México paga poco por cuidar los bosques

Ejidatarios reciben 330 pesos por hectárea al año por prestar sus servicios de protección ambiental; la administración de entidades federativas y el apoyo empresarial fomentan la preservación.
preservacion  (Foto: Sergio Velasco)
René Valencia
GUADALAJARA -

Dos días a la semana, el campesino Eduviges Velázquez Sandoval recorre trechos de las 3,000 hectáreas de bosque que posee colectivamente en la Reserva de la Biosfera de Manantlán. Vigila que no talen árboles los leñadores clandestinos o miembros de su misma comunidad. “Poco a poco te vas dando cuenta de la importancia del cuidado del medio ambiente”, dice Velázquez, presidente de bienes comunales de la comunidad de Zacualpan, en Colima.

En esta sierra, como en tantas partes del país, ganarle tierra al bosque ha sido una práctica habitual por muchísimos años. Ahora, algunos esfuerzos, públicos y privados, buscan cambiar esto y hacer que les convenga más conservar que devastar. Velázquez y su comunidad reciben un ‘pago de servicios ambientales’, como parte del programa ProÁrbol del gobierno federal. Algunas empresas en Oaxaca ya pagan un importe a comunidades por conservar.

Estas iniciativas lo que buscan es desarrollar un ‘mercado’ de servicios ambientales, un concepto todavía polémico. Hay quienes afirman que el gobierno es el único obligado a financiar la conservación, y otros consideran que ésta es obligación de los beneficiarios directos, como los usuarios de agua, las personas que disfrutan de la belleza escénica.

El programa federal tiene dos etapas. En la primera, otorga a los propietarios de bosques y selvas, 340 pesos por hectárea al año para financiar labores de conservación. Unas 1,000 de las 3,000 hectáreas de la comunidad de Zacualpan están en el programa. Eduviges Velázquez y sus compañeros reciben al año 340,000 pesos para compra de equipo y pago del mantenimiento de brechas contra fuego y la vigilancia.

En una segunda fase, que dura cinco años, los propietarios contratarán a un asesor aprobado por la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) para elaborar un plan de conservación y para desarrollar proyectos de venta de los servicios ambientales.

Estos proyectos tendrían que garantizar el financiamiento de la conservación a largo plazo. “El objetivo es que sean autosuficientes para que ProÁrbol pueda irse retirando”, afirma Leonel Iglesias Gutiérrez, gerente de Servicios Ambientales de la CONAFOR.

Las opciones de venta de servicios ambientales van desde el cobro a operadoras municipales de agua potable para mantener el bosque donde está la fuente del líquido, pasando por la venta de captura de carbono y el ecoturismo.

La CONAFOR canalizó 1,010 millones de pesos (MDP) para medio millón de hectáreas en 2008. En total hay 1.8 millones de hectáreas en el programa; casi cuatro veces más que las que se pierden en la tala cada año.

El Banco Mundial y el Fondo Mundial para el Medio Ambiente han prestado, desde 2006, 60 MDD al programa. La mayor apuesta de la CONAFOR es atraer a empresas de países desarrollados que pueden compensar sus emisiones de dióxido de carbono (CO2) financiando la conservación.

En Coatepec, Veracruz, y en Saltillo, Coahuila, el organismo que suministra el agua potable ya paga por proteger el ecosistema del que se surte. “Queremos detonar los mercados locales y no es fácil, hay que convencer a alguien que pague y serían la comunidad, los hoteleros, los empresarios”, afirma Iglesias.

La organización Pronatura impulsa otro modelo. Bajo este esquema, una compañía paga a la comunidad para que conserve el bosque y así compensar por sus emisiones de CO2. En 2008, una veintena de empresas se sometió a una medición de sus emisiones de carbono por parte de Pronatura y pagaron, en total, 200,000 dólares a 10 comunidades en Oaxaca.

Las compañías pagaron 36.66 dólares por tonelada del gas, por encima del precio internacional, que va de 3.2 a 5.4 dólares. “La comunidad que vende se compromete a entregar la factura con su desglose al que compra. Es la primera vez en México y en el mundo”, señala José Antonio Ordóñez, director adjunto del programa de Cambio Climático de Pronatura México.

En 2008 participaron, entre otras, Farmacias Chinoin, que tiene una planta de producción en Aguascalientes y cuyo presidente, Eric Hagsater, es un reconocido experto en orquídeas. “Fue la primera empresa que neutralizó completamente sus emisiones”, dice Ordóñez. “Otra compañía que vende productos orgánicos, Ben & Jerry’s, se dio cuenta de que utilizaba refrigeradores y vehículos con gasolina; no podía ir en contradicción con sus principios y neutralizó todas sus emisiones”. La productora Lemon Films logró así que su película Navidad SA fuese la primera neutra en CO2.

Es muy pronto para saber en qué medida estos modelos ayudarán a asegurar la conservación. Una de las críticas al programa público se refiere al monto que paga por hectárea conservada. “Es cuestionable el mensaje que envía a los propietarios forestales, que el servicio ambiental vale 330 pesos por hectárea por año, y todos sabemos que es más elevado”, dice Olivier Robert, consultor que asesora a los ejidatarios del Bosque de la Primavera, en Jalisco.

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Un estudio hecho ahí en 2008 reveló que el costo de mantener el bosque, incluyendo inversiones para hacerlo autosustentable en el largo plazo, no sería inferior a 1,500 pesos por hectárea. Además, los observadores temen que el gobierno no pueda sostener este financiamiento.

Por eso, Pronatura considera necesario abrir la puerta a los mercados. “Estamos viendo que lo único que falta es abrir el mercado que se necesita, porque los subsidios no van a alcanzar”, dice Ordóñez. Para el comunero Eduviges Velázquez, falta mucho para asegurar la vida del bosque donde vive. Su comunidad está presionando para que las ciudades de Colima y Villa de Álvarez, que toman agua de su ecosistema, les paguen por la conservación.

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