La ‘fantástica’ aventura de Zuckerberg

La película sobre Facebook, “The social Network”, quizá sea ficción, pero creará entonces a un mito; “Nadie hace 500 millones de amigos sin hacer de algunos enemigos” reza en una publicidad…gratuita.
marck zuckenberg facebook la pelicula movie resena  (Foto: Cortesía Fortune)
Jessi Hempel

Yo conozco a Mark Zuckerberg desde hace mucho tiempo. Hablamos por primera vez en el otoño de 2005, justo después de que se le terminara su renta en Palo Alto, cuando se había tomado un semestre libre de Harvard, y se quedaba en el departamento de un amigo en Menlo Park. Desde entonces, he escrito decenas de notas sobre la empresa que él fundó, y he pasado muchas horas en las oficinas centrales de Facebook (que es el motivo por el que salí perturbada de ver La red social esta semana: "Entonces así fue como pasó").

A pesar de que la cinta de Aaron Sorkin no trata los hechos tras el origen de Facebook, pasará a la historia como el mito de la creación de la empresa. En las próximas semanas, los amigos de Zuckerberg seguramente lo defenderán e historiadores de la empresa buscarán dejar las cosas claras.

Pero no se preocupen tanto por Zuckerberg y compañía. Esta película es lo mejor que le ha pasado a Facebook desde que tu abuelita se registró. No tiene precio la publicidad gratuita que la empresa puede ganar con los avances que atraviesan el ciberespacio, los carteles en el metro y un poco de romance hollywoodense inyectado en la historia de la creación de una página de Internet.

La cinta abre con una descarga conversacional de los mejores momentos de El ala oeste, otra creación de Sorkin. La exasperada novia de Zuckerberg, Erica Albright, estudiante de la Universidad de Boston, esta tratando de mantenerse a la altura de la marejada de los no séquitos de su novio. Plasmado a la perfección por Jesse Eisenberg, el geek tiene varias conversaciones simultáneamente, con un ir y venir de sus ojos, hasta que Albright hace una mueca. "Salir contigo es como salir con una máquina escaladora", dice.

Claro que él no entiende. No sorprende a nadie más que a Zuckerberg que Albright lo deja. Descarga su rabia en la red (primero como una publicación en el blog LiveJournal ¿Se acuerdan de LiveJournal? Viejísimo. De 2003) y luego una página que permite a la gente votar por las estudiantes más candentes. Unos meses después, Zuckerberg convierte esa energía en un directorio estudiantil para la red, al que anuncia como una producción de Mark Zuckerberg.

Esta es una historia sobre las formas crueles en que los adolescentes  pueden poner las herramientas de un brutal mundo de adultos en contra de otros. La historia se desarrolla como una serie de recuerdos que ocurren durante dos deposiciones simultáneas. El ex socio de Zuckerberg y mejor amigo, Eduardo Saverin, lo demanda, junto con ex compañeros de Harvard, Cameron y Tyler Winklevoss. Cada uno siente que les corresponde una participación sustancial de la empresa. Al final de la cinta, un asociado de segundo año, interpretado por Rashida Jones convence a  Zuckerberg a establecerse, y compara los costos con multas de tránsito (las molestias menores que son parte de hacer negocios).

El papel de Facebook

Una escena brinda un momento cómico, cuando algo sale mal al buscar ayuda de las autoridades. Antes del que los gemelos Winklevoss lleven el asunto a la corte, visitan al presidente de la Universidad de Harvard, Lawrence Summers, con una guía del estudiante en la mano. Esperan que él se ocupe de su caso. Summers se ríe y les dice que piensen en otra idea para un negocio. Es lo que hacen los estudiantes, dice.

El producto por el que se obsesionan estos hombres (el sitio de la red social llamada Facebook) no viene al caso. Zuckerberg pudo haber inventado una tetera o una patineta. El verdadero Zuckerberg se concentraba como loco en crear una página que pudiera conectar a todos en el planeta. En 2005 me dijo, "es una herramienta social y lo que la va a hacer funcionar va a ser la pubicuidad". Por otro lado, en la cinta, él parece más obsesionado con lograr la esplendidez que Sean Parker, uno de los fundadores originales de Napster, presenta cuando llega a conocer a Zuckerberg en un restaurante de Nueva York.

Mucho de lo que hace a esta película brillante es el reparto. Erica Albright, interpretada por Rooney Mara, es alguien a la que sí quisieras tener de amiga. El papel de Andrew Garfield como Eduardo Saverin, el joven prodigio de los fondos de alto riesgo, que se vuelve el mejor amigo de Zuckerberg, su socio comercial y luego enemigo, es entrañablemente simpático. Los privilegiados gemelos Winklevoss son interpretados, ambos, por un joven actor que no desconoce el privilegio  (Armie Hammer, el bisnieto del exuberante magnate del petróleo Armand Hammer). Mientras que irónicamente, el cantante Justin Timberlake interpreta Parker, el empresario novel fiestero que puso a la industria musical de rodillas.

El verdadero Zuckerberg dice que no tiene plan de ver la cinta, pero finalmente no es tan crítico a su personaje. Si bien el retrato que hace Sorkin de él no lo captura del todo, tampoco lo muestra como alguien totalmente incomprensivo. Y aunque su reputación sufra por cantidades de espectadores a quienes nunca ha conocido, sigue firme ante quienes sí le importa (sus amigos, su familia y la gente con quien trabaja). Muchos no aparecen en pantalla. Mientras tanto, a medida que los rumores crezcan, nuevos públicos en línea van a revisar este nuevo sitio llamado Facebook.

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Si la intención de esta cinta es ser un relato moderno sobre moralidad, es un fracaso. Al final de la historia, Zuckerberg tiene una página, pero parece haber perdido todo lo demás: el liderazgo errático de Parker, el respeto de los gemelos Winklevoss y la amistad de Saverin. Pero ese resultado no parece tan malo. Las fiestas de Parker hubieran arruinado a la empresa. Los gemelos todavía dependen de la corte para lidiar con las diferencias con Zuckerberg. Y Saverin demostró ser el tipo de amigo (o ex amigo) que llamaría a un escritor para publicar algo denigrándolo.

Mientras tanto, Zuckerberg tiene Facebook, y es por su convicción sobre el potencial de que cinco años después, nosotros también lo tenemos.

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