Cinco razones por las que nos aterran los payasos

La asociación entre los payasos y el peligro ha sido reforzada durante las últimas décadas, por ejemplo el personaje de Pennywise de la novela ‘It’ de Stephen King o el Joker de los cómics y cine.
Miedo  Los payasos tocan botones de nuestros mecanismos de aversión y pánico.  (Foto: Reuters)
Por LINDA PAPADOPOULOS
(CNN) -

Seguramente escuchaste sobre la ola de payasos aterradores que están causando miedo en Estados Unidos y el resto del mundo. Desde mediados de este año, la moda por la cual muchos se visten con disfraces siniestros le ha causado problemas a la policía en varias naciones y nerviosismo a la gente.

En el Reino Unido, la policía del Valle del Támesis llegó a reportar 14 avistamientos de payasos en un período de 24 horas, mientras que la policía de Cumbria reportó al menos nueve payasos, uno de ellos con un cuchillo.

Y no mencionemos los casos en México y otras naciones latinoamericanas, para no ponerte más nervioso.

Lo peor de todo esto quizás sea que todo este temor generado por esos payasos agresivos tiene bases profundamente sustentadas en nuestra mente y nuestra cultura, además de una buena dosis de influencias históricas, como verás a continuación.

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La inocencia y la amenaza

La incongruencia es algo que nos hace sentir incómodos. Esa es una de las razones por las que los payasos pueden parecer tan aterradores.

Se supone que los payasos deben ser divertidos, lúdicos y deben evocar la inocencia infantil. Pero ya desde el siglo XVI los bufones de Shakespeare se asociaban a menudo con la muerte y la oscuridad.

Esta idea ha continuado hasta la actualidad y ha trascendido a la cultura popular. Así, mientras queremos dejarnos llevar por una sensación de seguridad, al mismo tiempo sentimos que algo mucho más siniestro se esconde detrás de la cara pintada de un payaso.

Expresiones faciales ocultas

Somos seres sociales y como tales hemos desarrollado la capacidad para leer sensaciones como la seguridad y el peligro basados en las expresiones faciales y en el lenguaje corporal.

Los payasos se esconden detrás del maquillaje, una virtual máscara que nos impide ver lo que están sintiendo, pensando o incluso adivinar sus verdaderas intenciones.

Y cuando no estamos seguros de qué pretende la persona que se encuentra frente a nosotros, nos invade el miedo.

Deformidad
Deformidad  Sus narices son antinaturalmente grandes y rojas.  (Foto: Reuters)

Repulsión por la simetría facial contorsionada

Los investigadores que estudian el atractivo facial dicen que la mayoría de lo que nos agrada se basa en normas sociales: cosas como el color de la piel, la forma de los ojos y el tamaño de los labios.

Dos cosas que sí parecen ser innatas son la atracción hacia la simetría facial y no tener características que difieran demasiado de lo normal. Los payasos desafían esas dos cosas: sus caras están maquilladas para ser asimétricas y exageradas, así que cuando los vemos sentimos una aversión natural.

Sin embargo, gran parte de su repertorio se centra en hacernos reír y conectarse con nosotros, así que nos encontramos en un estado de disonancia cognitiva causado por sentir que nos repugnan y al mismo tiempo llaman nuestra atención.

Joker
Joker  Ningún personaje encarna tanto la idea del payaso malvado, como el enemigo de Batman.  (Foto: EFE)

Payasos malvados famosos

Como se mencionó anteriormente, nuestra cultura está llena de referencias a los payasos malvados, incluyendo el asesino en serie John Wayne Gacy, y el personaje de Pennywise de la novela It de Stephen King, o sin ir más lejos, el Joker de los cómics y el cine.

La asociación entre los payasos y el peligro ha sido reforzada constantemente durante las últimas décadas, y como tal, somos más propensos a adoptar una visión de ellos como algo alarmante porque hemos aprendido a verlos de esa manera.

De risa loca
De risa loca  Aunque podemos entender su sonrisa, no nos sentimos a gusto con ella porque nunca se desvanece.  (Foto: AFP)

Por naturaleza tememos a lo ilógico

Los payasos encarnan lo ilógico. Son lo suficientemente humanos para ser reconocibles como tales, pero lo suficientemente alejados de la normalidad como para resultar desconocidos al mismo tiempo.

Así, sus gestos y características son exageradas, como las lágrimas pintadas en sus rostros o sus enormes narices rojas.

Debido a que su imagen aparece distorsionada, pero todavía reconocible, eso nos invita a tratar de comprender lo que ocurre con ellos, no necesariamente porque estemos entretenidos, sino porque estamos confundidos.

Así, aunque podemos entender su sonrisa, no nos sentimos a gusto con ella porque nunca se desvanece. Y eso es precisamente lo que nos da miedo: la noción de que lo que estamos viendo oculta algo que no acabamos de comprender.

Entonces, la próxima vez que te encuentres un payaso que te amenaza con un cuchillo, toma consuelo mientras huyes de él en el hecho de que todas esas sensaciones que inundan tu cabeza y congelan tu alma tienen muchas razones de ser.

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