Razones para ir (o no) al 360 Tour de U2

¿Tener uno de los shows más costosos de la historia es motivo suficiente para ir a ver al grupo?; con una imponente producción tecnológica, el cuarteto irlandés regresa por cuarta ocasión a México.
U2  (Foto: AP)
Alejandra Jarillo y Luis del Valle

Cuatro años han pasado desde la última visita de la banda irlandesa U2 a México y son 21 años los que marcan la evolución de este grupo, que pasó de escribir letras de protesta a incursionar en las canciones pop.

A lo largo de esta historia, también hemos visto la transformación de sus integrantes, en especial la de Bono, su líder y vocalista, quien de ser un activista social-político pacifista se convirtió una figura del showbis de trajes de piel ajustados y lentes oscuros, y finalmente, en una celebridad de yates privados. Objeto de crítica y parodia por mantener una actitud mesiánica en el mundo del rock.

Vinieron por primera vez al DF en 1993, con la gira Zoo TV -cuando el traje ajustado-, era su momento de gloria con éxitos como: "One" y la citada "Mysterious Ways" (incluso se trajeron a la bailarina árabe que hacía belly dance cuando eso era muy original).

En 1997 aterrizaron con el Popmart Tour, a raíz del cual siguió el triste y largo veto. Nos perdonaron en 2006 con el sensacional Vertigo Tour. En cada una de las presentaciones se repetía el ritual: gente acampando afuera del Palacio de los Deportes para conseguir el mejor boleto, "sold out" en menos de dos horas, fans (y hasta los no tanto) aferrados a conseguir una entrada a cualquier precio...

Sin contar los buenos recuerdos de la banda de los ochenta y noventa, ¿vale la pena hoy día enloquecer por ver a U2? Esta semana regresan al DF para presentarse tres veces en el Estadio Azteca con su U2 360° Tour, una de las giras más ambiciosas y costosas de la historia: al centro del icónico estadio se erigirá una estructura gigantesca de acero de más de 50 metros; ésta cuenta con un complejo sistema de iluminación y una pantalla expandible compuesta por más de un millón de piezas.

El costo de producción para cada concierto es de 750,000 dólares y requiere de más de 200 personas para funcionar. Se trata de un espectáculo visualmente impresionante pero, ¿la gran inversión en el escenario hace un mejor concierto?

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Dejando atrás la imponente producción tecnológica del show, tenemos que admitir que hace tiempo que U2 dejó de hacer canciones-himnos para corear, que su último disco No Line on the Horizon ha tenido mala crítica; eso hace intuir que el gran convencionalismo de sus presentaciones en vivo es cada vez mayor para ocultar los defectos de una banda que, musicalmente, ya no tiene nada nuevo para ofrecer.

Pero eso no importa al público mexicano que se mantiene fiel ante los de Dublín porque gana la nostalgia de los buenos recuerdos y las grandes canciones, más la promesa de que cuando sube el telón del concierto de U2, todos caemos rendidos a sus pies y dejarse caer es una experiencia que se debe vivir al menos una vez en la vida.

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