Pemex: en medio del debate energético

La paraestatal atraviesa hoy una fase crucial con una reforma que busca hacerla más eficiente; una vez más, y por 31 años consecutivos, Pemex se erige como la número 1 del Ranking de Expansi
Jesús Reyes Heroles, director de la paraestatal, sabe que un
Adolfo Ortega

Este año puede ser el último que Pemex tenga la apariencia que hasta hoy le conocemos. En el Senado de la República se realiza, desde el mes pasado, una serie de foros históricos que tienen la intención de reformar a la empresa más grande de México y la onceava petrolera del mundo por su tamaño.

Hasta que terminen los foros, los legisladores de ambas cámaras se reunirán dos veces a la semana con intelectuales, científicos, abogados, técnicos y otros políticos para discutir cuál es la mejor alternativa para Pemex. Los encuentros son temáticos, y van desde la constitucionalidad de las iniciativas hasta la transparencia y el combate a la corrupción en la empresa petrolera.

Todos los temas propuestos son, sin duda, estratégicos para la paraestatal y, dada la dependencia que tienen las finanzas públicas de los recursos obtenidas por la venta de los hidrocarburos, para la propia situación económica del país. Sin embargo, lo ocurrido el pasado 28 de mayo puso en evidencia lo que en el fondo le preocupa a quienes decidirán sobre el futuro de Pemex y la industria petrolera.

Ese día, el precio del barril de petróleo mexicano cotizó, como lo había hecho en las últimas semanas, por arriba de los 100 dólares por barril. Esta cifra duplica la considerada por los legisladores en el presupuesto federal. La noticia tenía felices a los gobernadores de los estados, pues parte de ese dinero iría a sus arcas y les permitiría gastar más recursos en infraestructura, que es la única condición que se les impone para gastar estos excedentes.

Pero se encontraron con un ‘pequeño’ problema: Hacienda, el que parte y reparte ese dinero, les dijo que no había recursos excedentes y, por lo tanto, nada que repartir.

Pagar facturas (de otros)

Según cálculos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), durante los primeros tres meses del año el gobierno recibió 31,000 millones de pesos (MDP) adicionales a lo presupuestado, y según las reglas que los propios legisladores diseñaron, Hacienda tendría que repartir 8,000 MDP a estados y municipios.

La explicación fue: a las cuentas del PRI les faltó una resta: Pemex y Luz y Fuerza del Centro, dos empresas estatales, obtuvieron 36,500 MDP menos de lo presupuestado, entre enero y marzo pasados. Y esos faltantes, “por ley deben compensarse con ingresos excedentes en otros rubros”, dijo Hacienda.

Si bien el precio del crudo fue mayor al previsto, de acuerdo con Pemex, se exportó menos en ese periodo, vendió más barato su gas natural en México e importó más petrolíferos.

Según el gobierno, esto es lo que se  busca evitar con las iniciativas enviadas al Ejecutivo: que Pemex sea más autónoma para operar, como si fuera empresa privada, con la idea de mantener, al menos, su volumen de producción actual.

También se busca que firmas privadas puedan realizar actividades que hasta hoy estaban reservadas para el Estado, como la refinación, el almacenaje y la distribución de hidrocarburos; así Pemex no tendría que distraer recursos para invertir y mantener esos negocios y sólo se concentraría en las actividades más rentables y estratégicas.

La importancia de Pemex para el país es evidente. El año pasado contribuyó con el equivalente a 40% de la recaudación del gobierno. De hecho, ha sido el principal motor de la economía mexicana desde hace más de tres décadas.

Según Jesús Reyes Heroles, director de la empresa, el valor de los hidrocarburos producidos en la década de los 70 representó 3.3% del PIB de ese periodo; ese porcentaje aumentó a 7.7% durante los 80 y en la década siguiente bajó a 3.8%. De 2001 a 2007, el valor de los hidrocarburos producidos en México fue equivalente a 6.4% del PIB.

“La falta de una estrategia clara de expansión de Petróleos Mexicanos durante los últimos lustros ha hecho que se rezague respecto de otras empresas petroleras”, dijo Reyes Heroles ante legisladores. “En sólo siete años, Pemex pasó del sexto al onceavo lugar entre las empresas petroleras integradas”.

