Beat Generation atrae turismo a México

En la década de 1950, los escritores estadounidenses de esta corriente literaria vinieron al país; admiradores de sus obras hacen recorridos por la ciudad para seguir sus pasos y revivirlos.
Ciudad de México  (Foto: CORTESÍA SXC)
CIUDAD DE MÉXICO (AP) -

La ciudad de México fue un imán que atrajo a los mejores escritores estadounidenses de la Beat Generation en la década de 1950, incluidos Jack Kerouac, William Burroughs y Allen Ginsberg.

Muchos de los sitios que frecuentaban han desparecido. Pero los admiradores de esa generación de escritores de todos modos siguen sus pasos y encuentran rastros de ellos en cantinas, bulevares e incluso el lugar donde se produjo un sonado asesinato.

Los "Beats" vinieron a la capital mexicana en busca de lo que esperaban fuese una experiencia nueva, mágica. Querían ilustrarse y, en varios casos, escaparle a la justicia, pues tenían casos pendientes. Se movían sobre todo en el barrio Roma, donde abundaban mansiones de ricos pero que se había venido a menos para cuando Kerouac y Burroughs vivieron allí.

En tiempos recientes la colonia Roma revivió y cuenta hoy con parques, cafés escondidos, galerías y restaurantes caros. Pero sigue predominando un aire bohemio y todas esas novedades conviven con tortillerías, restaurantes populares, hoteles baratos y casas de reparaciones.

La mayoría de los sitios relevantes frecuentados por los Beats se encuentran en la Roma y pueden ser visitados caminando.

La primera parada de un recorrido siguiendo los pasos de los Beats es un edificio en Monterrey 122, en una transitada esquina de la calle Chihuahua. Es una construcción medio lúgubre, con restaurantes baratos de tacos y enchiladas, y un pasado insospechado: en una noche de tragos en 1951, Burroughs, una especie de gurú de los Beats, mató accidentalmente de un tiro a su esposa al tratar de imitar las hazañas de Guillermo Tell.

Burroughs, autor de "Naked Lunch" (El almuerzo desnudo), "Junky" (Yonqui) y "Queer", le puso un vaso en la cabeza a Joan Vollmer y disparó tratando de acertarle, pero le dio en cambio a su esposa. Fue hallado culpable de homicidio por negligencia y recibió una condena de dos años de prisión en suspenso. Posteriormente escribió que, de no haber muerto Vollmer, jamás habría sido escritor.

El departamento donde Burroughs mató a Vollmer se encontraba sobre el legendario bar Bounty, en el que escritores Beat bebían hasta el amanecer. Hoy hay allí una cantina como tantas llamada Krika, donde la gente consigue comidas baratas, sin saber lo que ocurrió arriba suyo hace más de medio siglo.

"Cada tanto veo turistas que observan el edificio, preguntándose si será allí donde sucedió todo", comenta Huberto Suárez, el propietario de Krika. "No hay estatuas ni placas. Yo les confirmo que sí, que fue allí".

Más irreconocible todavía es José Alvarado 37, un desvencijado edificio blanco en una callecita frente al centro comercial de Plaza Insurgentes y a una tienda de Sears. Cerca hay un cartel que dice "¡Viviendas sí! ¡No a los desalojos!".

Esa fue la primera residencia de Burroughs en la capital mexicana tras huir de Estados Unidos, donde había sido acusado de posesión de drogas. Allí se le aparecieron un día Kerouac y Neal Cassady en 1950 al completar su famoso viaje por tierra hacia México. La calle fue renombrada, antes era Cerrada de Medellín 37. Kerouac le dedicó más tarde el poema "Cerrada de Medellín Blues" (Blues de la Cerrada de Medellín).

Mientras que Kerouac se sintió atraído por la cultura indígena y las raíces espirituales de los mayas, las razones de Burroughs para vivir en México entre 1949 y 1952 fueron más prácticas: le escapaba al proceso judicial que tenía pendiente en Estados Unidos, vivía barato y satisfacía sus vicios.

"La ciudad de México me gustó desde el primer día que llegué", escribió Burroughs en el prólogo de "Queer". "En 1949, era un lugar barato para vivir, con una gran colonia extranjera, burdeles y restaurantes fabulosos, riñas de gallos, corridas y todas las diversiones imaginables. Un soltero podía vivir bien por dos dólares al día".

A diez minutos a pie de Cerrada de Medellín se encuentra lo que era considerada la sede informal de los Beats en la ciudad de México, en Orizaba 210. El edificio de entonces fue demolido y hoy hay un edificio de departamentos de ladrillo. De vez en cuando aparece un guía turístico con un grupo de visitantes.

En los años 50, Kerouac, Burroughs, Cassady, el poeta Gregory Corso y Ginsberg se alojaron en Orizaba 210. En el techo de esa vivienda Kerouac escribió partes de "Mexico City Blues" y su novela corta "Tristessa". Burroughs, un adicto a la heroína, escribió en esa casa "Queer".

Otra parada obligatoria en un recorrido de los sitios Beat es la Plaza Luis Cabrera, en Orizaba y la calle Zacatecas. Es una plaza bonita con cafés y una fuente. Allí se reunían los escritores Beat para hablar del nirvana aturdidos por el alcohol, la marihuana y la heroína.

Una noche, después de ingerir peyote con Burroughs, Kerouac se tiró en el césped de la Plaza Cabrera para experimentar el alucinógeno, según cuenta Jorge García Robles en su libro "Burroughs y Kerouac: dos forasteros perdidos en México".

Kerouac también fue a parar a esa plaza luego de tomar morfina y caminar bajo la lluvia. Describió ese recorrido en "Tristessa". Lo inició probablemente en el barrio de La Lagunilla y pasó junto a cientos de prostitutas. Atravesó la famosa Plaza Garibaldi, donde se congregan los mariachis y entonan canciones por poco dinero.

Pasó por el Palacio de Bellas Artes y enfiló por la calle San Juan de Letrán hasta llegar a Roma y al boulevard Alvaro Obregón.

Quienes traten de recorrer los pasos de Kerouac se sentirán a salvo en la Plaza Garibaldi. El boulevard Obregón tiene librerías y puestos que venden artesanías. Los domingos hay un gran mercado en el cruce con la Avenida Cuauhtémoc. La Lagunilla, no obstante, sigue siendo un sitio poco recomendable para visitantes.

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