Mentes brillantes

Luis Miguel González señala que los superdotados pueden hacer la diferencia; el director editorial de Público Milenio Guadalajara dice que son menos de 3% de la población.
graduado
Luis Miguel González

Corea del Sur lo sabe. Tiene una Ley para detección y desarrollo de estudiantes con potencial extraordinario. Según se mire, se trata de un programa de educación especial o de una forma visionaria de entender la política económica.

Seúl incluyó el desarrollo de los superdotados en su programa estratégico de largo plazo. Se preocupa por detectar sus mentes brillantes en la infancia y les ofrece posibilidades de desarrollo en ciencia y matemáticas. Tiene escuelas especiales, programas extracurriculares, cibereducación y programas de aceleración y enriquecimiento de habilidades.

Parece ciencia ficción, pero es sentido común aplicado. El capital humano es uno de los principales factores de competitividad en el mundo. En esa competencia resulta fundamental la pequeñísima parte de la población que tiene un iq superior a 130 o habilidades cualitativas excepcionales.

Cultivarlos es una genialidad. No hacerlo es una insensatez. México es un ejemplo de lo segundo. Expertos calculan que 2.2% de la población cae en ese grupo de ‘privilegiados’.

Esto significa que hay cerca de 2.5 millones de personas superdotadas o talentosas en nuestro país. No tenemos un programa nacional para ellos. La atención es marginal y alcanza a 0.6% de la población de los superdotados, calcula Antonio Rada, presidente de Telegenio, una asociación civil que ha pugnado por despertar la conciencia sobre la situación.

Asumimos que ellos son tan brillantes que se abrirán camino solos. En la mayoría de los casos no ocurre así. De 715,920 niños que deberían recibir atención especial, sólo 4,893 la tienen, según un documento del Senado de la República.

Tener un alto iq o un gran potencial en el uso del lenguaje, matemáticas o comprensión de conceptos abstractos no garantiza nada. El no desarrollar el potencial puede provocar severos problemas de adaptación social. Hemos dejado al azar el desarrollo de ese potencial. De este modo, desperdiciamos uno de los recursos más escasos y valiosos.

“Si encontráramos la forma de aprovechar su potencial, tendríamos algo más importante que las reservas petroleras”, dice Roberto Newell, del Instituto Mexicano para la Competitividad. No lo hemos encontrado.

Hay algunos casos interesantes en Morelos, Nuevo León, Jalisco y el Distrito Federal, pero son casos aislados. Golondrinas que no han hecho verano.

Los hubiera sí existen. Si México estuviera desarrollando la mitad de gente con talentos especiales o superdotados, habríamos dejado atrás las magras cifras en innovación y patentes.

Producimos 193 veces menos patentes que Corea. Cada millón de mexicanos gestiona cinco patentes por año. El promedio mundial es 148, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.

La definición de gente con talento y superdotada incluye a los que superan la marca de 130 en el coeficiente intelectual y aquellos con potencial extraordinario en una de las siete categorías de inteligencia que definió Howard Gardner, de la Universidad de Harvard: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, kinestésica, intrapersonal e interpersonal. No son los X Men de la tira cómica, pero sí demandan soluciones a su circunstancia.

En agosto de 2007, el presidente Felipe Calderón prometió la creación de un fondo especial. En noviembre del año pasado se aprobó una iniciativa para modificar la Ley General de Educación y comprometer a las autoridades en el desarrollo del talento. El problema es que EU trabaja en eso desde 1958 y otros países llevan más de una década: Holanda, Alemania, Francia, Canadá y Japón, entre otros.

La preocupación por el talento sí existe en México, pero quizá está en el lugar equivocado. Los equipos de futbol sí tienen un sistema de scouts para encontrar y desarrollar al próximo Hugo Sánchez. Las televisoras son hiperactivas para localizar a la sucesora de Bárbara Mori o Alejandro Fernández. No hay nada parecido a ‘La Academia’ para la ciencia básica. La comparación parece ridícula, pero sirve para ilustrar nuestras prioridades: deporte, belleza y celebridades.

Luis Miguel González es director editorial de Público / Milenio

 

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