Ataques estresan a asesores de inversión

Taquicardias, invasiones de ronchas y visitas al hospital fueron comunes tras los días más negros; han recibido cuestionamientos a sus habilidades, telefonemas incesantes y hasta amenazas de muerte.
La crisis hizo que muchos en el sector cuestionen su habilid  (Foto: Ramón Sánchez Belmont)
Feike de Jong

Un joven está sentado frente a tres pantallas. Viste como la mayoría en la oficina, camisa blanca, corbata, y el cabello engomado hacia atrás. Sus manos revolotean cuando mira una gráfica en la pantalla, y sus ojos parecen suplicar. Un colega está a su lado en silencio, como quien acompaña a un deudo; nada se puede hacer.

En septiembre, el representante de una empresa financiera acudió a la clínica antiestrés MindRoom, del Hospital Ángeles de Las Lomas, para ayudar a sus altos ejecutivos, cuenta la directora de la clínica, Miriam Soffer.

Los primeros en sentir el viento frío de la crisis fueron los asesores de inversiones. Los clientes invirtieron millones de pesos a partir de sus opiniones y estrategias. Pero ninguna estrategia puede funcionar cuando todos los mercados pierden 40% de su valor como promedio.

Y la masacre todavía sigue. Todo lo que parecía cierto, la solidez de bancos como Lehman Brothers o la de agencias de calificación de deuda como Standard & Poor’s y Moody’s, se tambalea. Los asesores ahora tienen que responder a los incesantes telefonemas de sus clientes.

Hay clientes que llevan tantos años con el mismo asesor, que son amigos. Los asesores, que por formación y experiencia suelen ser personas muy seguras de sí mismas y de sus opiniones, por estas semanas han sufrido golpes emocionales muy palpables.

En los momentos más difíciles, volvieron a circular por sus oficinas las historias de asesores que en 1995 recibieron amenazas de muerte. “Las primeras grandes caídas fueron las peores”, cuenta la subdirectora de Banca Patrimonial de un grupo financiero mexicano. “Ahora estamos más acostumbrados a grandes cambios en la Bolsa”.

Pero todos recuerdan el 15 de septiembre como una fecha clave. Ese día, cuando el gobierno de Estados Unidos decidió no rescatar a Lehman, la política económica se volvió impredecible; la seguridad se perdió.

“Fue el parteaguas entre una crisis controlada y la desconfianza en instituciones y líderes de opinión”, comenta Luis Ortiz, director ejecutivo de Comercial y Ventas de ING Investment Management.

La mayor queja para los asesores entrevistados ha sido la incertidumbre. Pero aun los que conocieron la crisis de 1994-1995 dicen que en este caso el ambiente es distinto. En vez de enfrentar un problema comprensible con consecuencias comprensibles, hay un aura de inseguridad enorme sobre los mismos fundamentos del sistema económico mundial.

Pero justo es esta misma inseguridad e impotencia lo que les puede dar consuelo. “Creo que es muy importante entender las limitaciones de uno”, comenta Francisco Suárez, director técnico y económico del Departamento de Análisis de Actinver. “Algún día me estaba dejando llevar por las noticias y mi esposa me preguntó: ‘¿Lo puedes resolver?’”. La pregunta retórica le aclaró lo absurdo de la situación. Si los mismos reguladores primero dan 40,000 millones de dólares para el rescate de la aseguradora American International Group (AIG), y luego terminan poniendo 150,000 mdd, implica que no conocen el estado de las compañías. “Si el mismo (secretario del Tesoro de EU, Henry) Paulson no sabe qué pérdidas tiene una empresa”, dice Suárez, “¿qué puede hacer alguien como yo?”.

La pérdida de fe en viejos modelos queda manifiesta. “Sin duda, esta crisis tiene un fundamento sicológico más allá de los anteriores”, comenta Luis Ortiz, que tiene a un equipo de 30 personas trabajando bajo su mando en ING Investment Management. “Ahora hay una falta de confianza hasta en el liberalismo económico”.

Clientes y amigos
Los asesores de inversión se basan en los reportes de los analistas y calificadores para dar su asesoría. Su tarea es explicarle al cliente las condiciones del mercado y entender sus metas. Con base en esos dos elementos construyen juntos la estrategia de inversión. Todos contentos, mientras las cosas marchan bien. “Esta crisis ha hecho que muchos en el ramo se cuestionen su propia habilidad para mantener clientes y sus trabajos”, comenta Ortiz, de ING.

Pero cuando las cosas van mal, puede salir a flote que el cliente no estaba realmente dispuesto a asumir el riesgo o no tenía la posición financiera para hacerlo.

“En general, he notado tres tendencias”, comenta Javier S., asesor de inversión de otro grupo financiero nacional. “La gente con menos de 50 años está más dispuesta a asumir los riesgos, sabe que todavía tiene una larga vida productiva y que los mercados eventualmente se deben recuperar. La gente mayor de 65 años siempre fue reacia al riesgo, y no lo tomó. Pero son las personas de entre 50 y 65 quienes tienen más dificultades con la incertidumbre”.

Javier, un hombre robusto con un trato que inspira confianza, ya conoce lo que esta incertidumbre puede implicarle a él. En 2004 fue a dar al hospital, luego que un cliente perdiera 200,000 pesos cuando unos bonos subieron de valor 2%. “En algún momento pensé que me iba a dar un infarto y fui al hospital”, cuenta; “estaba viendo Bloomberg todo el tiempo, me había vuelto adicto”.

A esta condición se le conoce como hipervigilancia, dice Miriam Soffer, del Hospital Ángeles en la Ciudad de México. Es un estado en el cual la persona se enfoca en eventos que está fuera de su alcance resolver.

