Recortes y ‘vacas flacas’ para el 2010

Jorge Romero León explica que Hacienda debe elaborar cálculos realistas de los ingresos públicos; el director de Fundar ve imperativo precisar las prioridades del gasto para impulsar el crecimiento.
pobreza  (Foto: Cortesía SXC)
Jorge Romero León

El pasado 23 de julio la Secretaría de Hacienda anunció un recorte de 50,000 millones de pesos (MDP) al presupuesto 2009 confirmando lo que especialistas suponen desde hace meses: la recesión económica es severa y afectará sensiblemente las previsiones de ingreso de este año y del siguiente. Al recaudar menos –y en 2009 se ha recaudado mucho menos– es lógico que el gobierno tenga que ajustar el gasto.

El anuncio confirma que ya es tiempo de ‘vacas flacas’ para nuestros gobiernos, incluido el federal y los estatales. Las circunstancias los obligan, al igual que a todos nosotros, a definir prioridades. Por lo pronto, el recorte afectará directamente la inversión, al posponerse proyectos por unos 12,000 MDP. El recorte también ajusta el gasto corriente y da continuidad al programa de austeridad anunciado en junio, con ahorros por 35,000 MDP más. Ambos recortes representan apenas 3% del presupuesto, pero simbólicamente significan un viraje mayor, ya que Hacienda reconoce el impacto de la menor recaudación sobre sus previsiones de gasto (hasta hace unos meses insistió en que no haría recortes). Una vez que ha enfrentado la realidad, ¿qué sigue?

En primer lugar, precisar las prioridades del gasto, que no están claramente definidas ni en el presupuesto ni en los recortes. Después de las elecciones del 5 de julio es evidente que las decisiones tendrán que contar con el aval de varias fuerzas políticas, sobre todo del PRI. El enfoque de la nueva mayoría legislativa parece orientarse hacia una redefinición de las estrategias de impulso a la economía y del gasto social; pero están por definirse los términos de la discusión, y nadie sabe a cuánto ascenderán los recursos disponibles.

La incertidumbre en cuanto al monto de ingresos y recursos disponibles deriva de que las previsiones de Hacienda son poco confiables. El Congreso, a su vez, no ha sabido o no ha podido contrastar las previsiones de Hacienda con sus propios cálculos; y a las previsiones del sector privado, por lo general más acertadas, nadie les hace caso durante la discusión presupuestaria. Baste recordar que para 2009 Hacienda previó un crecimiento de 1%, que ha sido ajustado drásticamente a la baja. En 2007 y 2008, el Congreso hizo comparecer a funcionarios de Hacienda para explicar las variaciones en las previsiones y en los ingresos de los estados. Hoy, nadie toma en serio la previsión de 3% que hizo el secretario Carstens.

La discusión sobre los cálculos de ingreso importa mucho, pues de ella depende el pastel a repartir. Si Hacienda calcula ingresos que a la postre resultan ser menores, es decir, si sobreestima los ingresos, también sobreestima el gasto y no tiene que discutir los ajustes con las fuerzas políticas en el Congreso. Puede recortar a discreción, como lo hace hoy. Si, en cambio, se parte de un cálculo realista de los ingresos, la discusión de alternativas y prioridades adquiere un cariz distinto. Si se confirma el peor de los escenarios, se tendrán que realizar ajustes por entre 200,000 y 300,000 MDP, algo que el gobierno no ha decidido hacer desde 1998.

A esta situación se suma el reto de impulsar eficazmente la economía ante una pronunciada recesión, y minimizar su impacto sobre la población más vulnerable. Los últimos resultados de la encuesta bianual de ingreso-gasto confirman un aumento de la pobreza en todos los frentes, con un incremento de 32% en la pobreza extrema aun antes de la crisis. Asusta pensar qué resultados arrojará la encuesta en 2010, cuando refleje la recesión que vivimos y una caída de 22% en las remesas. Asusta más que ni Hacienda ni las dependencias encargadas de la política contracíclica hayan acertado a definir con información validable cuáles son sus prioridades, dados los recortes anunciados en inversión.

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En suma, a la luz de la crisis las prioridades son dos: impulsar el crecimiento y combatir eficazmente la pobreza. Aunque estamos lejos de plasmar estas prioridades en pesos y centavos, la nueva legislatura debe comenzar por obligar al gobierno a producir información confiable, conducir una negociación realista, definir claramente las prioridades y dar cuenta de los resultados del gasto. Cualquier alternativa no es sólo fantasía, es profundamente irresponsable.

El autor es director ejecutivo de Fundar, Centro de Análisis e Investigación.
Para más información ver http://www.fundar.org.mx

 

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