La Cofetel tiene ‘comisionado incómodo’

Al economista Rafael del Villar se le ubica como ‘adversario’ de Telmex por su postura de regulador; impetuoso, lo mismo se planta ante Slim y se ampara ante el Congreso que practica el voluntariado.
Rafael del Villar  (Foto: Adán Gutiérrez)
Leonardo Peralta

“¿Están seguros de que quieren postularme?”, preguntó Del Villar. “Ya me conocen, conocen mis posturas y sólo les pido que no jueguen conmigo”, dijo el experto en temas de competencia y telecomunicaciones. Pasaron algunas semanas hasta que fue convocado para comparecer el 31 de mayo de ese año ante la Comisión Permanente del Congreso y ser evaluado junto con los otros tres candidatos: Gonzalo Martínez Pous, Julio Di-Bella y José Luis Peralta.

Del Villar ofreció elaborar un nuevo reglamento de la Cofetel y resolver el tema de la interconexión, pero las bancadas del PRI, PRD y Convergencia vetaron su nombramiento y el de los otros candidatos. Según el Diario de los Debates de ese día, los legisladores de la oposición objetaron a los nominados del presidente Fox en represalia por la aprobación en 2005 de cambios polémicos al marco legal de las telecomunicaciones, que la prensa bautizó como la Ley Televisa.

Antes, tras el veto de un funcionario público por el Congreso, el problema se resolvía con la postulación de otro candidato. Pero Del Villar se amparó contra la decisión del Legislativo, junto con Martínez Pous. Y lo hizo sin la anuencia del Presidente. Ramón Muñoz les pidió que se desistieran, a lo que ambos se negaron. “Yo le pedí hablar con el presidente Fox, pero esa conversación no tuvo lugar nunca”, comenta Del Villar, quien llevó su caso de amparo ante la Suprema Corte, lo ganó y fue restituido en la Cofetel.

Economista formado en universidades de México y EU, Del Villar ha dedicado parte de su vida como funcionario público a impulsar mejores condiciones de competencia en el sector. Lo mismo puede plantarse ante Carlos Slim, dueño de Telmex, que tomarse el tiempo para hacer trabajo voluntario llevando ropa y alimento a los niños de la calle. Desde la Cofetel, ayudará a perfilar el futuro del sector de las telecomunicaciones.

Entre la academia y el servicio público
Hijo de un ex embajador y miembro de una familia de abogados y jueces, su inclinación por los temas económicos le surgió desde pequeño: “Siempre tuve una fascinación por conocer el precio de los objetos”. Aunque al momento de elegir carrera, en 1977, pensó en varias opciones (le gustaba la sociología y la filosofía) se decidió por la economía.

Durante sus estudios profesionales –licenciatura en el ITAM, estudios de derecho en la UNAM y posgrado en la Universidad de Pensilvania–, Del Villar encontró dos de sus pasiones intelectuales: la teoría de juegos, que aprendió en EU al colaborar con uno de sus creadores, Ariel Rubinstein, y la microeconomía en organización industrial, que se refiere a la nivelación de los agentes económicos para maximizar la producción y la distribución de riqueza.

Del Villar pudo haber sido un apacible profesor de economía en la Universidad Texas A&M, pero una serie de coincidencias lo trajeron de vuelta a México como profesor invitado en su alma máter, el ITAM. Su estancia duró poco, pues a finales de 1991 el entonces canciller, Fernando Solana, lo invitó para ocuparse de los asuntos económicos en la embajada mexicana en Francia y gestionar el ingreso de México a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En 1993 volvió a la academia como director del Centro de Estudios de Competitividad del ITAM.

“Sus inquietudes rondaban temas de competencia y regulación. Era un profesor exigente pero muy agradable y una persona sincera”, recuerda David Muñoz, colaborador de Del Villar en aquella época y hoy catedrático del ITAM.

Desde entonces, se notaba que tenía más aspiraciones. “Creo que estaba interesado en participar en la vida pública. Por eso se concentró en cuestiones de competitividad”, añade el académico del ITAM.

En 1993, con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en puerta, el gobierno de Carlos Salinas creó la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) y su titular, Santiago Levy, invitó a Rafael del Villar para hacerse cargo de la Dirección de Estudios Económicos, donde se enfocó en las telecomunicaciones y el sector financiero.

Allí colaboró con un equipo intergubernamental en la Resolución sobre el Plan de Interconexión con Redes Públicas de Larga Distancia, publicada en junio de 1994 y que establecía las condiciones para que otras empresas pudieran conectarse con la red de Telmex, hasta entonces la única autorizada para operar el servicio de larga distancia.

En febrero de 1995, en el gobierno de Ernesto Zedillo, Del Villar ocupó la Dirección General de Política de Telecomunicaciones de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT). Su misión era preparar la actualización de la Ley Federal de Telecomunicaciones, que databa de los años 30.

Pero pronto, el ímpetu de Del Villar chocó con la resistencia del gobierno. “Parecía posible abrir el sector telecomunicaciones, pero a inicios de 1996 hay un descontento muy grande, principalmente de Teléfonos de México; hay un giro en la política y se frena la emisión del reglamento del Plan de Interconexión”, afirma Del Villar. Este documento fue publicado 13 años después –en 2009– con la oposición de Telmex y otros operadores.

No sólo se vio imposibilitado de publicar el reglamento de interconexión. Había elaborado también un proyecto de Ley Federal de Telecomunicaciones que desde entonces daba origen a la Cofetel, pero fue modificado por otros agentes, a quienes declina identificar.

“En el proyecto, el borrador quitó el tema Cofetel y su capitulado –que incluía capacidad regulatoria y autonomía técnica para el organismo– quedó reducido a un artículo transitorio que dejó a la Comisión sin atribuciones claras”, explica. Para abril de 1996, abandonó la SCT.

