Medios a la francesa

Luis Miguel González cuestiona que el gobierno mexicano no rescate a la prensa como en Francia; el director editorial de Público Milenio Guadalajara aplaude que Sarkozy invierta 600 mde al sector.
Prensa en Francia  (Foto: CNN)
Luis Miguel González

Francia se convirtió en el primer país en lanzar un programa gubernamental de rescate para la prensa. Todos los jóvenes que cumplan 18 años recibirán sin costo una suscripción del periódico de su preferencia. Los grupos editores de diarios tendrán exenciones fiscales y habrá un subsidio de 62 millones de euros para financiar el reparto a domicilio de los diarios. Se duplicará el gasto publicitario del Estado y se subvencionarán las inversiones de reconversión tecnológica. Habrá recursos públicos para las ediciones on line.

El gobierno de Nicolás Sarkozy invertirá 600 millones de euros, a razón de 200 millones en cada uno de los próximos tres años. Pretende salvar los 100,000 empleos del sector y volver a hacer rentables a las compañías que producen los diarios. Se trata de una industria estratégica, afirma el mandatario francés. Su plan reconoce la particularidad de los medios impresos. Se refiere a ellos como si fueran parte del sector cultural. También los coloca en el mapa de las industrias emproblemadas, como la automotriz o la siderurgia.

¿Estamos ante un plan visionario que, eventualmente, se extenderá a otros países o es una ocurrencia que da cuenta de la excentricidad francesa?

Quizá sean las dos cosas. El hecho es que el modelo tradicional de negocios de los periódicos está agotado y las respuestas que han salido desde la industria no son proporcionales al tamaño de los problemas que enfrenta.

No se trata de una crisis de lectores. Nunca antes los diarios habían tenido tantos. La caída en ejemplares vendidos ha sido compensada con el número de visitas a sus sitios web.

La bola de kriptonita está en los ingresos. Los diarios habían descansado en un tripié: venta de ejemplares, colocación de suscripciones y publicidad. Los dos primeros se están secando, al tiempo que crece la cauda de los ingresos por publicidad. El problema es cuantitativo y cualitativo. La reducción del número de lectores que pagan por leer los contenidos del periódico merma los ingresos y aumenta la dependencia de los diarios con respecto a los anunciantes. Esto es un caldo de cultivo ideal para propiciar una actitud más complaciente hacia los patrocinios publicitarios y menos sensible a las necesidades de los lectores.

Estamos llegando a un punto en el que los periódicos casi pagan por aumentar o conservar el número de sus lectores o audiencia. David Carr, de The New York Times, propone buscar la forma de regresar a la lectura pagada. Walter Isaacson, de Time, se refiere a algo parecido al iTunes, donde cada artículo se podría comprar por una cantidad ínfima y liquidar mediante un procedimiento electrónico muy sencillo.

El reto es reinventar una industria que ha cambiado mucho menos de lo que requiere para sobrevivir. No bastarán los recortes en las salas de redacción y los esfuerzos de producción multimedia. El talón de Aquiles está en la generación de ingresos.

El modelo francés utiliza el presupuesto público para romper el círculo vicioso. La propuesta de David Carr y Walter Isaacson implica un pacto entre las empresas del sector: un acuerdo entre los principales grupos de cada país para detener la tendencia a regalar los contenidos, en espera de recuperar los costos vía publicidad.

La revisión de los detalles del plan Sarkozy nos lleva a una inevitable comparación con el caso mexicano. Para sorpresa de muchos, abundan las semejanzas. Esta industria en Francia ha estado marcada por una historia de fuerte intervención gubernamental. Está en manos de grandes corporativos o empresarios, muy conectados con el poder político. Sus esquemas de producción y distribución son rígidos, en buena medida, por la poca flexibilidad de los sindicatos.

El gobierno francés será un factor clave para definir la supervivencia de su industria periodística. El mexicano también. La diferencia es que allá habrá un programa público de rescate y aquí habrá compras discrecionales que servirán para escoger ganadores y perdedores. Alcaldes, gobernadores y gobierno federal serán los señores del papel, la tinta y la web.

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Luis Miguel González es director editorial de Público Milenio / Guadalajara.

 

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