De acuerdo con el directivo, la paraestatal tiene un pasivo de mantenimiento de al menos 30,000 millones de pesos. Además, su capacidad de generar nuevos proyectos es muy limitada por los complicados mecanismos legales para hacer presupuestos y contratar a terceros.

Incluso, la edad promedio del personal se ha convertido en un problema. “En los próximos cinco años se jubilarán alrededor de 2,500 trabajadores de confianza. Esto es cerca de la mitad de los mandos superiores”, anticipó Reyes Heroles en Houston, durante la Offshore Technology Conference, celebrada a principios de mayo.

El negro panorama no acaba ahí. La producción de crudo ha caído sostenidamente desde 2004. Lo mismo sucedió con la tasa de restitución de las reservas probadas. La producción de gasolina se ha mantenido estancada, lo que obliga a importar más combustible. La producción de petroquímicos secundarios de plano se vino a pique.

El atraso más evidente en tecnología se ve en el desarrollo de proyectos en aguas profundas, donde Pemex apenas ha perforado siete pozos y en tirantes de agua inferiores a 1,000 metros, lo que contrasta con los miles de pozos que hay en el Golfo de México del lado estadounidense, que operan en tirantes de agua superiores a los 3,000 metros.

“Estas propuestas no son un Mercedes-Benz de ingeniería legislativa, pero sí marcan una tendencia coherente”, afirma George Baker, director de la consultora Mexico Energy Intelligence, con sede en Texas.

“Que digan ‘oigan señores: vamos a colocar auditores independientes en el Consejo de Pemex’, es muy llamativo; que digan ‘vamos a tener un comisario que haga un reporte sobre el desempeño del director general’ es inédito”. En sus 70 años no hay un documento en Pemex que diga ‘Reporte sobre el desempeño del director general’, añade.

También hay criticas en el otro sentido, como la del panel de expertos que calificó la reforma energética a petición del Centro de Estudios Espinosa Yglesias. “… un principio esencial que está ausente de la iniciativa presentada por el Ejecutivo es el concepto de competencia en el mercado de hidrocarburos y de la energía en general, en todos sus ámbitos”, dice en sus conclusiones dicho panel, que contó, entre otros, con la presencia de Jorge Chávez Presa, Luis de la Calle, Carlos Elizondo y Roberto Newell.

Muchas razones técnicas se han abordado en los foros sobre la reforma energética. Todas pierden peso cuando se conocen los hilos que mueven esta negociación. “El fiel de la balanza en esta discusión es el PRI”, dice un alto funcionario del gobierno que prefiere mantenerse anónimo. “Y el que toma las decisiones en ese partido es (Manlio Fabio) Beltrones, quien desde ahora ya está pensando en el 2012”.

El 19 de mayo pasado una noticia cimbró el orgullo petrolero mexicano: Petrobras, la firma estatal brasileña, se convertía en la tercera empresa más grande del continente, por arriba de Microsoft y sólo abajo de ExxonMobil y GE.

Un día después, en el Senado se discutió la constitucionalidad de las iniciativas. “Pemex se desmorona operativamente y enfrenta un colapso productivo”, escribió en mayo David Shields, especialista en el sector, en el diario Reforma. “Mientras tanto, en el Senado de la República, legisladores, juristas e intelectuales se enfrascan en un debate, no sobre ese problema, sino sobre las reformas constitucionales de 1917, 1940 y 1960”.

A contrapelo

Los analistas financieros que participaron en la conferencia telefónica donde Pemex presentó sus resultados al primer trimestre de este año estuvieron muy atentos a los anuncios que dio la compañía sobre los volúmenes de producción de petróleo y cómo se comportaba el flujo de efectivo. No hubo, sin embargo, ni una sola mención a la subsidiaria de Pemex que mostró los resultados más negativos de toda la empresa: Pemex Refinación.

Los primeros tres meses de este año, esta subsidiaria perdió, en promedio, 7 centavos de dólar por barril refinado, cuya cifra en el periodo fue 1,267 millones de barriles. Las razones que la empresa estatal arguyó para explicar la pérdida fue el alto precio del petróleo, un ciclo de mantenimiento programado y al sismo del 12 de febrero que afectó durante 10 días a la refinería de Salina Cruz, que durante el año pasado obtuvo un margen de refinación de 5.5 dólares.

