La Luna ya no es lo que era

Luis Miguel González considera que la explotación comercial opacó el entusiasmo por la era espacial; calcula que a 40 años de la llegada del hombre a la Luna esa industria vale 250,000 mdd anuales.
Luna  (Foto: Especial)
Luis Miguel González

“The Eagle has landed”, las palabras resonaron en bocinas llenas de estática. Era el 20 de julio de 1969 y todos tenían su cabeza en la Luna. El Apolo 11 había aterrizado en el Mar de la Tranquilidad y los televisores mostraban, en blanco y negro, la imagen de Neil Armstrong caminando en la Luna.

“Éste es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”, dijo el astronauta. Acababa de ocurrir el acto de exploración más audaz en la historia del hombre, y daba motivos para soñar en un futuro que incluía viajes al espacio y contacto con otras galaxias.

Yo nací en la década de los 70 y viví parte de esos sueños y envidiaba a mis compañeros que habían ido a visitar la NASA en Houston. Una de cada 10 casas tenía una perrita que se llamaba Laika y los niños hablaban de los cosmonautas como ahora se habla de la alineación del Real Madrid.

En estos días se cumplen 40 años de la hazaña del Apolo 11 y es difícil comunicar a los menores el entusiasmo que la era espacial despertaba en mi generación. Estamos en julio de 2009 y resulta que el futuro no es lo que era. La carrera espacial evolucionó hasta convertirse en una industria que tiene más que ver con el magnate Carlos Slim que con el vulcano Mr Spock.

La era de los moonwalkers duró cuatro años y se acabó en 1972. Los estadounidenses Gene Cernan y Jack Schmitt fueron los últimos hombres en caminar en la Luna, en diciembre de 1972. Los viajes a la Luna fueron cancelados, dicen los expertos, porque habían cumplido su propósito de desplegar la superioridad de EU en el periodo de la Guerra Fría frente a la Unión Soviética. En esos años, el presupuesto espacial se llevaba alrededor de 5% del presupuesto del gobierno de EU. El proyecto Apolo tuvo un costo de 24,000 MDD de la década de los 70. En cifras actuales equivaldría a 1 billón de dólares (un millón de millones).

El final de la era de los Apolo no significó el abandono de los viajes espaciales, sino su transformación. Los objetivos geopolíticos cedieron paso a una mezcla de intereses de los sectores público y privado. Las naves buscan el infinito para apoyar los esfuerzos de la industria de las telecomunicaciones, en toda la gama de usos militares, civiles y comerciales.

Los conocedores hablan de industria espacial para referirse al conjunto de proveedores de bienes y servicios que generan valor a través de la exploración y la explotación del espacio. Distinguen entre actividades realizadas en la Tierra, como la construcción de cohetes y satélites que se pondrán en órbita, con tareas que eventualmente se harán en el espacio, como la manufactura.

Esta industria vale 250,000 MDD anuales (0.5% del PIB mundial). Se ha vuelto imprescindible para la televisión directa y el funcionamiento de los GPS. De la industria espacial dependen, también, el desarrollo de la prevención de desastres y la meteorología del siglo XXI.

Para México, la economía espacial sigue siendo parte del territorio de la ciencia ficción, pero una decena de países de la OCDE tienen industrias espaciales desarrolladas. Es lógico, un estudio de la OCDE (Space at a glance, de Claire Jolli y Gohar Razi) calcula el efecto multiplicador de las inversiones en satélites: 5,000 MDD generaron 100,000 MDD.

El futuro de la industria de viajes espaciales es casi infinito. Ahora, en esta era, está de moda el turismo al espacio, una actividad que nació en 2001 cuando el ruso Dennis Tito pagó 20 millones de dólares por convertirse en el primer civil en viajar al cosmos. Pasó una semana en una estación espacial.

Diversas empresas, entre ellas, la británica Virgin, han puesto a la venta paquetes de viajes espaciales por 200,000 dólares. Esto es el principio de una masificación de los viajes y de otra era. Habrá minería, publicidad y funerales espaciales.

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Isaac Asimov y Arthur C. Clarke ya lo habían imaginado, pero dedicaron poco tiempo a imaginar los detalles comerciales. Han pasado 40 años desde el alunizaje del Apolo 11 y la Luna ha dejado de ser lo que era.

El autor es director editorial del diario El Economista.
Comentarios: opinion@expansion.com.mx

 

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