación ciega cobra vida en la oficina y en casa. Lo mismo se sienta a discutir con los grandes bancos nuevas estrategias para impulsar el uso de las tarjetas, que a participar en un número musical para una reunión familiar.

Sabe tocar piezas de Liszt y Chopin en el piano, pero hace dos años aprendió violín para tocar con sus hermanos y sobrinos la canción ‘November Rain’, de Guns ‘n Roses, como un regalo a sus padres en sus bodas de oro.

Hasfield trabaja en promedio nueve horas diarias. Su tiempo se reparte entre viajes a la sede regional de MasterCard en Miami; teleconferencias con sus contrapartes de otros países; visitas a clientes en el DF o en los estados; y juntas con sus colaboradores. Dirige un equipo de 30 personas, con quienes comparte el crédito de los buenos resultados.

“Lizbeth practica el empowerment, es un jefe que cree completamente en que el liderazgo se da a través de dar a sus colaboradores autoridad y responsabilidad”, dice Armando Huitrón, vicepresidente de Desarrollo de Negocios de MasterCard en México. Nunca hizo una pausa en su carrera y durante muchos años fue workaholic, aunque siempre estuvo presente en las fechas importantes en la escuela y vida de sus hijos, Alfredo y Lizbeth.

Ahora, su tiempo libre lo dedica enteramente a sus hijos, hoy universitarios. Ya no lleva trabajo a casa, apaga la BlackBerry y se divierte con ellos los fines de semana, viendo películas durante horas en su gran pantalla de TV y consintiendo a sus cuatro perras Boxer.

Entre sus planes futuros está retomar sus clases de piano y estudiar una maestría en desarrollo humano, para dar terapia a adolescentes. Pero, por ahora, no quiere restarle tiempo a sus hijos. “Llegará un día en que se casen y será el momento para dedicarme un poco más a mí”, dice. Para Hasfield, estar con su familia simplemente “no tiene precio”.

Ahora ve
No te pierdas