Pero más allá de razones coyunturales, Pemex Refinación tiene un récord perfecto de pérdidas. Nunca, desde 1992  que se conocen sus cifras, ha ganado dinero. Las pérdidas no pueden atribuirse al  fisco, pues la empresa perdió el año pasado 41,900 millones de pesos (MDP) antes de pagar impuestos; y un año antes reportó números rojos por 34,900 MDP antes de hacer las cuentas con Hacienda.

¿Qué pasa en esta subsidiaria?

Para empezar, las seis refinerías que actualmente conforman el Sistema Nacional de Refinación (SNR), Cadereyta, Madero, Minatitlán, Salina Cruz, Salamanca y Tula, fueron diseñadas para procesar crudos distintos a los que hoy se producen en México. Hay que ajustar las maquinarias a los crudos pesados que ahora se dan en los yacimientos mexicanos.

Además, el fuerte crecimiento que en los últimos años ha tenido el consumo de gasolina generó un desbalance entre la oferta y la demanda. En la última década, la demanda de gasolina aumentó 52%; la del diesel, 37%, y la de la turbosina, 44%. El año pasado se importó 41% de la gasolina que se consumió en México. Y si se sigue la tendencia actual, y contando con que se modernicen en forma exitosa las refinerías que hoy están en ese proceso, se prevé que en 2015 se importe casi la mitad de la gasolina usada en el país.

El monto pagado por la gasolina importada durante 1998 ascendió a 1,062 millones de dólares (MDD). El año pasado, sin embargo, tuvieron que destinarse a este concepto más de 10,000 MDD.

La propuesta del gobierno federal consiste en que inversionistas privados puedan construir y operar refinerías en México, pero sólo bajo contratos de maquila, procesando el crudo que les entrega Pemex, quien nunca perdería el control del hidrocarburo.

Esta iniciativa levantó las protestas de quienes creen que esto es una privatización disfrazada de contratos de maquila. “No por llamar maquila a una concesión o por recurrir al subterfugio de cambiar la palabra ‘concesión’ por la de ‘permiso’, que en este caso resultan equivalentes, dejaría de producirse un serio atropello a la norma constitucional”, expresó Cuauhtémoc Cárdenas en su opinión sobre las iniciativas enviadas por el gobierno al Congreso.

Sin embargo, el problema que tiene la refinación en México va mucho más allá de que inversionistas privados puedan o no construir una refinería. Durante los primeros discursos del debate, incluso, se mencionó como crítica que en el país no se ha construido una nueva refinería desde hace tres décadas, aunque esta situación no difiere de la que se observa a nivel global, al menos en Occidente.

El debate petrolero está a mitad de camino, pero hay suficiente luz para saber que sin importar que se apruebe o no la iniciativa del gobierno, el desafío que hoy tiene Pemex Refinación es más grande de lo que muchos imaginan.

“La industria de refinación del país atraviesa por una crítica situación”, le dijo a los senadores el director general de la subsidiaria, José Antonio Ceballos. “Mientras la industria de refinación en el mundo tiene rendimientos financieros históricos mayores al 20% anual, Pemex Refinación ha tenido los resultados más negativos en su historia”.

Luego de que la inversión en refinación estuvo estancada por varios lustros, hoy el mundo vuelve a ver esta actividad con otros ojos. Se calcula que entre 2008 y 2014 se realizarán más de 500 proyectos de refinación en todo el mundo, lo que incluye aumentar capacidades, instalar unidades de alta conversión y plantas de hidrotratamiento.

Por eso inversionistas estadounidenses aportarán en Vietnam 6,000 MDD para construir el complejo petroquímico Nghi So’n, que incluirá una refinería. Y China National Petroleum Corp (CNPC) planea construir una refinería en la provincia de Liaoning, con la intención de disminuir la importación de productos refinados como el diesel, cuyas importaciones en 2007 fueron 130% mayores a las del año anterior. Historias parecidas existen en otros países de Asia.

Pero revertir este abandono, en el caso de México, será tarea de titanes. El senador panista Juan Bueno Torio, quien dirigió esta subsidiaria durante una parte del sexenio de Vicente Fox, calcula que se requieren 85,000 MDD para terminar la modernización de la refinería de Minatitlán, empezar este mismo proceso en las otras tres plantas que faltan, construir otras seis refinerías en el país para hacerle frente a la creciente demanda, y ampliar la red de ductos y plantas de mantenimiento.

