Fin de la fiesta en la Bolsa Mexicana

En 2007 la BMV vivió dos momentos: hasta octubre algo parecido a la gloria, luego, el mal de al el índice de precios fue 4 veces mayor al 2000, pero el efecto de la crisis subprime se hizo se
La publicación de los reportes financieros al segundo trimes  (Foto: )
Diego Fonseca

Hay personas que temen a las arañas, otras, a los espacios abiertos, y no pocas, a sus suegras. En la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) el pánico es a las alturas. Y al techo de América Móvil, Telmex y Telcel. Y a la persistencia de la crisis en Estados Unidos. Y a la inestabilidad general...

El año que pasó tuvo dos momentos en la BMV. Uno antes de octubre, cuando el mercado mantenía las tasas de interés. El otro, cuando ya no pudo mantener las formas y el contagio de la crisis hipotecaria en el país vecino del norte desnudó más de una flaqueza.

En octubre, antes de iniciar la caída de 10% hacia la conclusión del año, la Bolsa alcanzó su récord histórico, los 32,836 puntos. Resultaba natural, tras dos años en generoso ascenso. Pero entonces se sumaron otros problemas y el ‘mal de alturas’ se hizo incontenible.

El mercado llegó a octubre festejando, con la corbata en la cabeza y el champán chorreando. En 2007, todos fueron récords y no sólo porque una microfinanciera, Compartamos, debutase con un OPA de estrellato.

El año pasado, la BMV se aferró a la cola de un torpedo. Se quintuplicaron los valores operados en moneda y se duplicó el número de acciones. El índice de precios fue cuatro veces superior al de 2000 y la capitalización del mercado puso la cereza: aun con la caída hasta 29,000 puntos, el pastel de la Bolsa representaba 46% del PIB al cierre de 2007, casi el doble que siete años antes.

Por eso, en ese nublado diciembre, unas 20 empresas mostraban expansiones muy generosas. Vinieron, sobre todo, de los sectores más activos del mercado, commodities con precios que cortaban las nubes (Autlán, Grupo México, Peñoles), operadores financieros que capitalizaron años de buen desempeño (GBM) y hasta telcos en proceso de ampliación de negocios (como Axtel, preparando el triple play).

Nueve de esas empresas negociaron 100% más papeles que en 2006 y otras ocho vendieron entre 70 y 90% más. GBM, el líder en spread, coronó un 2007 magnífico (véase tabla) negociando 672 millones de pesos (MDP), 638% más que en 2006 y con un generoso retorno sobre la inversión de 29.7%. Su colíder, Autlán, tiró de la renta aportada por los excepcionales precios de los minerales ferrosos. Y luego estuvo Elektra, el mejor pagador, confirmando nuevamente las habilidades comerciales y financieras de Grupo Salinas para aprovechar los segmentos necesitados de acceso al mercado, como la base de la pirámide; negoció 8.4 MDP, 150% más que en 2006.

Claro que también hubo ausencias. Las empresas de Carlos Slim no tuvieron otro año de gran desempeño; los aeropuertos perdieron atractivo por la reducción de vuelos y la cancelación de rutas de algunas aerolíneas; la construcción se resintió, Iusacell pasó a mejor vida.

Y además...
Los bombazos de EU finalmente entraron en el último trimestre del año, y con tanta fuerza que el temblor en las rodillas perdura. Tomó seis meses a la BMV acercarse a niveles similares a los de su techo de octubre pasado.

La incertidumbre ahora incorpora un panorama más amplio. La crisis subprime en EU no llegó a su fin –una nueva tanda de ejecución de hipotecas (o foreclosures) debe salir a mediados de año y aún quedan bancos por corregir balances. EU debe elegir un presidente y éste tiene que tomar medidas importantes. Sin agotarlas: 1) qué hacer con el NAFTA (sea Obama-Hillary o McCain, las señales serán complejas), 2) cuánto dinero gasta para mover la economía y 3) quién y cómo paga la cuenta de la irresponsabilidad por los créditos hipotecarios.

Y además hay que mirar el mercado global (¿petróleo por encima de 150 dólares por barril?) y local (ojo a la inflación). No hay empresas capaces de tomar la posta de las compañías de Slim como movilizadoras del mercado, por lo que el achatamiento será una gran pregunta. Restan por definirse la reforma energética, el futuro esquema fiscal de Pemex, los movimientos en la CFE y el mismo futuro de la Bolsa.

La Oferta Pública Inicial (IPO, en inglés) de la BMV es una buena idea, pero ¿están las empresas mexicanas listas para seguir su camino? El mercado ha dado dinero pero muy subido a las espaldas de las empresas de Carlos Slim. Su comportamiento ha rozado la parasitosis. El mercado accionario mexicano tiene 129 emisoras. Es más que en Bermuda, Argentina y Colombia, que no llegan a 100, pero no queda bien comparado con Brasil (381 compañías) o Chile (246).

Por otro lado, las empresas de Slim han llegado a un nivel de crecimiento cercano al máximo. Difícilmente el trío de telcos aportará saltos significativos de valor. América Móvil y Telmex no tienen mucho más que comprar y deben alinear plataformas y consolidar paquetes en los 14 países en que operan. En plena crisis, es probable que decidan sentarse sobre el dinero.

Por eso el calambre bursátil no tiene resolución cercana. Algunos eventos se morigerarán pero otros demandan soluciones estructurales. Mientras, el mercado seguirá volátil, poniendo presión. Hasta los inversionistas acostumbrados a las alturas siguen aún sobrevolando, con un ojo puesto sobre Estados Unidos y la mano en la palanquita que dice eject.



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