La adicción a las noticias es un peligro del cual los asesores están muy conscientes. “Hay demasiada información ahí fuera”, comenta Ortiz, de ING. “Una recomendación que doy es limitar las fuentes de información a tres o cuatro de alta confiabilidad”.

Difícil evadir la avalancha. Las noticias de CNN están a la vista en la pantalla que viaja con los elevadores de la Torre Mayor, donde están las oficinas de Ixe y otras financieras. Todos los ojos están absortos en la pantalla, durante el traslado. El presidente de Ecuador dice que no va a pagar deudas ‘ilegales’ y un hombre de pie junto al panel de botones, menea la cabeza y suspira. La Bolsa de EU cayó 500 puntos durante una de las entrevistas para este reportaje. Una máscara de derrota se instaló sobre todas las caras en esa oficina; como cuando la selección pierde un partido.

“No creas que sólo es cuando la Bolsa baja que uno se siente mal, también cuando sube con 500 puntos, piensas ‘¿por qué no lo preví?’”, comenta Andrea T., una asesora joven y energética. Ella suele darle salida a la presión haciendo deporte. Pero un día rompió a llorar cuando hacía abdominales y vio la pantalla con información de Bloomberg en el Centro Deportivo Chapultepec, en el DF.

Para los asesores, la relación con los clientes es muy importante. No sólo en términos personales. Pero también porque los clientes suelen ser más leales al ejecutivo que a la empresa para la cual trabaja, y pueden seguirlo a donde vaya, si cambia de compañía, dicen observadores. Y la lealtad suele ser mutua. Durante el desarrollo de la crisis, los asesores recibieron llamadas de clientes que estaban fuera de sus casillas; “no me dejaba ni hablar”, cuenta uno de ellos.

“Recién entré con un cliente, con quien tengo muchos años y de quien sé que me aprecia y me tiene mucho cariño, pero estaba muy molesto”, narra Gabriela N., una ejecutiva con 18 años en asesoría financiera. En momentos así, su tarea es conducir con sutileza al cliente, de la exaltación a la serenidad, para pensar juntos en estrategias. “Al fin le dije: ‘cuando tienes una crisis en la relación con tu esposa, ¿pides el divorcio?, ¿no analizas primero las cosas?’”.

La fisonomía del estrés
Estas crisis y el alud de información también pueden causar insomnio, que a su vez tiene muchas repercusiones físicas y mentales.

“Nunca hemos tenido tantas noticias que caen en fin de semana”, dice Suárez, de Actinver. “Yo intento desligarme en lo posible los fines y en las noches”. Los despidos masivos en empresas como HSBC y Banamex no han ayudado al ambiente entre los asesores. No sólo temen por el dinero de sus clientes, algunos además temen perder el trabajo.

“No hay nada más que hacer que agarrarse de la silla”, comenta Suárez. “Sabes que ahí fuera hay gente quizás más talentosa que tú, dispuesta a hacer el mismo trabajo por menos dinero”.

La suma de presiones ha dejado una huella visible, incluso en el físico de las personas. “Un día salí con ronchas de la nada”, platica Gabriela N. “Una persona del sector financiero que entró a la clínica había perdido sus cejas y pestañas”, dice Soffer, del Hospital Ángeles.

Las familias también llevan su parte. Marcela D. no lleva sólo la carga propia, que se acumula en su cuello y le provoca dolores de cabeza. También carga con la de su esposo, asesor en otra casa de bolsa. “Él está extático cuando los mercados suben; cuando bajan, está muy deprimido. Se nota mucho el efecto de los mercados en su humor”, cuenta.

Además de ser una crisis económica, esta situación es vista en el sector como una ocasión para hacer una depuración de clientes que no debían ser inversionistas, y de asesores que no debían ser asesores. Pero, al mismo tiempo, los protagonistas lo ven como una experiencia que tendrá gran valor curricular en el largo plazo. “Estoy muy consciente de que vivimos un cambio sistemático de largo plazo, y eso es emocionante”, comenta Andrea T.

Dicen que durante las crisis se construyen las grandes fortunas, pero es innegable que el costo que va a cobrar en todas las esferas será muy alto. Los asesores de inversiones quizá son los primeros en resentirlo, pero, lamentablemente, no serán los últimos.

 

BAJO FUEGO

El lunes 26 de octubre de 1987, Arthur Kane entró a las oficinas de Merrill Lynch en Miami, y asesinó al gerente de la sucursal e hirió a su asesor. Habían pasado pocos días del más grave desplome de la Bolsa de Nueva York.

“Afortunadamente, la baja del mercado de valores mexicano no ha hecho que ningún inversionista tome la actitud del señor Kane”, publicó Expansión poco después.

Pero esa crisis se propagó a México, que vivía el mejor de sus años con la Bolsa. Cientos de miles de personas habían llevado su dinero de los bancos, a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) y recién egresados de la universidad se fogueaban como asesores. “Entre los analistas hubo pánico e histeria. Algunos arrojaban ceniceros, cuadros, cuadernos, víctimas del nerviosismo”, publicó Expansión el 25 de noviembre. “(Hubo) una gran inmadurez de los inversionistas, que sin elementos de juicio, tomaron decisiones alarmistas”, declaró el director de la BMV, Mario Segura. Tras la crisis, los inversionistas volvieron masivamente a la banca y los asesores se quedaron en la BMV. “Tras la desilusión y traer cara de funeral, uno de los ‘yuppies’ consultados ha vuelto a sonreír”, publicó Expansión. “Dispuesto a aguantarse con las mismas corbatas Hermès, los mismos mocasines Florsheim (…) los jóvenes ejecutivos han aprendido la lección”.

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