“Pemex tendría que destinar el equivalente a cuatro veces los recursos petroleros excedentes que recibieron las entidades federativas en 2007, es decir, la inversión para refinación equivale a dejar sin excedentes petroleros a la totalidad de los estados durante cuatro años”, dijo el senador.

Resistencia a nuevos proyectos

Para el director de Pemex Refinación, no todo es un problema de recursos. Él atribuye las pérdidas de la subsidiaria a la incapacidad para ejecutar proyectos, y porque éstos deben hacerse en forma simultánea. Se suma que la industria a nivel global se está caracterizando por su dinamismo en la creación de infraestructura, lo que genera mayor demanda en el mercado de contratistas y proveedores.

Es cierto, México no ha construido una sola refinería desde 1979, pero no es el caso más extremo. En Estados Unidos, por ejemplo, la última refinería se construyó en 1976. Ahora tienen 150 refinerías, pero hace 25 años sumaban 350 plantas. Pero este país eligió importar la gasolina en lugar de procesarla localmente. Por eso hoy tienen que comprar al exterior más de un millón de barriles diarios de crudo refinado.

Sin embargo, los países asiáticos han emprendido una serie de inversiones para aumentar su infraestructura de refinación. Tan sólo China incrementará en los próximos años su capacidad de refinación en 28%, mientras los demás países asiáticos lo harán en un promedio de 18%.

Esto ha elevado los precios de diversas materias primas como el acero, el aluminio y el concreto, así como las tarifas de las compañías constructoras y del personal calificado. “El costo de los proyectos de refinación se incrementaron entre 50 y 100% en los últimos años”, dijo José Antonio Ceballos.

Pemex Refinación tiene en Minatitlán un caso en donde muy probablemente se combinen los dos problemas que destacó el directivo en su presentación: capacidad de ejecución y mayores precios de materias primas.

En diciembre de 2003, el gobierno comenzó la modernización de esa refinería. Se esperaba entonces que estuviera lista para agosto de 2008 y que el costo de transformarla fuera de 1,300 MDD. Al cierre del año pasado, el avance físico era de 75%. Sin embargo, la fecha para arrancar de nuevo operaciones ya se había trasladado a febrero de 2009 (en el Diagnóstico de Pemex se da como nueva fecha mediados de 2009). La inversión total estimada del proyecto también sufrió alteraciones: el nuevo precio será de 3,100 MDD.

Mientras tanto, las ‘brechas de desempeño’ entre las refinerías de México y los parámetros globales de la industria siguen aumentando. Las refinerías mexicanas gastan, en promedio, 1.5 veces más energía en sus procesos que el estándar internacional. Su rendimiento de productos destilados es 6.3 puntos porcentuales menor a las referencias internacionales y tiene 4.3 veces más paros no programados. Para rematar, en las refinerías nacionales trabajan 5.3 veces más obreros que el estándar mundial.

Es relativamente fácil encontrar esas diferencias gracias a que la empresa estatal mexicana tiene desde 1993 una asociación con Shell en una refinería ubicada en Texas, EU. Se trata de Deer Park, en donde Pemex posee 50% y el resto, la empresa estadounidense.

El año pasado, esta planta tuvo un margen de refinación de 14.2 dólares por barril. En tanto, el Sistema Nacional de Refinación alcanzó apenas 7.2 dólares, y con casos extremos como Minatitlán, Tula y Salina Cruz que tuvieron márgenes de 2.2, 5.4 y 5.5 dólares, respectivamente. El consumo de energía de Deer Park fue casi la mitad que la refinería de Madero, y su mezcla de destilados favorece a los productos de mayor valor agregado, como la gasolina y el diesel.

Más allá de las pérdidas de Pemex Refinación, el negocio de Deer Park le ha dejado a la paraestatal utilidades por casi 1,000 MDD al año. Tanto la refinería como las plantas petroquímicas asociadas generan más de 1,700 empleos directos en Estados Unidos y más de 4,000 indirectos. Además, la planta paga unos 500 MDD al año en impuestos.

Quizás esto explica mejor por qué el gobierno federal ha decidido proponer que Pemex dé a maquilar la refinación de su crudo, en lugar de seguir en el intento de hacerlo por sí mismo, pero las iniciativas de ley presentadas ante el Congreso siguen sin dar una solución al problema de las ineficiencias de la subsidiaria.

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