Ese año, Del Villar volvió al trabajo académico. Se incorporó como investigador económico del Banco de México, a invitación del entonces director de Investigación Económica del banco central, Agustín Carstens. Ahí permanecería casi 10 años, un periodo al que califica como “muy productivo”.

Durante su estancia en Banxico, Del Villar trabajó en proyectos como la creación del Costo Anual Total (CAT), y en un arbitraje sobre el sistema de cobro que los bancos hacen a la Secretaría de Hacienda por el uso de su infraestructura para recibir impuestos, un trabajo encargado por el titular del ramo, Francisco Gil Díaz, en el gobierno de Fox.

En esa época, Del Villar desarrolló una faceta poco conocida que contrasta con su papel como regulador. Gracias a una prima suya, él y su esposa Hilda se entregaron al trabajo voluntario en México con las Misioneras de la Caridad, fundada por la Madre Teresa de Calcuta.

Su contacto con las Misioneras le causó un gran impacto. “A ellas no les importa la política ni el poder. No les importa si tienen o no comida mañana. Lo pequeño es grande, como economista le digo que no todo es material”, afirma.

Reunión en Los Pinos y de vuelta a Cofetel

Su estancia en Banxico terminó en 2006, luego de la invitación accidentada a formar parte de la Cofetel. El amparo parecía una medida audaz e impulsiva, pero Rafael del Villar consultó su decisión con el equipo del entonces candidato presidencial Felipe Calderón. Buscó a Eduardo Sojo, ex secretario de Economía, a quien conocía de su época de estudiante. “Él me dijo, tú no tienes ningún problema”. Con la luz verde del equipo calderonista, trámitó el amparo contra el veto del Congreso, apoyado por el despacho jurídico de Martínez Pous.

Mientras pasaron las elecciones y el recurso de amparo siguió su camino judicial, Del Villar siguió en Banxico como investigador con licencia. Una vez electo Calderón, Luis Téllez, a quien conocía desde el Colegio Alemán, lo buscó para ofrecerle el puesto de subsecretario de Telecomunicaciones en diciembre de 2006.

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De vuelta en la SCT, asumió dos misiones: “Que al Estado no le metieran goles” y revisar el título de concesión de Telmex, para que ésta pudiera ofrecer el servicio de televisión a través de su red. Era la zanahoria para que la empresa de Carlos Slim se sujetara a nuevas condiciones de competencia en materia de interconexión y sistema de cobros.

Del Villar presentó esta propuesta al propio Slim, en una reunión privada celebrada en la residencia oficial de Los Pinos en marzo de 2008, en la que estuvieron presentes el presidente Calderón, el secretario de Comunicaciones Luis Téllez y el primer círculo de colaboradores del magnate, compuesto por su hijo Carlos, su sobrino Héctor Slim y sus yernos Daniel Hajj y Arturo Elías.

“Vamos a dejarte entrar a televisión, Carlos Slim, pero primero tenemos que acordar una serie de condiciones”, dijo contundentemente Del Villar, según relató él mismo a la revista The New Yorker.

Las condiciones del gobierno eran establecer tarifas de interconexión, eliminar los dobles cobros en llamadas de larga distancia y permitir el acceso de terceros a cierta infraestructura de Telmex, dice el comisionado a Expansión.

“Buscábamos crear un entorno de sana competencia y las políticas del Ejecutivo eran ésas. A cambio de eso no había inconveniente de modificar el título de concesión de Telmex”, añade. “Slim se defendió diciendo que las tarifas eran correctas y que estaba dispuesto a bajar el costo de la activación del servicio”. La reunión se extendió por más de dos horas, incluso se caldearon los ánimos; al final, no hubo acuerdo.

Tres meses después, en junio de 2008, la Suprema Corte convalidó el amparo interpuesto por Del Villar y Martínez Pous, y ambos fueron ratificados en sus puestos como comisionados en la Cofetel, el 2 de septiembre pasado.

Hoy, sobre su escritorio, hay asuntos urgentes: la inminente licitación de frecuencias de espectro radioeléctrico anunciada por la SCT; el must carry, que obliga a las cableras a ofrecer los canales locales de televisión abierta y los litigios derivados de la publicación, el pasado febrero, del Plan Técnico Fundamental de Interconexión e Inoperabilidad, que hizo que empresas como Telmex, Telefónica y Axtel interpusieran recursos legales para rebatir temas como el esquema de cuotas de interconexión o la validez de dicho plan que en un boletín de Telmex es considerado “como un reglamento expropiatorio”.

Estos temas han colocado a Del Villar en la percepción de ‘adversario’ de Telmex y ‘aliado’ de sus competidores. Expansión solicitó comentarios sobre Del Villar a Telmex y Telefónica, pero ninguna contestó a las peticiones.

“Aquí no es un juego de malos y buenos. Es un juego de pesos y contrapesos. ¿Qué es lo que tenemos que hacer nosotros? Crear esos contrapesos”, revira el funcionario. “Yo le dije a Televisa que íbamos a impulsar el must carry. Televisa no la quiere por nada del mundo, aunque es una política muy importante para el país”.

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Habla también de su relación con Francisco Gil Díaz y Telefónica, con quien se dice mantiene una cercanía: “Es un economista destacado, a quien respeto, pero tengo muy claro que Telefónica es una empresa que le encantaría estar en el papel de Telmex y hacer lo mismo que Telmex. ¿Quién se amparó contra el plan de interconexión? ¡Telefónica! Yo no tengo interés en caerle bien a Telefónica ni a nadie”.

Rafael del Villar vive intensamente su papel como regulador, aunque añora la época en que dedicaba tiempo a las Misioneras de la Caridad. “Si me lo piden, ahí estaré”.

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