Los "commodities" inflan los mercados

Las materias primas están por las nubes y el fantasma inflacionario acecha, pero el negocio sig la paradoja de este crecimiento es que nace y acaba en crisis, todo en un momento de desacelera
La búsqueda ciega de combustibles a base de granos, caña y o
Diego Fonseca

Cuando uno se sube al elevador de la Torre Mayor y marca el último piso, tiene la sensación de que el viaje no acaba. Y eso que es un elevador veloz y el edificio no es infinito. Una sensación similar viven los productores de insumos y materias primas (commodities), cuyos precios se subieron al elevador de Reforma 505, marcaron el piso 55 y no pararon hasta perforar el techo, 230 metros más arriba.

El 2007 volvió a ser un festival de récords para las materias primas. En promedio, quienes pusieron capital en el mercado de energía, metales y productos agrícolas se llevaron ganancias de 23%. Los más beneficiados fueron los que buscaron trigo y soya, pues cerraron 2007 con los bolsillos 76% más llenos. El petróleo dio 61%, el platino, 35%, y el oro, 31%. ¿Apostadores al maíz? 17% más ricos, ¿gas? 21%.

Poco después de mediados de 2007, el capital del mercado accionario se fue a los fondos de riesgo indizados a materias primas. Suplieron a China, India y a la necesidad exacerbada de biocombustibles. El panorama lo completa la caída del dólar frente al euro, agudizada por la crisis hipotecaria en EU y las expectativas de recesión y mayor depreciación. Cuando las bolsas cayeron, no hubo commodity que no se inflara como globo. Eran el nuevo refugio ante la incertidumbre y uno nuevo para que los halcones especulativos siguieran criándose.

Todo 2007 ocurrió en los cielos. Después del petróleo, la inflación asociada al precio de los alimentos es culpada de encarecer todo lo demás. Granos, azúcares y oleaginosas para fabricar combustibles son la última carrera sucesora de las puntocom y las McCasas de EU. Está motivada por una escasamente sostenible búsqueda de la sustentabilidad ambiental, y presiona más el ambiente, la capacidad de proveer alimentos y los precios.

La paradoja de este crecimiento es que nace y acaba en la crisis. Las economías se recalientan, la inflación sube, los bancos centrales miran las tasas y los banqueros a los lados, la gente se sienta en el dinero y, en el reinicio del ciclo económico simplificado, el crecimiento aminora su ritmo.

Mientras, Peñoles, Grupo México y Autlán vieron subir sus ganancias e ingresos. Acereras como IMSA caminaron la misma senda. Mexichem, Ideal y Wal-Mart tuvieron rendimientos jugosos repetidos en el primer trimestre de 2008. Otros lo sufrieron, como Bimbo, que por el alto precio de la harina debió aumentar precios este año.

Analistas coinciden en que, hasta ahora, la economía asimiló bastante bien la desaceleración de EU. La actividad industrial se mantiene y los negocios crecen. La cuestión es cuándo se desinflará la burbuja de las materias primas.

La respuesta teórica dice que cuando el dólar se aprecie. En los últimos tiempos, cada vez que bajó el índice Standard & Poor’s del NYSE, la manada inversionista hizo subir los commodities –y viceversa–. El Fondo Monetario Internacional calcula que la crisis de EU costará 1 billón de dólares, que el gobierno comenzó a pagar auxiliando la compra de Bear Stearns. Pese a que quedan coletazos públicos –balances con rojos trimestrales y más carteles de ejecuciones hipotecarias en los jardines–, la crisis subprime parece estructuralmente vista y revista.

Aunque, claro, eso deja todo lo demás para lidiar. Los costos del transporte están en las nubes, el crédito se restringirá y los precios de los autos, las PC, los productos electrónicos en general y las tortillas pueden mostrar aumentos. Sólo en EU, los precios crecieron casi 7% el año pasado; en lo que va del año, el combustible aumentó 25% o más en algunos estados.

En México, los precios de productos básicos de la dieta como el huevo, el pan, la tortilla, las frutas y el azúcar han crecido sostenidamente desde 2005, según sondeos del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas. Con todo, y sin descartar que aumente, México sigue siendo el país con menor inflación de la región.

No hay que descuidar la continuidad de los eventos. Con el petróleo marchando victorioso hacia los 150 dólares el barril, hay cada vez más presión para hallar combustibles de remplazo. Se sabe, los negocios se mueven más rápido que las previsiones y el hallazgo de una veta en los biocombustibles está alimentando una nueva burbuja. Combinada la demanda de China e India, adelanta el banco UBS, el azúcar, el maíz, el trigo y el algodón estarán entre las mejores inversiones en materias primas en los próximos años. Sus precios podrían duplicarse en dos años por el crecimiento demográfico asiático y por la demanda de biocombustibles, señalan estudios.

Con aumentos de precios de 55% para el trigo, 40% para el maíz y 30% para los futuros del algodón, los mexicanos con menores ingresos tendrán problemas o bien reducirán su consumo alimentario (alimentando una crisis social) o reducirán consumos más suntuarios. O con crisis de pago, si nadie reduce nada.

Por lo pronto, varios organismos advierten de los riesgos humanitarios del ‘efecto popcorn’. Un 15% mas que aumente la canasta de alimentos, anunció la CEPAL, es 3% más de población subnutrida en el mundo. Sólo en los últimos tres años, más de 100 millones de personas en países con bajos ingresos enfrentarían una crisis alimentaria. Más población sobre el planeta, nuevas opciones de inversión (más rentables y/o subsidiadas) para quienes antes producían alimentos, comida más cara. Nada de eso es un coctel probiótico. Es combustible para crisis. O como para que los precios orbiten el planeta cómodamente instalados en su elevador alimentado a granos, petróleo y metal.


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